Animal Político

‘Un indio sin plumas’ ante la Corte

Evo Morales reinventó la política, dándole un nuevo sentido a la democracia representativa, que pasó a ser democracia directa, comunitaria, participativa y un ejemplo palpable de todo ello fue la demanda ante La Haya.

La Razón (Edición Impresa) / Amanda Dávila Tórrez

00:03 / 11 de octubre de 2015

Pueden rasgarse las vestiduras, pero ningún otro Presidente en la historia de este país logró lo que Evo Morales: sentar a Chile en el banquillo del máximo tribunal de justicia del mundo; que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya determinara que hay un problema con Bolivia desde la guerra de 1879, y que éste no es un tema solo bilateral.

Fallo histórico e inapelable. Un paso, sí, en nuestra lucha por recuperar el mar arrebatado, pero un gran salto en la jurisprudencia internacional porque nunca antes, hasta ahora, el mundo reconoció de manera clara y firme la fuerza de la razón boliviana.

Un indio en la Corte de La Haya. Fue Evo Morales el que nos llevó a este triunfo, “un indio sin plumas”, como lo calificó seis días después del fallo de La Haya, el historiador y escritor chileno Alfredo Jocelyn-Holt, connotado miembro de las oligarquías chilenas.

Evo tuvo el coraje de hacer lo que muchos presidentes de diversa formación y origen social, historiadores, militares, periodistas, médicos, empresarios y terratenientes, no habrían siquiera pensado: unos por cobardía, otros por intereses económicos vinculados a empresas chilenas y, finalmente, porque una patria digna y soberana nunca formó parte de sus preocupaciones.

Fue Evo, “un indio sin plumas”, como repitió gozosa la derecha de allá y de aquí, el que decidió llevar a Chile a  juicio ante La Haya y devolvernos la dignidad.

En esas madrugadas paceñas, Evo explica sus razones: Chile nos había invadido, forzado a una guerra, arrebatado el mar, y hecho firmar, en medio de un país sitiado y encañonado, el Tratado de 1904, como lo recuerda siempre: “impuesto, injusto e incumplido”.

Los serios intentos de lograr justicia por la vía diplomática habían fracasado y las negociaciones iniciadas de buena fe nunca se habían aproximado a buen puerto, ya que, para algunos sectores de ese Chile que aún no logra liberarse de la herencia pinochetista, eran una forma de distraer el anhelo del pueblo boliviano.

Y no es el pueblo chileno, dice Evo, son grupos de empresarios, la oligarquía chilena, que nos enfrentó entre hermanos por ambición. Organizaciones sociales, movimientos estudiantiles, intelectuales, sindicatos, chilenos apoyan la demanda boliviana; la Diplomacia de los Pueblos que impulsa el canciller David Choquehuanca logra resultados y se extiende por varios continentes. 

Evo Morales rememora la larga historia boliviana de frustraciones y traiciones, y en esa hora clave decide, como el gran estadista que es, llevar a Chile a juicio ante La Haya, dispuesto a  asumir la responsabilidad, también definitiva para el país, de un fracaso. Coraje del hombre que supo en la vida valerse por sí mismo, que se enfrentó a una lucha diaria, tanto por la sobrevivencia como por la dignidad, coraje de un Presidente que apuesta todo por el bien del pueblo. 

Evo Morales es el estadista y el estratega, analizando los documentos, preguntando, planteando, cuestionando, pidiendo esclarecimiento a uno y otro, conformando el equipo boliviano ante La Haya y eligiendo a quienes representarán al país en las tareas de difusión de la demanda, y no importa de qué lado estén, baste ser boliviano.

Y no solo eso, en un acto de  generosidad pocas veces visto en la historia boliviana, convoca a expresidentes y excancilleres, olvidando las veces que alguno de ellos lo vilipendia, humilla y le acusa falsamente. Evo expone  los atributos y cualidades de cada uno para convencer de estas designaciones a unos y a otros.

Ahí están los expresidentes, ungidos por sucesión, sin la conquista y legitimidad del voto; quizá autores de errores de política y de gestión ruinosa, ungidos por cuoteos congresales o sin jamás afrontar, por sí mismos, el veredicto en las urnas, pero por juegos del destino convertidos en jefes de Estado.

En el  medio, el presidente Evo, elegido en las urnas con más apoyo en la historia, al que llevaron al revocatorio; el estigmatizado, el insultado, al que (solo porque es “un indio sin plumas”, como dicen los grupos oligárquicos chilenos, y también bolivianos) se le desconoce todo triunfo y se exagera cualquier error. 

Evo dando ánimo a unos,  marcando la línea, recomendando a otros, pidiendo, decidiendo, escuchando en interminables horas, y aceptando las sugerencias de los otros con el entusiasmo que le caracteriza. ¡Lo saben! El pueblo lo apoya y emprende la lucha a su lado.

Mientras los eternos pájaros de mal agüero graznan una  derrota, nuestro Presidente se moviliza, habla con papas, reyes, presidentes, cancilleres, expresidentes; dialoga en foros y encuentros con movimientos sociales, intelectuales, sindicatos y el mundo se rinde ante un Evo que arrasa con su simpatía pero, ante todo, por su convicción en clamar por la justicia y la dignidad de un pueblo.

La reinvención de la política. Solo un líder como Evo Morales tuvo la lucidez para comprender la complejidad del problema marítimo y la generosidad de convocar a opositores y simpatizantes, y movilizar a toda una nación para lograr la unidad en torno a un objetivo de vital importancia: reparar una injusticia que ha condenado a todo un país a un enclaustramiento centenario, impidiendo su libre desarrollo.

Evo Morales, junto al pueblo, reinventó la política desde una lectura más objetiva de la historia colonial interna y externa, y una comprensión más lúcida y generosa de las necesidades estructurales y anhelos del pueblo. Evo nos llevó, con el apoyo del pueblo y de su equipo que él formó, al primer paso triunfal de La Haya.

Y la historia lo reconocerá así, cuando las mezquindades de algunos de sus contemporáneos desaparezcan en la lista de los logros que ha alcanzado, con errores, caídas, olvidos posiblemente, el presidente Evo Morales y el pueblo boliviano que lo acompañó.

Evo Morales reinventó la política, dándole un nuevo sentido a la democracia representativa, que pasó a ser democracia directa, comunitaria, participativa y un ejemplo palpable de todo ello fue la demanda ante La Haya.

Un cambio que no termina de aceptar una oposición sin propuesta ni liderazgo y menos representatividad nacional, que apela al juego de la alternancia como único horizonte.   Y la alternancia no puede dar solución ni tiene incidencia en los grandes problemas nacionales, como lo ha demostrado la demanda marítima que ha logrado su primer triunfo con un presidente como Evo Morales, que pudo diseñar estrategias de largo aliento y desarrollarlas en virtud a cerca de una década de estabilidad política y económica del país.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia