Animal Político

La japonización de la dominación patronal en Bolivia

En el texto   llama la atención que esta nueva organización del trabajo no libera a los trabajadores como algunos sostenían en los 90, pero tampoco los apaga y los somete

La Razón (Edición Impresa) / Óscar Zegada Claure

00:01 / 25 de abril de 2016

Cuando empecé a leer el libro me imaginé que estoy ante un inmenso rompecabezas, que a lo largo de muchos años, individualmente y con otras personas, fuimos poniendo fichas distintas para ir armando este rompecabezas y encontré en el libro de Tania una ficha fundamental que, por lo menos desde esa perspectiva, me ayudó a entender lo que está pasando hoy día en el capitalismo.

Comparto la idea de que desde los 80 más o menos, es una hipótesis, el capitalismo industrial se está transformando aceleradamente en una forma de capitalismo que organiza el proceso productivo, ya no sobre la base de la maquinaria y la gran industria, sino sobre la sabe del conocimiento y la información, y a mí me parece que es interesante ver esto porque las propias transformaciones que introduce el neoliberalismo y su crisis me gusta entenderlas como parte de ese proceso histórico.

En esa comprensión, este libro me parece que ayuda a ir cubriendo ese pedazo de rompecabezas y que tiene que ver con: ¿qué pasa con las condiciones del proceso de trabajo y con las relaciones de clase y la lucha de clases? A mí me resultó inspirador el texto de Tania en ese sentido, porque permite ver cómo se van reconfigurando las clases sociales y la lucha de clases en un momento como el actual. Muchos de los hallazgos del trabajo son muy específicos al sector hidrocarburífero, que tiene particularidades muy interesantes, pero pienso que nos abre una ventana de oportunidad para comprender al capitalismo del siglo XXI porque quizá la vanguardia del desarrollo del capitalismo en el caso de la economía boliviana pueda localizarse, entre otros, en el sector hidrocarburífero.

En el libro hay un cuidadoso destripamiento del proceso técnico de producción en una empresa que utiliza estas técnicas japonesas, que lo que hacen es modificar la organización jerárquica del taylorismo y tratan de avanzar hacia una organización más horizontal, involucrando a los trabajadores, con un lado oscuro y con un lado claro. El lado oscuro es que la introducción de esas formas de organización de la producción requiere de más esfuerzo, por tanto, estamos viendo en el siglo XXI una intensificación muy marcada del trabajo, con el eslabón de la participación. Por el lado más claro, nos encontramos que por esa vía los trabajadores pueden sentirse más satisfechos, al aumentar su autoestima, porque se sienten partícipes de un proceso productivo; en ese sentido, a lo mejor algunas de las formas más penosas de alienación del trabajo que Marx estudiaba se van atenuando ahora, porque el trabajador se empieza a encontrar proyectado en un proceso productivo en el que tienen un espacio mayor para su propia creatividad.

Esta forma de organización de la producción que el libro de Tania muestra también dos aspectos: por un lado, se refuerza la acumulación de capital, pero al propio tiempo se va legitimando ante los ojos de los trabajadores la hegemonía patronal, que finalmente logra imponerse en el proceso productivo, hay una dominación que es aceptada por parte de los trabajadores, aunque por el otro lado, en la propia dinámica de los conflictos, al interior del proceso productivo, la lucha de clases no desapareció y a pesar de las particularidades que uno encuentra en la empresa que se ha estudiado, esas formas de contestación, de crítica, de rebeldía de los trabajadores está presente, a pesar de esa suerte de integración que se va dando, sobre las bases de la nueva tecnología y de las nuevas formas de organización de la producción. A mí me llamó la atención algo que está en el texto de Tania: cómo las demandas y las propias prácticas de los trabajadores, contestatarias, rebeldes, son como atrapadas por el patrón, que las va adecuando y su vez las hace una fuente de dominación.

En el texto llama la atención que esta nueva organización del trabajo no libera a los trabajadores como algunos sostenían en los 90, pero tampoco los apaga y los somete, no, los dejan en una suerte de penumbra y ese es el escenario de la redefinición de las luchas de clases al interior del proceso de producción. Ahora bien, la lectura del texto me ha hecho pensar que cuando uno empieza estudiando el materialismo histórico, se plantea la idea de que “el capitalismo se caracteriza por una contradicción clave”; por un lado, un creciente desarrollo de las fuerzas productivas que se van socializando de manera cada vez más profunda, pero que esto va chocando con la propiedad privada capitalista de los medios de producción, y se me ha ocurrido pensar que esa contradicción en el siglo XXI se concreta, por un lado, en ese desarrollo tecnológico tan avanzado con información y conocimiento, la organización del trabajo participativo, que sería la forma de expresión de ese desarrollo de esas fuerzas productivas, que choca en esta estructura de dominación jerárquica de producción, al interior de la empresa y es en esa tensión que se da, en ese nivel micro de la empresa, pero que también lo podemos encontrar a un nivel más macro e histórico.

Me ha llamado la atención, en la misma línea, la existencia de diferencias étnicas, dentro de la propia clase obrera de la empresa estudiada. Primera vez que he visto y se me ha abierto un mundo ante esto, la existencia de obreros blancoides y obreros indigenoides, por decirlo de alguna forma, mostrándonos una diferenciación étnica que en la visión tradicional que hemos tenido en la clase obrera en Bolivia, estaba borrada, este texto nos está planteando esa posibilidad que a lo mejor después podamos intentar extenderla para entender muchas de las prácticas de la clase obrera en Bolivia, ya a un nivel más macro.

Finalmente, yo vengo del campo de la economía y el método etnográfico es algo que en economía no se hace; lamentablemente, porque nos permite entender a profundidad aspectos que con otros métodos no se pueden entender, pero además el método etnográfico genera en mí una admiración muy grande porque es un compromiso con la investigación y esto es lo que el libro está reflejando, que yo personalmente no estaría en capacidad ni en condiciones de asumir, quizá los sociólogos están más habituados a esto, los que trabajan en el campo de la antropología lo hacen, pero me parece que es un trabajo de hormiga, de compromiso, de involucramiento que denota una pasión muy valiosa por la investigación, que tiene como valor más importante, el meter la dimensión humana sin perder la dimensión social, algo fundamental en las investigaciones que tienen que ver, especialmente, con el tipo de temáticas que trabajamos aquí.*Comentario al libro de Tania Aillón

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