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La jubilación, la clave de la rearticulación de los asalariados del país

Luego de 16 días de huelgas  de sectores de la COB, analistas explican la pervivencia durante dos semanas del conflicto por la naturaleza social de la demanda que pedía mejores jubilaciones.

La Razón / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:05 / 26 de mayo de 2013

Tras 16 días de movilizaciones de sindicatos de la Central Obrera Boliviana (COB) por la demanda de una mejora en las pensiones de jubilación, la organización determinó desmovilizarse el martes. Pero, ¿qué logró sostener por más de dos semanas las medidas de presión? ¿Fue en razón de una reivindicación popular? y ¿habría tenido la COB la misma capacidad de llegada con cualquier otra demanda? La clave fue la naturaleza de la petición, sensible a todos los asalariados.

La COB aceptó estudiar la propuesta gubernamental de reforma del sistema de pensiones y desde el martes se desmovilizó por 30 días hasta la firma de un acuerdo definitivo. La organización sindical ya había dado su aprobación a la Ley 065, de Pensiones, en 2010, pero desconoció ese acuerdo e inició las protestas.

“La demanda de la jubilación es muy sentida por la población, pues es muy delicada. Los trabajadores se dan cuenta de que están extendiendo su vida laboral activa más allá de lo conveniente y bien remunerado”, afirma el investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA) Carlos Arze.

Estos 16 días de conflictos estuvieron marcados por una mayor intensidad en algunos días, así fue el 9 de mayo, cuando los trabajadores movilizados de la mina Huanuni hicieron volar, con dinamita, una parte del puente de Caihuasi, en la carretera Oruro-Cochabamba. Tras este incidente, la Policía intervino para desbloquear el área. En la tarea 16 personas resultaron heridas y 337, arrestadas. La no liberación de estos detenidos fue utilizada por la COB como motivo para no dialogar.

Para contrarrestar, el presidente Evo Morales convocó, el jueves 16, a sus bases a movilizarse “en defensa de la democracia y el proceso de cambio”. Esto fue interpretado como un llamado a la confrontación, aunque finalmente eso último no sucedió y se convirtió en una gran concentración en La Paz, el jueves.

El sociólogo Fernando Mayorga también cree que es la naturaleza de la demanda la que convocó a las movilizaciones pues “involucra a todos los sectores”. Lo que la COB hace es “unir demandas” que involucren a la “mayor” cantidad de sectores. “En este caso, la renta de jubilación interesa a todos los asalariados”.

No obstante, también explica que la estructura centralizada de la COB influye en el éxito de la huelga. Señala que hay tres rasgos del sindicalismo boliviano que logran una fuerza potencial de movilización: “la afiliación obligatoria, que no pueda haber más de un sindicato por sector y su red organizativa que va de la base  federación y la confederación”.

El ministro de Gobierno, Carlos Romero, no cree que hubo contundencia en el paro y explica de otro modo la duración de las protestas. “Se había polarizado el debate y también politizado. Generalmente, en ese tipo de diálogo siempre hay una capa de catarsis donde se plantean las observaciones de uno y otro lado, luego estuvieron las observaciones técnicas. Ambas cosas prolongaron el conflicto”.

El periodista vinculado a la lucha por los derechos humanos Remberto Cárdenas interpreta la “unión de los diferentes sectores” de la COB y el sostén de las movilizaciones por más de dos semanas sólo en el carácter reivindicativo de la exigencia. “Aunque sólo se puede hablar de una unidad en la acción de los asalariados, porque las diferencias entre los que apoyan al Gobierno y los que están en contra continúa”.

El magisterio, los salubristas, los administrativos de las universidades públicas y los mineros acataron los 16 días de paro. Los fabriles no lo hicieron. El Gobierno ratificó, al día siguiente del cuatro intermedio de 30 días, que habrá descuentos por cada día no trabajado.

En este conflicto han estado juntos los profesores de La Paz, sectores dirigidos “por el Partido Comunista Boliviano (PCB) y el Movimiento Al Socialismo (MAS) más allá de declaraciones o de lo que se haya dicho del Partido de los Trabajadores”, dice Cárdenas (hay que mencionar que en cierto momento el Gobierno acusó a la COB de movilizar a su gente para que el conflicto sea una plataforma de lanzamiento de su partido para la elecciones de 2014).

