Animal Político

La identidad indígena originaria

Los últimos años, la evolución de la identidad indígena originaria ha marcado nuevas relaciones  entre el Estado y la sociedad. Son estos pueblos los que plantearon el cambio estructural del país con una Asamblea Constituyente, partiendo de la pregunta de quiénes son y a dónde van, proceso que reforzó su identidad.

La Razón / David Choqueticlla Huaylla

00:01 / 28 de julio de 2013

Al asomarse las fiestas patrias, como el 2 de agosto (desde la Revolución del 52 conmemorada como el Día del Indio, recientemente como el Día del Campesino) y el 6 de agosto (fecha de fundación de nuestra Bolivia, ahora Estado Plurinacional), en el presente espacio pretendo pincelar algunos aspectos relacionados con la evolución de la identidad indígena originaria en nuestro contexto, considerando que esta temática en estos últimos años ha marcado las nuevas relaciones entre el Estado y la sociedad civil.

Si recurrimos a las páginas de la historia de nuestro contexto, constatamos que ningún modelo político experimentado en los 185 años de vida republicana ha tomado en cuenta a los pueblos y naciones indígena originarias, ni en la construcción del Estado ni en el proceso de recuperación y consolidación del sistema democrático, a pesar del evidente porcentaje mayoritario de indígenas en Bolivia. La constatación es la marginación y la exclusión de este sector social en las decisiones políticas y económicas.

En 1982, con la participación de sectores sociales —incluyendo los pueblos indígenas—  Bolivia recobra la democracia. Pero, durante los siguientes 24 años, la institucionalidad se va degradando paulatinamente. La urgente satisfacción de las demandas ciudadanas, de una política económica equitativa y humanizadora, del derecho de la sociedad civil a participar democráticamente, tuvo como consecuencia que seis presidentes constitucionales ocupen la presidencia durante esta última década, con sucesiones en circunstancias de confrontación, la ruptura del ente social y con la democracia al borde del abismo.

Inmerso en esta situación, el movimiento indígena alerta a los gobiernos de turno y al pueblo de Bolivia la necesidad de realizar cambios estructurales. En la década de los 80 e inicios de los 90, en pleno proceso de “campesinización” fomentada por el Estado desde la Reforma Agraria de 1952, organizaciones indígenas de tierras bajas empiezan a reemerger demandando territorio y Asamblea Constituyente. Simultáneamente a este planteamiento logran constituirse organizaciones indígenas regionales en la Amazonia, tales como la Central de Pueblos Indígenas del Beni (CPIB) y la Central Indígena de la Región Amazónica de Bolivia (CIRABO), la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG) en el Chaco, y éstas posteriormente consolidan la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB). Tal iniciativa es seguida por organizaciones de las tierras altas, que partiendo de sus formas organizativas —como Jatun Killakas Asanaqis (Jakisa), Consejo de Ayllus Originarios de Potosí (CAOP) y la Federación de Ayllus Originarios Indígenas del Norte Potosí (FAOI-NP)— impulsan en 1997 la constitución del Consejo Nacional de Ayllus y Markas de Qullasuyu (Conamaq). Las regionales mencionadas, impulsoras y fundadoras tanto de la CIDOB como del Conamaq, además de ofrecer las líneas estratégicas y políticas a sus entes nacionales relacionados con sus derechos, priorizan la demanda de territorio indígena y Asamblea Constituyente, adquiriendo fuerza y consistencia con la participación de todas las organizaciones indígenas de tierras bajas y tierras altas. Cabe recordar que estos planteamientos de territorio y Asamblea Constituyente giran en torno a la constatación de “quiénes son” o “quiénes habían sido”, de “donde comienzan o proceden”; es decir, del análisis de su realidad de marginación, exclusión y hasta estigmatización que les llevó a emprender procesos que les permitan saber y conocer sus identidades para reivindicar sus derechos fundamentalmente colectivos.

Al rol protagónico de las organizaciones que representan a los pueblos indígenas se suman otras organizaciones nacionales representativas, logrando que se celebre la Asamblea Constituyente, y como efecto de ello, Bolivia, el 22 de enero de 2010, se constituyó en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario.

El sendero recorrido hasta aquí abrió esperanzas y sueños de cambios profundos para el mayor porcentaje de bolivianos y bolivianas, de indígenas y no indígenas, porque, por ejemplo, se asomaba posibilidades de profundizar la democracia representativa con una democracia participativa y comunitaria (posibilidades de emprender procesos de autonomías municipales y departamentales) en el caso de los pueblos indígenas como ejercicio de la libre determinación y reafirmación de sus identidades, y en el caso de los municipios y departamentos como la plasmación de la descentralización.

Si bien se han dado pasos importantes, ahora el reto es que estos avances no queden solamente en normas, en declaraciones de buenas intenciones y en discursos. Es vital conocer y comprender los móviles y las razones por los que se planteó emprender cambios, para continuar actuando sobre la realidad presente en busca de una evolución que conduzca al “buen vivir”, a la armonización entre los seres humanos y la complementariedad de los seres humanos con la naturaleza.

Para la profundización de los cambios, ahora se requiere de medidas concretas. En el corto tiempo de la aplicación de la Constitución Política del Estado, a través de las leyes y otras normas, no se palpan avances en la cotidianidad; es decir, la relación entre los pueblos indígenas y el Estado no funciona adecuadamente, como también la relación entre el Estado y la sociedad civil organizada. Si las identidades locales no son tenidas en cuenta en relación a sus demandas y aspiraciones legítimas enmarcadas en sus derechos, la supuesta estabilidad estará sujeta al tiempo en que los pueblos y/o las organizaciones sociales comiencen otra vez a reclamar y poner en cuestionamiento al Estado.

Si bien el Estado Plurinacional está compuesto por un mayor porcentaje de indígenas (32 pueblos en tierras bajas y 16 naciones tierras altas), continúa siendo necesaria una mirada y comprensión del ámbito de las identidades de los pueblos indígena originarios, muchos de los cuales todavía persisten con sus principios de vida y valores de respeto y reciprocidad, su lógica de pensamiento y cosmovisión; empero, al paso en que vamos, como en anteriores años, continuará llegando a la reformulación de su identidad desde la observación de sus principios y valores, seguida de una amplia gama de aspectos como sus prácticas económicas productivas, creencias, sus usos y costumbres, tecnología, saberes, etc.

Si Bolivia se diferencia de otros países, es por la diversidad y riqueza de formas de vida que están en la cotidianidad de sus pueblos y naciones indígena originarias, la gama de conocimientos y saberes relacionados a la actividad económica productiva, organización social, manejo y administración de sus territorios, tecnologías que prioricen el cuidado de la Madre Naturaleza, espiritualidad y otros aspectos, que en la actualidad se están constituyendo en razón de estudio académico y soporte de nuevos paradigmas alternativos frente a la problemática global como el cambio climático.

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