Animal Político

‘El gobierno de Evo es cocalero y no de los obreros’

Simón Reyes - Simón Reyes es un histórico dirigente minero. Dice que en la actualidad la Central Obrera Boliviana ya no tiene la misma convocatoria de los años 70 u 80.

Simón Reyes.

Simón Reyes.

La Razón / Erick Ortega / La Paz

00:02 / 19 de agosto de 2012

El minero que lideró la Central Obrera Boliviana cree que la COB no tiene la  misma convocatoria de antaño, cuando podía movilizar a unos 27 mil mineros.  Dice que el Decreto Supremo 21060 fue   un golpe mortal para los trabajadores del subsuelo. Hubo quienes decían que los relocalizados se encargarían de generar más revolucionarios; pero sólo hubo desocupados. Por el momento, él cree     que el gobierno de Evo Morales es el   único que puede dar soluciones al país.

Aquel estribillo combativo de “sangre de minero, semilla de guerrillero” que gritaban a voz en cuello los trabajadores mineros en las masivas marchas de El Prado de La Paz... aquel grito subversivo hoy sólo evoca un suspiro y una sonrisa en Simón Reyes Rivera, uno de los máximos representantes del sindicalismo combativo de los años 70 y 80.

Él está débil ahora, arrastra problemas renales, cardíacos y hasta la vista le juega una mala pasada. Su cuerpo ha perdido el vigor con los años y con él pasa algo similar a lo que ha sucedido con el movimiento minero en el país. “No hay fuerza, ya no es lo mismo y vivimos otros tiempos. Para liderar de nuevo al movimiento obrero necesitaríamos los 27 mil trabajadores mineros que habían en los tiempos de bonanza de la Corporación Minera de Bolivia”.

La relocalización impuesta por el gobierno de Víctor Paz Estenssoro en 1985 fue un golpe mortal para el sindicalismo minero. Aún ahora, Simón (pese a los casi 80 años encima, él prefiere que se lo tutee) destila bronca contra la medida y los “traidores” de la época. Cuenta que incluso había dirigentes que decían “‘nos vamos a retirar y vamos a sembrar revolucionarios’, pero los sembradores y los revolucionarios están vendiendo baratijas en las calles”.

Después de todo, el minero es un trabajador especializado que lejos de su ambiente “natural” es difícil que obtenga otro trabajo lucrativo. Por eso dice que el Decreto 21060 es una de las peores medidas contra los mineros y que sus efectos destructivos ahora se ven en un movimiento obrero muy debilitado.

Reyes es de los que no agacha la cabeza y cree que la Central Obrera Boliviana (COB) no debe alinearse de forma militante al lado del Gobierno. Militante del Partido Comunista, valora que el Movimiento Al Socialismo (MAS) tenga postulados de izquierda.

Como al tarijeño sindicalista siempre le ha gustado el vino tinto y las cosas claras, explica que en este momento el MAS es la única opción viable para el país. Es más, en alguna elección anterior él ha votado por Evo Morales. “Pero no se confunda, eso no significa que el gobierno de Morales sea de los obreros. Está claro que es un gobierno de cocaleros. Ellos (los gobernantes) son cocaleros y nada más; no es la clase trabajadora la que se encuentra en el poder”.

Explica que existe una diferencia entre un líder que cultiva la hoja sagrada y un trabajador asalariado. Según esta lógica, un cocalero nunca va a poder entender a un obrero porque aquél es un pequeño propietario; en cambio, el obrero sólo es dueño de su fuerza de trabajo. En el trabajador coinciden personajes ligados a la teoría marxista que abraza Reyes; en cambio, el cocalero se relaciona con las leyes del mercado.

Pero cocaleros y trabajadores no tienen por qué ser enemigos. El viejo líder comenta que sí puede existir una convivencia pacífica entre ambos. En esta relación, la COB debe mantener su independencia e incluso apoyar algunas propuestas gubernamentales, pero nunca ceder a todo lo que se le coloca en la mesa de debate. “Creo que el gobierno de Morales comprende muy bien que no puede enfrentarse a la COB y a los obreros, porque ellos representan a los movimientos sociales”, entonces lo más conveniente es el diálogo entre las partes para lograr avances, por ejemplo en el tema salarial.