En general, lo que sucedió es “el descreimiento (sic)” de los asalariados respecto del gobierno de Morales, afirma Arze. Quienes esperaban cambios importantes, poco a poco “se desilusionaron”, pues el Gobierno “no ha demostrado querer hacer grandes cambios”.

En ese sentido, el requerimiento de “una mayor certeza” sobre la dirección del Gobierno, “que favorece sólo a los campesinos medianos”, y un pedido popular han permitido que los sindicatos pueden haber mantenido la presión con sus afiliados, analiza Arze. Este último razonamiento resta mérito a la convocatoria de la COB en favor de la demanda por una mejor jubilación.

Arze cree que, “lastimosamente”, va a haber una diferencia entre las bases frente a los resultados efectivos que se van a lograr con la movilización (“que van a ser muy limitados, básicamente promesas”). Todo a causa de una “burocracia sindical” que está “enquistada” en la conducción sindical hace mucho tiempo y está ligada al MAS y con algunos partidos como el PCB, el que “tradicionalmente ha jugado en contra del crecimiento de la COB y de un cambio revolucionario en el país”.

Para Mayorga, la relación del Gobierno y la COB ha sido compleja desde 2006. Se tradujo en movilizaciones “muy fuertes” como la demanda salarial que ha sido “tal vez más radical que ésta última”, mientras que por otro lado hubo cuestionamientos a la dirigencia por su “cercanía al MAS”. No obstante, el partido de Gobierno viene del “seno sindical, por lo cual hay mayor margen de negociación”, lo que imbrica aún más la relación, a pesar de que el cuarto rasgo del sindicalismo nacional (ya se mencionaron los tres anteriores) es “la independencia sindical que siempre es reivindicada por los dirigentes”.

Visión del Gobierno. Romero es concluyente: no cree que se haya podido “consolidar un acuerdo”. La COB todavía apuesta a “generar un escenario de fuerzas que le sea favorable”, a lo que responde su prórroga de 30 días en “estado de emergencia”.

La autoridad resalta que dentro del ente sindical hay posiciones que “no son uniformes”, algunos son más radicales (“sobre todo las de los magisterios de La Paz y Cochabamba”) y han perjudicado a la COB, pues un “movimiento reivindicativo” quiso ser convertido en uno de “alteración del orden”, lo que le hizo perder la dirección del conflicto. Por ello considera que “hay que discutir el rol de la COB” dentro del proceso de cambio, “siempre dentro de su independencia sindical”.

Desde la COB. El secretario de Educación y Cultura de la organización de los trabajadores, Adolfo Montoya, afirma que la movilización no fue política, sino “reivindicativa” y recuerda que desde la gestión actual “se encaró una tesis política que rechaza toda injerencia política”, como réplica a la afirmación de Arze, quien afirma que la COB, en los niveles dirigenciales, es cercana al Gobierno.

Este punto también es considerado por Romero, quien cuestiona que “aún (la COB) no tenga un posicionamiento claro respecto del proceso de transformaciones que vive el país”.   Montoya sugiere que sí “hay una posición clara”, pues se hizo propuestas para la Ley de Pensiones, la Ley General del Trabajo y la reactivación del aparato productivo, “tres pilares fundamentales y cambios estructurales para el proceso que engloban a todos los asalariados”.

Todos pierden. Si bien habrá que esperar qué sucederá una vez que culmine la pausa de conflictos de un mes, ¿quien ganó y quién perdió hasta el momento?. Según Arze, pierden ambos: el Gobierno, porque los asalariados, que veían en el ascenso del MAS a sus propios representantes, ahora “descreen (sic)” en él. Sin embargo, también “la COB va a perder”, dice. “Será un golpe duro para ellos, pues van a lograr sólo promesas”; además de las consecuencias de ciertas medidas de “corte fascista” que “ha adoptado” la administración Morales al penalizar la huelga y afirmar que habrá descuentos por día no trabajado.

