Animal Político

¿Qué hacer con Irán?

Preocupación en occidente

La Razón / Carlos Décker Molina

00:00 / 22 de enero de 2012

Los estadounidenses tienen una expresión que grafica lo que pasa entre occidente e Irán: chicken game. Irán amenaza con cerrar el estrecho de Ormuz y Estados Unidos amenaza con un portaviones. Occidente tiene una buena carta a jugar y es la profundización de las contradicciones internas en el seno del sistema iraní. Hay un indicio de que así será, porque Barack Obama envió una carta a través de una vía recientemente abierta que une al Departamento de Estado con Teherán.

La Casa Blanca no ignora las divergencias entre el ayatola y el Presidente. Los intríngulis persas tienen dos aristas: la política y la económica. Sólo en el último año, la moneda —el rial— ha acumulado una caída del 66% y ha perdido el 12% de su valor con respecto al dólar. El deterioro económico puede agravarse cuando el 30 de este mes los ministros de Exteriores de la Unión Europea acuerden nuevas sanciones contra Teherán por su negativa a frenar su programa nuclear.

El malestar económico, según los clérigos musulmanes, es culpa del gobierno de Mahmud Ahmadineyad, que lo único que ha hecho en su primera gestión, y lo sigue haciendo en su segundo mandato, es abrirse frentes enemigos. No se crea, empero, que Ali Jamenei, jefe espiritual, sea un progresista; lo que pasa es que a la sombra de los ayatolas hay clérigos comerciantes, industriales y allegados a la banca que quieren seguir acumulando riqueza, pero en paz.

De alguna manera ese proceso fue abierto por Jatami, el antecesor de Ahmadineyad. La continuación lógica del proceso habría sido Mousavi, a quien le arrebataron las elecciones de 2009.

Sin embargo, Jatami, el reformista, aunque débil políticamente, tuvo un antecesor, Rafsayaní, un millonario, corrupto y allegado a los oligarcas que se han desarrollado a la sombra de las mezquitas. Fue realmente éste, presidente entre 1989 y 1997, quien abrió el país al mercado. Esa política dio paso al tímido Jatami que pudo haber sido reemplazado por algo mejor, aunque no del todo, pues Mousavi, el perdedor, proviene del aparato, pero las circunstancias lo han llevado a ser el líder de la oposición, sobre todo de la juventud, que tiene otra agenda. La represión de 2009 cerró el periodo de reformas dentro del sistema.

El periodista J. Lee Anderson, que entrevistó a Ahmadineyad, sostiene que “da la impresión de ser un hombre que ha sido formado dentro del paraguas intelectual de la revolución islámica en Irán de los últimos 30 años, con todas sus limitaciones e insularidad”.

Otros que han estado cerca de Ahmadineyad dicen que es un cándido iluminado, con el atenuante de que quiere construir una bomba atómica. Para los seguidores del presidente iraní, los clérigos encabezados por Ali Jamenei pertenecen al ala más conservadora, paranoica y xenófoba del sistema, en tanto que los oponentes a Ahmadineyad y soportes de Jamenei lo califican de pragmático, que no quiere problemas con occidente sobre todo con Estados Unidos.

Si Estados Unidos quiere evitar bombardear a Irán, debiera aprovechar estas divergencias para buscar una retirada honorable al líder dispuesto a retomar la iniciativa turco-brasileña que nació en mayo del pasado año. No importa que el interlocutor sea Ahmadineyad o Jamenei. Hay señas diplomáticas en ese sentido, pues el 6 de enero Turquía aceptó ser anfitrión de un encuentro entre Irán y los 5+1, es decir, los cinco países permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y Alemania. Esa reunión podría poner en vigencia la idea de Anne-Marie Slaughter, exjefe de Planeamiento del Departamento de Estado, de crear una suerte de banco o estanco de energía atómica que haga posible regular las entregas a Irán de lo necesario para desarrollar una industria nuclear civil. Un estanco bajo control mundial en el que podrían participar no sólo los 5+1, sino Rusia y algún otro país como Brasil, por ejemplo; podría ser una solución no sólo para Irán, sino tal vez para todos los países que deseen desarrollar una industria nuclear civil.

El gran problema para este pragmatismo son las elecciones en Estados Unidos. Jamenei cree que Obama perderá la reelección, lo que implica seguir afilando los cuchillos.

Los actores ocultos

La Guardia Revolucionaria Islámica (GRI) y un sinfín de basij, vigilantes paramilitares dispuestos a todo y que dependen económicamente del régimen, son los actores ocultos del proceso persa. Y, por el otro lado, está la juventud universitaria sin futuro.

La milicia Basij es una fuerza paramilitar integrada por voluntarios de ambos sexos que depende de la GRI. Reclutan a sus miembros en escuelas, universidades, instituciones públicas y privadas, fábricas e incluso tribus. La milicia Basij se emplea con mucha frecuencia como fuerza auxiliar para mantener el orden público y reprimir la disidencia, y se la ha acusado a menudo de una brutalidad extrema. Su brutalidad, su “voluntariedad” y su “mística” hacen recuerdo a los camisas pardas del nazismo.

La cerrazón en la que vivió Irán no permitió, al principio, vislumbrar resquebrajamientos internos como suele ocurrir con todo proceso dictatorial. Irán comienza a mostrar una imagen menos unitaria incluso en términos religiosos, es decir, a tiempo que engorda una clase privilegiada económicamente, van cayendo las máscaras y aparece la imperfección. Se descubre que la religión tiene diferentes interpretaciones a pesar de su dogmatismo.

Irán no está frente a un proceso que ha entrado en descomposición, pero un ataque armado de occidente podría eliminar estas primeras señas de imperfección. Las contradicciones, hoy evidentes, desaparecerían para retornar la unidad nacional. A veces es necesaria la paciencia política al apresuramiento militar.

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