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El hombre de Lula en Latinoamérica

El asesor de la presidencia de Brasil se fue el 20 de julio, dos días antes de cumplir 76 años.

El hombre  de Lula en Latinoamérica. Ilustración: La Razón

El hombre de Lula en Latinoamérica. Ilustración: La Razón

La Razón (Edición Impresa) / Flávia Merreiro

00:00 / 20 de agosto de 2017

Marco Aurélio Garcia, uno de los pilares de la política exterior brasileña durante los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff (2003-2015), falleció el  jueves 20 de julio repentinamente en Sao Paulo. Exasesor especial de la presidencia brasileña y fundador del PT (Partido de los Trabajadores) fue un operador político clave en Latinoamérica durante el auge de los gobiernos de izquierda en la región. Estaba por cumplir 76 años y sufrió un infarto fulminante.

Profesor jubilado de historia de la Universidad de Campinas (Unicamp, en Sao Paulo), Garcia se ganó un lugar en los anales de la política externa brasileña elevando el cargo de asesor internacional de la presidencia, hasta entonces sin tradición, a un nivel estratégico y público durante más de una década. En sus 13 años en el puesto, en cuanto estallaba una crisis política relevante en Suramérica, el asesor de Lula se materializaba con esas gafas de concha de tortuga que eran su marca y que se enorgullecía de haber encontrado rastreando en París.

Entusiasta de las alianzas Sur-Sur, fue un defensor de la creación de los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica) y de instrumentos de integración en Latinoamérica, como las hoy desprestigiadas Unasur y Celac, que marcaron el ápice de la proyección internacional de Lula. También por eso fue el blanco preferente de los que veían un exceso de activismo y de “ideologización” en la política externa de los gobiernos del PT. Los críticos lo acusaban, por ejemplo, de ser uno de los responsables de la condescendiente, según algunos, postura de Brasil hacia la Venezuela de Hugo Chávez o la Bolivia de Evo Morales, que negoció el precio del gas con Petrobras en la década pasada, pese a nacionalizar refinerías de la estatal brasileña (2006). “¿Cuál es el argumento para hablar de condescendencia? Decir que tenemos una afinidad misteriosa e ideológica con Bolivia. Nosotros no hablamos fuerte a Bolivia y suave a Estados Unidos. Nosotros hablamos de la misma manera con todos los países”, dijo en una entrevista en 2014.

La muerte de Garcia fue lamentada por muchos de los diplomáticos que lo trataron. “Tuvo un papel central en la reorientación de la política externa en búsqueda de un nuevo lugar para Brasil dentro de un mundo diferente del que estábamos acostumbrados”, afirma Audo Faleiro, que trabajó casi ocho años con Garcia en la asesoría de la presidencia y ahora es diplomático en París. “Marco Aurélio, Lula, Celso Amorim y Samuel Pinheiro Guimarães eran un equipo muy cualificado para ese desafío”, sigue Faleiro, citando también a Amorim, el emblemático canciller de los años Lula, y Pinheiro Guimarães, una referencia a la izquierda en los cuadros diplomáticos brasileños.

“Mantuve con Marco Aurélio Garcia una relación de total confianza y lealtad, base de una verdadera colaboración, en que nuestras aptitudes respectivas se complementaban, en beneficio mutuo. Aprendí mucho con él”, escribió el excanciller Amorim, disipando otra vez los rumores de una supuesta tensión entre ambos durante el Gobierno Lula por un duelo de protagonismos. “Fue un verdadero intelectual de izquierda como ya no se dan hoy en día. Deja una gran laguna en el pensamiento democrático y progresista”.

Los eslabones del PT en el exterior. Garcia comenzó su carrera como concejal en Porto Alegre, en el sur de Brasil, en los años 60 como miembro del Partido Comunista Brasileño, PCB. Durante la dictadura militar, se exilió en Chile y en Francia. De la temporada en el exterior conservaría las relaciones personales que le facilitaron el camino con la izquierda latina y con los partidos socialistas europeos, que usaría tanto en el Gobierno como los años que pasó como asesor internacional del PT. En 1990 fue también uno de los articuladores del Foro de Sao Paulo, que congrega a representantes de la izquierda de América Latina y el Caribe y controvertido en su tiempo por abrigar a las FARC. Era, antes de todo, un hombre del partido, del cual también ocupó la vicepresidencia.

Aun sufriendo problemas cardiacos, Garcia se mantuvo activo en el partido hasta sus últimos días, después de dejar el poder tras el impeachment de Rousseff, en mayo de 2016. “Es muy duro saber que no tendré más su compañía ni el placer de oír su poderosa carcajada”, escribió la exmandataria, que envió condolencias a su único hijo, Leon, y a su nieto Benjamin. “Estaba con Lula cuando recibimos la noticia y fue un golpe. Creo que para todos nosotros es un ejemplo. Un ejemplo de resistencia y de militancia”, cuenta Alexandre Padilha, exministro de Salud con el PT.Audo Faleiro, el diplomático con quien trabajó casi una década, dice que el “profesor”, como le llamaban en los círculos del partido, no demostraba ningún abatimiento con la crisis que sufrió el PT o con la decadencia del ciclo izquierdista en Latinoamérica. “Por el contrario. La última vez que hablé con él, volvía de México, invitado para hacer una reflexión por allá. Tenía planes de pasar una temporada en Argentina”, relata. Mientras parte de sus principales interlocutores en el país y en la región tiene sus biografías manchadas por investigaciones de la Operación Lava Jato, Garcia no sufrió rasguños por el escándalo. “Se fue con la cabeza alta, sin postrarse”.

  • Flávia Merreiro es periodista brasileña

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