Cárdenas contesta a esta pregunta en términos similares. El Gobierno pierde, pues retrocede. Menciona que en determinado momento Morales dijo que no se iba a cambiar “un solo artículo de la Ley de Pensiones” y para la tregua anuncia que se modificarán 16 (además de 18 del Decreto 0822). “El conflicto también hace manifiesta una alianza oficialista con los empresarios.

¿Por qué no les obliga  a aportar para la seguridad social?”. Luego, sostiene que “éste no es el Gobierno por el que la gente votó, en lo cual me incluyo”. La COB también perdería, “pues se intentará dividirla o crear una instancia paralela”.

Mayorga, por otro lado, tiene una idea “más general” que puede servir de conclusión. Explica que pese a la concentración de recursos de poder que tiene el Gobierno (Asamblea Legislativa, alcaldías o gobernaciones) y “un fuerte lazo con las organizaciones sociales”, existe una capacidad de “acción autónoma” de la sociedad que se expresa en movimientos sociales o pueblos indígenas en el Territorio Indígena y Parque Natural Isiboro Sécure (TIPNIS), movimientos ciudadanos y “estos actos de protesta sindical de aliados del Gobierno”. Sucedió con el “gasolinazo” y con las ocho horas de los médicos. “Este conflicto tiene esa lógica: el Gobierno toma una decisión, hay un acto de rechazo, una negociación y un Gobierno que flexibiliza su postura”. El tema final es que el Gobierno “no toma sólo las decisiones”, pues la sociedad se moviliza autónomamente.

Está en discusión la última propuesta del Gobierno: una renta solidaria de vejez de Bs 4.000 para los trabajadores mineros y Bs 3.200 para el resto de los asalariados. Además, una jubilación con el 70% del referente salarial a partir de los 30 años de trabajo en el caso de los mineros y 35 años para el resto de los obreros, sobre las últimas papeletas.

‘No se consolidó plenamente un acuerdo’: Carlos Romero es ministro  de Gobierno

De alguna manera se había polarizado y también politizado el debate mediático. Generalmente, en ese tipo de diálogo siempre hay una capa de catarsis donde se plantean las observaciones de uno y otro lado, luego estuvieron las observaciones técnicas. Ambas cosas prolongaron el conflicto. No hubo posibilidad de consolidar plenamente un acuerdo.

‘Los trabajadores estamos desencantados’: Adolfo Montoya es secretario de Educación y Cultura de la COB

Los trabajadores estamos desencantados con el Gobierno, (éste) ha dejado de ser la expresión de los asalariados del país. Al principio creímos en el proceso de cambio. Las movilizaciones de la semana pasada no fueron políticas, sino reivindicativas; tienen un carácter estructural, por lo que hemos tenido una buena aceptación y los sectores se sumaron a la demanda.

‘Hay descreimiento en el Gobierno’: Carlos Arze es economista

Hay descreimiento (sic) en la gente respecto al Gobierno de Evo Morales, del que esperaban cambios importantes, pero poco a poco ha demostrado que no está dispuesto a modificar las condiciones de los asalariados que han prevalecido desde la época neoliberal. En cuanto a la COB, habrá una diferencia entre dirigencia y bases, a causa de una burocracia sindical ligada al MAS.

‘COB está en proceso de desideologización’: Remberto Cárdenas es periodista

La COB está en un proceso de desideologización con ideas a veces muy contrarias a las sindicales y cercanas a las neoliberales. Si bien la movilización ha sido un triunfo para los trabajadores y sus reivindicaciones, el problema no ha sido resuelto. Por otro lado, el Gobierno ha puesto de manifiesto que no es ese Gobierno por el que votamos, sino el de los campesinos medianos.

‘Relación del Gobierno y la COB es compleja’: Fernando Mayorga es sociólogo

La relación entre el Gobierno y la COB es compleja, ha tenido la siguiente complejidad: han habido años en que la demanda salarial ha resultado en movilizaciones muy fuertes y tal vez más radicales que ésta última, mientras hay cuestionamientos a la dirigencia cobista por su cercanía con el Gobierno, el cual precisamente tiene una relación directa con los sindicatos.

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