Cuenta que cuando él era dirigente, el diálogo era directamente con las autoridades presidenciales. Y si no se satisfacían sus demandas, se podía ejercer presión en las calles. Además, eran tiempos en  los que la democracia estaba en riesgo. Por colocarse en el bando de los trabajadores y contra los militares, él fue exiliado durante la época de Hugo Banzer Suárez, se enfrentó tenazmente a Paz Esten-ssoro y durante la matanza de San Juan (en los tiempos de René Barrientos) fue perseguido con saña.

Sugiere que ahora lo más importante es sentarse en la mesa de negociaciones y soltar las cartas con habilidad. Además, con el triunfo de la democracia, quedaron atrás aquellas reivindicaciones a rajatabla y que se defendían con las armas.

De eso sabe, y mucho, pero los años han cambiado y él mismo no quiere imaginar qué acciones lideraría si fuera dirigente en la actualidad. “Ahora son otros tiempos y creo que la COB está mal, pero no debido a sus dirigentes, sino que ha perdido la fuerza de los 27 mil mineros y también de los fabriles que antes apoyaban a la organización. En la actualidad, a las convocatorias sólo asisten los profesores del magisterio y los mineros de Huanuni. Éstos son los que ahora dan su respaldo a la COB”.

Cuatro años en la Empresa Minera Unificada de Potosí, dirigente del subsuelo y representante de los obreros hasta rozar los 70 años, dice que la COB no debe desaparecer.

Es optimista aún en estos momentos difíciles para los trabajadores mineros. Cree que los tiempos van a cambiar y que los mineros volverán a asumir un rol protagónico en la lucha por un futuro mejor para la sociedad.

Los únicos que pueden reencauzar a la dirigencia, según dice, son los mineros. “Eso lo sabían muy bien hace años y por eso, con la relocalización, hicieron que se vaya gran parte de la gente. Físicamente nos han diezmado. Cuando hablan de que la COB no convoca, se olvidan de que los mineros son pocos. Pero que no se olviden que es el sector más importante para la economía del país”.

Con la autoridad que le dan los años al frente de los obreros, Reyes propone que la dirigencia debe adecuarse a los nuevos tiempos y que la radicalidad no es la primera opción. Se ha vuelto en un enemigo de la frase “hasta las últimas consecuencias” y se niega a dar algún consejo a los futuros sindicalistas. Es más, comenta: yo no soy quien les ayude a conseguir respuestas a los problemas actuales.

Lo que sí recomienda es que los actuales líderes midan bien su capacidad para enfrentar los conflictos, porque es peligroso que éstos los rebasen. Es necesario evitar el desgaste en los trabajadores y también en sus cabecillas.

“Es un cuento esa amenaza de  ir hasta las últimas consecuencias. Además, yo no soy practicante de la huelga general indefinida porque es una medida suicida y el Gobierno puede hacer durar el conflicto y no se gana nada porque al final hay que suspenderla”.

En su tiempo, él tuvo que acatar la huelga general indefinida; sin embargo, vio que los resultados le jugaban en contra y por eso aprendió que lo mejor es medir las fuerzas y no buscar lo imposible.

Tampoco es partidario de los bloqueos carreteros. Aunque, dice, esa práctica no existía en el país y que Evo Morales fue uno de los primeros en ejercerla, ahora es algo que va en contra de su gestión.

Cuenta que no hay punto de comparación de lo que fue su época con la actual. Es más, él se encuentra escribiendo un libro sobre su vida y la minería, y tiene un capítulo especial sobre el 21060 y sus consecuencias. “Claro, ahora miro a una persona que está vendiendo baratijas en la calle y me da pena, pero la gente tiene que vivir de algo y trabajar nomás de lo que sea; pero eso no es lo que nosotros queríamos”.

