Animal Político

Esas lenguas picantes en Carnaval y otras fiestas

La Razón / Rubén D. Atahuichi López

00:00 / 26 de febrero de 2012

Que si Evo Morales cantó sus coplas alusivas a las mujeres a corriente del Carnaval que agoniza, no es argumento suficiente para librarse de las críticas en tiempos en que el poder político se jacta de propiciar la lucha contra la discriminación y el racismo.

Que pida/ofrezca disculpas públicas por el improperio musical de contrapunto típico de Cochabamba, que lo haga ante el dios Momo, el Tío de la Mina y otras deidades. Así se resume la molestia por ese coro que el Viernes de Ch’alla sorprendió.

Que ministras sin calzones o “bartolinas” (mujeres de la Confederación de Campesinas) para la cama... (No quiero reproducir las letras carnavalescas).

Que las mujeres siempre sean las aludidas con burlas, ya preocupa, no solamente a parte de ese segmento poblacional mayoritario en el país (al respecto, las “bartolinas” no se expresaron todavía), sino a muchos ciudadanos.

No es la primera vez que el Mandatario se refiere a ellas con ironía. Antes había dicho que algunas (las beneficiarias del Bono Juan Azurduy de Padilla) le “agradecían” diciendo “Evo cumple”, que los jóvenes del Chapare conquistaran a las mujeres indígenas yuracarés para facilitar la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos o que, en muchos casos, los soldados huyen a los cuarteles para evitar responsabilidades con las jovencitas embarazadas que suelen dejar al otro lado de los muros militares.

Ni lo otro. Algunos opositores se rasgan las vestiduras diciendo que Morales habla así “porque no tiene mujer” o “que se case” para conocer el sentimiento de una mujer, como si el matrimonio fuera el antídoto ante un mal que aqueja a nuestra sociedad: machismo o misoginia. Hasta pidieron un informe a la ministra de Comunicación, Amanda Dávila, sobre las coplas, como si con las pesquisas sobre quién las compuso o quiénes la cantaron pretendan resolver el problema social.

Sin embargo, sin pretender librar de culpas a los carnavaleros del Palacio de Gobierno, la tradición boliviana tiene coplas con más picardías y groserías. Claro, otra cosas es que las canten los políticos.

Quizás sirva el mal ejemplo para tomar conciencia en sentido de que en el país, con las leyes en vigencia, hasta esas canciones picarescas tienen que sumarse al cambio.

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