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La invasión de Atacama

El autor sostiene que la invasión comenzó en 1843 y no en 1879, como dice la historiografía tradicional.

La invasión de Atacama.

La invasión de Atacama.

La Razón (Edición Impresa) / Luis Fernando Alcázar

00:00 / 27 de diciembre de 2017

Estoy seguro de que el título llamó su atención pues espero generar una reflexión. Chile nos acostumbró a decisiones que luego fueron favorables, según sus intereses, ergo, debemos reconocer su habilidad para estructurar políticas y estrategias diplomáticas que anteriores gobernantes bolivianos las asimilaron sin darse cuenta o fingieron no conocerlas. Aquí alguna de éstas.

Denominación del hecho bélico. Bolivia nunca combatió por el océano Pacífico o el mar que le correspondía, combatió en defensa de su heredad territorial, (obviamente incluía las costas), pero eran más importantes los recursos naturales. Combatió por Atacama, pues la denominación de la “Guerra del Pacífico” fue una iniciativa chilena que fue seguida inocentemente por la historiografía de Bolivia y Perú.

El verdadero nombre del hecho debería ser “la invasión de Atacama (de Bolivia)”, dado que fue justamente eso. Está claro que este término no le convenía al invasor.

Antes del conflicto, un año después de la emisión de la “ley Rengifo”, al darse cuenta del error de la concepción y para confundir la geografía vigente los chilenos crearon la provincia de Atacama (13 de octubre de 1843). Obvio, el término Atacama debería estar reservado para “su territorio”. Si hoy consideraríamos al evento con el título propuesto, serían muy diferentes las conceptualizaciones primarias del mismo, pues implicaría un abuso (invasión), además de ser territorial (Atacama) entonces se mostraría al Estado chileno como invasor y no como contendiente en un enfrentamiento bélico estrictamente náutico.

La guerra no comenzó el 14 de febrero de 1879. Si concebimos a una guerra como “la continuación de la política por otros medios”, (Clausewitz), reafirmamos que es un “hecho político” y no es un hecho estrictamente militar. Es el “aporte del poder militar” al conflicto administrado por el “poder político” y solventado por el “poder económico” de un Estado. Por otra parte, con la referida “Ley Rengifo”, los chilenos se adueñaban de las guaneras de Mejillones (paralelo 23) y de las costas de Atacama. Así, en 1843 comenzó “la invasión” —aún así sea pacífica— y desde ese momento, Chile tuvo 37 años de preparación para “usurpación” con operaciones militares; tuvo la paciencia para encontrar el pretexto ideal, el impuesto de los 10 centavos que luego fue elevado por ellos mismos a 60 centavos y después a 1,60 pesos y nadie dijo nada.

Si continuamos sosteniendo al 14 de febrero de 1879 como la fecha de inicio del conflicto, dejamos de lado 60 agresiones que se dieron antes de ese día y contribuimos a la idea de que entre 1842 y 1879 Chile fue virtualmente un “angelito” como Estado, y no fue así, (ver las 250 agresiones de Chile, libro del autor). El 14 de febrero de 1879 solo comenzaron las “operaciones terrestres”, pues las “operaciones navales” se habían iniciado el 7 de enero de 1879 con la llegada del blindado Cochrane a la bahía de Antofagasta y el 7 de febrero de ese año llegó allí el Blanco Encalada.

Por ello, considerar que la invasión (¿guerra?) comenzó es una concepción equivocada que debemos dejarla de lado, porque de continuar así seguimos adecuándonos a la idea impuesta por maniobra diplomática chilena.

Somos un Estado perdedor. El primer mapa que en primaria nos muestran es el “mapa del duelo” [Carlos Mesa: 2004] pues parecería que lo más importante era saber que perdimos territorios y que debemos adquirir conciencia de ser un Estado víctima. En contraposición, debemos valorar las victorias militares que tuvimos, claro, a las Fuerzas Armadas hay que mostrarlas perdedoras y sin espíritu patriótico; sin embargo, es prudente preguntar a los compatriotas y al amigo lector si asistió alguna vez a los homenajes de las batallas de Humahuaca, Iruya, Montenegro, Yanacocha, Socabaya, Canchas Blancas,  Tarapacá,  Paucarpata, de Ingavi... hace unos días se recordaba el natalicio del Mariscal Andrés de Santa Cruz y alguien se acordó de aquello. Nos acostumbraron a celebrar nuestras derrotas y nunca nuestros triunfos, rompamos estructuras.

Se ocultó la noticia de la invasión. El 15 de febrero de 1879 los cónsules bolivianos en Valparaíso, Juan Granier y en Tacna Manuel Granier, enviaron mensajeros a La Paz informando la ocupación de la provincia de Litoral y cinco días después, el estafeta Gregorio Mamani (Goyo) inicia un recorrido de seis días. Salió de Tacna y el 21 llegó a Uchusuma, luego a la posta de Chulluncayani, el 23-febrero a Machaca, al día siguiente a Tambillo para llegar a La Paz a las 23.00 del 25 de febrero de 1879 (martes de Carnaval). 

El mensajero se encontró con el cochero del presidente Hilarión Daza, don Anselmo Salamanca, quien lo llevó a la casa de Carlos Frías (esquina Yanacocha y Mercado), allí estaba la comitiva presidencial, de esa casona, pero la autoridad se había retirado a la fiesta del coronel José María Valdivia, intendente de Policía, en la calle Pichincha, donde se halla edificada la iglesia Jesuita. Encontraron a Daza y éste conoció de la ocupación chilena. Al día siguiente, el Presidente lanzó las primeras disposiciones. ¿Cuándo y dónde se ocultó la noticia? Esta secuencia echa por tierra la falacia del ocultamiento de la información al país, por no alterar la celebración de carnavales. Falaz argumento.

Continuaremos.

  • Luis Fernando Alcázar es general en retiro y docente universitario

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