De aquellos años sólo quedan malos recuerdos y un engaño. “Hemos quedado en un acuerdo con el entonces Ministerio de Minas, ellos nos iban a entregar 4.000 dólares después del 21060 y no me dieron nada. Otros cobraron, pero yo que estaba de delegado no cobré nada. Espero que un día me paguen esa plata”.

A pesar de que vive en Santa Cruz de la Sierra, Simón Reyes Rivera no se ha alejado por completo de La Paz; dice que piensa volver para averiguar qué ha pasado con aquel dinero que le deben.

Por el momento, lo que le preocupa al exsindicalista es su salud. Espera llegar sano a sus 80 años (el 5 de enero) y piensa festejarlo en su natal Tarija. “Allí tengo familia”, dice. En la tierra chapaca él busca celebrar su onomástico comiendo chankao o patitas de chancho. A pesar de los años, él no olvida su querencia. Es una de las figuras más emblemáticas del sindicalismo, después de Juan Lechín o Édgar Ramírez.

Perfil

Nombre: Simón Reyes Rivera

Nació: 05-01-1933

Cargo: Fue secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana entre 1987 y 1988.

Evo

Cuando aún era dirigente minero, Simón Reyes fue al Chapare en tres ocasiones para defender los derechos del entonces líder cocalero. “Tenía muchos problemas con la DEA y no-sotros lo apoyamos”. Dice que conoció al Presidente, pero hace tiempo no trata con él.

Un minero de armas tomar y recuerdos de la mina Matilde

“Uuuuuta”, dice cuando quiere recordar algo y la memoria le juega una mala pasada. Durante la entrevista con Animal Político, Simón Reyes Rivera demostró que su memoria tiene baches, pero algunos recuerdos se quedaron en ella, intactas. Fue testigo y protagonista de una época dura, cuando había que defender las ideas con armas.

— ¿Qué recuerda del golpe de Luis García Meza?

— Era un golpe que estaba acordado, Lidia Gueiler era la presidenta interina y Luis García Meza era el comandante del Ejército. Todo estaba sintonizado y el golpe empezó en Oruro y no había posibilidad de reaccionar. Ese día (17 de julio de 1980) me apresaron junto a Marcelo Quiroga Santa Cruz. Yo lo vi, estaba conmigo  y después me hicieron andar a punta de pistola. Bajé a El Prado, estaban los autos de la Caja en los que nos recogieron. Recuerdo que Óscar Eid logró escapar y corrió hacia el edificio de los petroleros; no pudieron encontrarlo.

— ¿Lo apresaron?

— Me apresaron ahí. Era el principal dirigente minero y me sonaron hasta hacerme sangrar. Vino el coronel Mena y dijo: “No se puede hacer esto”, y ya no siguieron.Nos llevaron a una caballeriza y ahí estaban unos argentinos que me pegaron y me dejaron mal. Me preguntaban de una reunión secreta y yo les decía que no sabía nada. Cansado, después de varios golpes, me levanté y les dije: “Carajo, mátenme”. Uno de ellos respondió: “Pelotudo entrenado”, y dejaron de pegarme. Ellos creían que me habían preparado para que no confesara nada, pero en verdad no tenía nada que decir.

— ¿Y con Banzer?

— En el periodo de Banzer estaba con Lechín en la plaza del estadio (Tejada Sorzano) y estaban tiro-  teando, estábamos armados y yo disparaba, él no. Resistimos, pero nos derrotaron, recuerdo que estábamos alrededor de Laikakota. Allí han caído varios heridos y a una enfermera la mataron. Ellos (los militares) no recogieron a sus heridos. Esa vez hasta la aviación nos hostigó. Esa época yo conseguí armas e hice dos carreras hacia     la confederación de fabriles.

— ¿Algún recuerdo de la época que le causa alguna sonrisa?

—  Sí, recuerdo muy bien que cuando hablamos de la liberación de la mina Matilde (ubicada en La Paz), hubo algunos trabajadores que pensaban que nos referíamos a una señora a quien teníamos que liberar. 

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