Animal Político

La levitación política

El lugar, la coyuntura, el contexto, la problemática singular que atravesaba la URSS (de Lenin), en ese entonces, no pueden compararse con el lugar, la coyuntura, el contexto, la problemática que atraviesa hoy el Gobierno progresista en Bolivia.

La Razón (Edición Impresa) / Raúl Prada Alcoreza

00:06 / 01 de noviembre de 2015

Los discursos adquieren su sentido inaugural en un lugar, en un contexto determinado, en una coyuntura singular. Emergen, no como fantasmas, ni como abstracciones; eso viene después, como generalización y universalización. Sin embargo, esta generalización y universalización, esta ascensión a lo abstracto no podría efectuarse sin la experiencia matricial, de la que emerge, bañada de sensaciones, imaginaciones primordiales, codificaciones y racionalizaciones integradas a la percepción.

Por eso mismo, es indispensable contextuar los discursos, las teorías, las posiciones políticas; de lo contrario, si no se hace eso, contextuar, relacionar los discursos y las teorías en uso con su lugar, contexto, momento, coyuntura, experiencias concretas, se termina levitando sin pisar la tierra, en el sentido de sin ubicarse en el espacio-tiempo. Este oficio de descontextuar es aprovechado para citar a autores de la manera más ligera, usando fragmentos de sus discursos, en beneficio de los intereses, que se dan, en el campo de fuerzas, en otro lugar, en otro contexto, en otra coyuntura, en otro tiempo; por lo tanto, en otra realidad, para la que, posiblemente, lo que se cita ya no tenga nada que decir.

Este abuso va en detrimento tanto del autor citado y de su obra, que, obviamente, no es responsable del uso extemporáneo y descontextuado que se hace de su pensamiento y sus posiciones, tampoco de la interpretación del tema, tópico, realidad, que está en cuestión o en discusión, en otro momento, en otro lugar, en otro contexto y en otra problemática. No sirve ni para reivindicar al autor, tampoco sirve para decir algo sobre la problemática en cuestión. Más bien, se demuele y menoscaba lo que tenía de sentido histórico-político y de significación política del discurso del autor citado. Se lo convierte en mono de naipe para ocupar los lugares vacíos, reemplazables.

Esta es la pobreza de la argumentación política populista, al querer justificar, de las maneras más insólitamente estrambóticas los diletantismos descarnados y extravagantes de un gobierno progresista, que dice luchar contra el capitalismo; sin embargo, es el principal promotor del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. Dice ser antiimperialista; sin embargo, no duda en ir por inversiones de capital a la sede más conocida del imperio. Con esto, lo que hace el gobierno populista es mostrar por enésima vez, no solo su diletantismo, sino su miseria “ideológica” y política. En este caso, la “ideología”, que es la formación discursiva de legitimación institucional, es vaciada de lógica, de construcción argumentativa, de reflexión, de raciocinio, hasta dejarla tan exhausta, que lo único que le queda es el pellejo arrugado y enfermo, que a lo único que atina es dar alaridos incomprensibles.

El Vicepresidente ha citado a Vladimir Ilich Lenin para justificar el viaje de una delegación de alto nivel, encabezada por el Presidente, para participar en el foro “Invirtiendo en la nueva Bolivia”, realizado en Nueva York. El Mandatario ofreció seguridad jurídica a los inversionistas, que se concentraron en el evento. Dijo: “Yo quiero decirles que en nuestra gestión aprobamos tres leyes importantes en el tema de inversión: la Ley de Empresas Públicas; la Ley para Incentivar la Inversión y la Ley sobre Arbitraje y Conciliación acordada con los empresarios”. ¿No son estos dispositivos para atraer el capital extranjero, que es el fetiche de todas las burguesías o lumpen-burguesías de las periferias del sistema-mundo capitalista? ¿Qué hay de diferente en este comportamiento subordinado? Hayan empleado distintos matices, en un discurso demandante, los liberales, enamorados del libre mercado; los nacionalistas, enamorados de la industrialización; los neoliberales, enamorados de la libre empresa, los populistas del siglo XXI, enamorados del desarrollo y el progreso. ¿Acaso se diferencia tanto en ésta su concepción economicista, por lo tanto fetichista, que combina los juegos monetaristas, las obsesiones mercantilistas, el delirio por el capital financiero, otorgándole la magia de la inversión y sus efectos multiplicadores?

Como se puede ver, a pesar de sus diferencias discursivas, incluso “ideológicas”, liberales, nacionalistas, neoliberales y populistas comparten el imaginario del fetichismo del capital. Creen que el capital es un monto, una cantidad, mejor si es grande, que puede distribuirse en una estructura clasificada de inversiones. Esta mentalidad de contables, pues no han salido de los estrechos criterios de la contabilidad, es la que conmensura el crecimiento del capital. Olvidan, si es que alguna vez han tenido alguna vaga idea, de que el capital es expropiación de fuerza de trabajo, de energía humana y dominación taxativa sobre la naturaleza. Son estos embelesados por el brillo del capital, en sus imaginarios extraviados, aunque reducidos al espejo de vitrina de los objetos del capital, los que creen que pueden decir cualquier cosa, como usar citas descontextuadas, para justificar diletantismos sumisos al imperio, aunque se desgarren las vestiduras con trasnochados discursos antiimperialistas, hablando de una forma de imperialismo que ya no está; empero, no dicen nada de la forma del imperialismo presente, el orden mundial, el dominio del capital financiero y la aplastante expansión destructiva del capitalismo extractivista.

NEP. La Nueva Política Económica (NEP) se institucionalizó en el Décimo Congreso del Partido Comunista de la URSS. Se promulgó por decreto el 21 de marzo de 1921, relevando a la Prodrazvyorstka [ruso, confiscación de grano] por la Prodnalog [impuesto sobre los alimentos]; en sustitución de los embargos de bienes alimenticios, vinculados a un impuesto fijo, que se paga en forma de especies. La NEP admitió que pequeñas empresas funcionaran con el objeto de incentivar la economía agraria, aceptando, de manera acotada, el beneficio privado; en tanto que el Estado continuaba con el control del comercio exterior, los bancos y las grandes industrias. En concreto, después de la culminación de la guerra civil, después de la victoria del Ejército Rojo sobre los ejércitos imperialistas intervencionistas, que apoyaban a los rusos blancos, la NEP sucedió a las políticas del comunismo de guerra; estrategia provisional, que fue asumida en la emergencia de la guerra y en defensa de la Patria Socialista.

Las leyes autorizaron la coexistencia de los sectores público y privado, que fueron incorporados en la NEP. Lenin justificó la introducción de la NEP, en el contexto de la transición y a causa del costo de las guerras, mostrando que las grandes industrias pesadas, las fábricas, que producían carbón, hierro, electricidad, continuarían estando bajo el control estatal. La NEP también liberó restricciones comerciales y buscó reanudar alianzas con países extranjeros.

Como se puede ver, el lugar, la coyuntura, el contexto, la problemática singular que atravesaba la URSS, en ese entonces, no pueden compararse con el lugar, la coyuntura, el contexto, la problemática, que atraviesa el gobierno progresista en Bolivia. ¿Por qué usar a Lenin en la demanda angustiada de capital por parte del gobierno populista? ¿Recurrir al prestigio bolchevique para barnizar con sus símbolos un incongruente e incoherente proyecto económico, que lo único que tiene de asidero, es la continuidad del extractivismo?

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