Animal Político

Esas internas del gremio periodístico

De legitimidad, directorios y otras agitaciones

La Razón / José Luis Exeni Rodríguez

00:03 / 03 de junio de 2012

Si fuese una noticia importante para la agenda mediática, el titular diría algo más o menos así: “Asociación de Periodistas insulta y amenaza a Erbol”. Y a renglón seguido habría alguna airada declaración de un dirigente del gremio condenando este “nuevo atentado contra la libertad de expresión”, etcétera. También se recordaría que el agredido “medio independiente” —en este caso Erbol— solamente cumplía con su misión de informar a la ciudadanía. Si fuese una noticia importante, digo. Pero no es.

‘Con autorización de quién’. Si una organización de periodistas acomete contra un medio de comunicación, ¿las libertades de expresión y de prensa —y con ellas la democracia— están en peligro? ¿Se contabilizaría tal hecho como una “agresión verbal” contra el periodismo en Bolivia? Más todavía: ¿habría algún comunicado de la ANP (Asociación Nacional de la Prensa) lamentando semejante atropello? O mejor: ¿la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), desde Miami, expresaría su solidaridad con la prensa boliviana?

Veamos el hecho. Hace unos días, Erbol Digital difundió la denuncia de una fuente de la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP) que, “con documentos en mano”, mostraba que tanto el vicepresidente como dos vocales del recién electo directorio gremial no tenían la antigüedad requerida según la convocatoria. “Ahí están los documentos, evidencian que violaron un requisito esencial, lo que significa que la elección es nula”, manifestó la fuente. El reporte de Erbol anexaba los documentos.

A fin de contar con la versión de las personas aludidas en la denuncia (la ineludible “contraparte”), Erbol consultó a una de las vocales y al vicepresidente de la Asociación. “(Soy socia) desde hace unos cuatro años”, dijo ella (requería tres años de antigüedad para postularse; la documentación mostraba que tenía solamente dos). “Desde hace muuuuuucho tiempo”, respondió él (le faltaba algo más de un mes para completar los necesarios cinco años de antigüedad al momento de su habilitación).

¿Cómo reaccionó el flamante presidente de la APLP, Antonio Vargas, ante la denuncia periodística difundida por Erbol? Según la noticia del propio medio, el dirigente gremial anunció que “denunciará a Erbol ante el Tribunal Nacional de Ética Periodística por haber publicado documentos de respaldo de la denuncia contra tres miembros de la Asociación”. Tras cuestionar que se haya difundido información personal (teléfonos y direcciones), advirtió: “Quiero saber con autorización de quién publicaron estos datos”.

En relación a la denuncia, el presidente de la Asociación la descalificó señalando que “es absolutamente falsa y además peca de una profunda ignorancia del propio reglamento”. Y explicó que el requisito de antigüedad es para las secretarías y no para las vocalías, por una parte, y que de acuerdo a su interpretación el vicepresidente cumple con la antigüedad requerida, por otra. La nota informativa no incluye la contraparte (la misma Erbol) en relación a las acciones advertidas en su contra.

Democracia mediática. Hasta aquí tenemos entonces la denuncia de un medio de comunicación con base en “una fuente” (¿anónima?, ¿confiable?, ¿fidedigna?, ¿que prefirió no revelar su identidad por temor a represalias?) y el respaldo de “documentos en mano” difundidos por el propio medio. Y está la respuesta del máximo líder de la Asociación implicada que, al mejor estilo de un Gobierno autoritario, amenaza con llevar a Erbol ante un Tribunal (aunque sea de ética) tras desacreditar la denuncia como “falsa e ignorante”.

¿Le parece una noticia importante? ¿O se trata más bien de una interna mediática no sólo terriblemente aburrida sino carente de relevancia pública? ¿Tiene algún interés para la ciudadanía conocer las disputas en el seno de una organización gremial? ¿Qué sentido tiene ocuparse de las probables irregularidades en la elección de un directorio corporativo? ¿En qué afecta nuestra vida cotidiana, en fin, que la dirigencia de los periodistas tenga o no legitimidad y, está visto, enfrente una profunda crisis?

Contra lo que pudiera pensarse (allá ellos, “los periodistos”, y su arrogante ombligo), la situación de los operadores mediáticos y de sus organizaciones gremiales es terriblemente significativa para la agenda pública toda vez que son ellos, sacrificados, incansables, los que (re)construyen cada día las agendas informativa y de opinión sobre los temas de preocupación colectiva. Sus “internas”, por tanto, debieran ser no sólo objeto de conocimiento, sino también, con reflectores, de escrutinio público.

Por ello no deja de ser inquietante que la Asociación de Periodistas de La Paz, que suele asumir la representación del periodismo boliviano, no sólo en el país sino ante la comunidad internacional, no esté siendo impecable —como es la tradición— en la elección de su directorio. ¿Se cumplieron o no los requisitos de antigüedad en los casos denunciados? ¿Hubo “perdonazo” para habilitar electores a última hora? ¿Debió renunciar a su cargo en la APLP, por un principio de ética, el principal candidato?

Pero si algo debiera preocuparnos en relación al rumbo de nuestra Asociación, en honor a su prestigio, es la “legitimidad de origen”. Vea usted. La APLP cuenta a la fecha con 1.140 afiliados. De ese total, solamente 196 (15%) fueron habilitados para votar en las elecciones de abril. ¿Y cuántos socios eligieron al nuevo directorio del sector? 72. Otra vez: 72. ¿Con qué autoridad, digo, podrá “defender la democracia” una dirigencia gremial electa por el 6% de sus miembros?

El duelo, la dolencia. Hace poco menos de dos años, luego de una virulenta campaña sin precedentes contra una norma (la Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación), las principales organizaciones de los operadores mediáticos en Bolivia (empresarios y periodistas) declararon “duelo por la muerte de la libertad de expresión”. Juraron entonces que “dos lapidarios artículos” (16 y 23) de la aprobada norma desatarían “el pronto e inminente cierre de medios y el encarcelamiento de periodistas”. Fallaron (nos mintieron) en su pronóstico.

Hoy, los periodistas, aunque seguimos en campaña, no estamos de duelo. Contra tentaciones y fantasmas, que los hay, podemos ejercer aún en democracia, siempre vigilantes, la libertad de expresión. No vestimos luto, cierto, pero tenemos dolencias. Nos duelen, por ejemplo —ah, los (d)años—, nuestros patios interiores, el oficio, la “crisis de representación mediática”. Quizás sea hora de mirarnos/confrontarnos en el espejo, en serio, en lugar de romperlo o, peor, amenazarlo con el Tribunal de Ética.

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