Animal Político

El inmortal

No hay duda, Samuel tiene una legión de ángeles que lo protegen (ah, si pudiesen votar). Un mal día —nube densa— se cayó del cielo en una avioneta, ¡a 300 kilómetros por hora! Y vivió para contarlo. Era la señal que faltaba.

La Razón (Edición Impresa) / Exeni / La Paz

00:04 / 08 de junio de 2014

A Samuel Doria Medina le ha pasado de todo en la vida. Lo único que le falta, antes de morir, es ser Presidente de Bolivia. No se sabe bien, al final del recorrido, qué será más fuerte: si su tenacidad por (sobre) vivir o su vocación por perder elecciones.Ya desde chico era un travieso. No consta en actas familiares si fue castigado por ello, pero la señal enviada desde el cielo fue terrible: casi le parte un rayo. Si no hubiese sido por unos zapatos nuevos… estaría muerto. Pero no.En su agitado camino tuvo que librar varias batallas. Es cierto que Samuel no es un luchador social (tampoco le pidan eso), pero la providencia le asignó una batalla feroz: el perro del vecino lo atacó y mordió durante ¡dos horas! Le tuvieron que hacer 200 puntos. Y siguió viviendo.Después, por herencia paterna, disfrutó de los sabores empresariales. Y desde su militancia mirista, esa escuela, incursionó en los patios interiores de la política. En tales rumbos fue más bien coherente: capitalizó sus empresas privadas y privatizó (casi) todas las empresas públicas. Vivísimo. Es Samuel… Samuel Doria Medina.Luego tuvo un encuentro dramático con la lucha armada. Los terrucos del MRTA llegaron y lo secuestraron. No por sus ideas políticas, sino por su platita. Estuvo 1.086 horas y 17 minutos a oscuras en un cuarto minúsculo. Gracias al pago del rescate, menos mal, resucitó a la luz.No hay duda, Samuel tiene una legión de ángeles que lo protegen (ah, si pudiesen votar). Un mal día —nube densa— se cayó del cielo en una avioneta, ¡a 300 kilómetros por hora! Y vivió para contarlo. Era la señal que faltaba. Entonces decidió que lo suyo sería correr, correr, correr. Hoy se lo ve en calles, plazas y mercados. Siempre en movimiento. Viene corriendo desde abajo (la zona Sur). Un verdadero maratonista. Dicen que tiene cara de cemento, porque es serio-seco y le duele el “corazón partío”. Pero no es verdad. Una vez lo vieron sonriendo: había dicho una palabrota. La vida de Samuel es como una película… de Almodóvar.

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