Animal Político

Tres libros con el mar como destino

Alrededor del fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), declarándose competente para conocer la demanda boliviana, tres libros merecen comentarse por la calidad de los autores y la sustancia de sus escritos: ‘Promissio est servanda’, ‘Un mar de promesas incumplidas’ y ‘El mar dentro de nosotros’.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco

00:00 / 28 de diciembre de 2015

El 24 de septiembre de 2015, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) hizo conocer su memorable fallo declarándose competente para conocer la demanda boliviana. Alrededor de aquella sentencia, tres libros merecen comentarse por la calidad de los autores y la sustancia de sus escritos.

FERNÁNDEZ. Promissio est servanda (Lo que se promete, se cumple), de Sergio Alberto Fernández, docente de la Academia Diplomática Plurinacional. En 225 páginas ágiles y de fácil lectura discurre “la integración marítima en la política exterior boliviana, desde sus inicios hasta la demanda ante La Haya”. Fernández se ocupa de examinar los prolegómenos históricos que desembocaron en la agresión chilena de 1879, la ocupación del litoral y su subsiguiente anexión a Chile. Esa secuencia está respaldada por los instrumentos internacionales suscritos en la época, hasta el fatídico Tratado de Lima de 1929 y su nefario protocolo complementario. El capítulo III reviste capital importancia por repasar los diversos intentos de la política externa nacional por recuperar la cualidad marítima, enfatizando el romántico “abrazo de Charaña” y el “enfoque fresco”, que poco tenía de novedad. El capítulo IV acerca de la denominada “diplomacia de los pueblos” es un subtítulo equivocado para relatar las peripecias ocurridas desde 2006. Por fortuna, ese esfuerzo gubernamental culmina con la demanda marítima ante la CIJ. Fernández, con apropiada razón acude a la activa participación de Perú, como la inevitable “tercera pata del trípode”.

En sus “reflexiones finales y posibles acciones a tomar”, Fernández formula atinadas recomendaciones, fruto de su experiencia en el ramo y de su patriótico entusiasmo.

GUZMÁN. Promesas incumplidas. Estuve en la presentación de Un mar de promesas incumplidas, que abarca en 558 páginas “la historia del problema marítimo boliviano (1879-2015)”, obra redactada laboriosamente por Andrés Guzmán Escobari, durante años de estudio y cuidadosa investigación, cuyo rigor metodológico se atisba desde la primera hasta la última hoja. El recuento de las 55 promesas formales e informales que el autor registra en su sorprendente anexo 13, en perfecta tabulación, es realmente la novedad de su libro, por cuanto hasta hoy únicamente se manejaban 12 ejemplos de la impostura chilena. Guzmán Escobari, pacientemente desmenuza cada una de ellas, para rematar en la posición sostenida por Bolivia ante la CIJ, alegando los actos unilaterales de los Estados. No obstante, el valor de sus pesquisas de las recurrentes promesas incumplidas por Santiago, es preciso detenerse en algunos párrafos (página 479 y siguientes) sobre “la actitud de las partes y las lecciones de la historia” donde apuesta por la voluntad política que Chile, Perú y Bolivia deberían emplear para lograr un desarrollo integral del entorno de Arica, si por ese espacio llegara a plasmarse la reclamación boliviana de una salida directa y soberana al océano Pacífico. Aludiendo a la “obligación de negociar”, el autor recuerda que Bolivia también debería negociar de buena fe y, para ello, comprender que para obtener el objetivo final es preciso “ceder y que todos los participantes del arreglo deben beneficiarse”. De acuerdo, ¿pero cuáles son, en este negocio, las expectativas de cada cual?

Al referirse al artículo 267 de la Constitución, se cree que pese a las “oportunidades perdidas”, Bolivia sostuvo una conducta coherente para acceder al Pacífico siendo ese el “objetivo permanente e irrenunciable del Estado boliviano”. Digresión sensata es el rol que corresponde a Perú en este centenario pleito, cuyas veleidades el autor apoda como “la congoja del tercer involucrado”.

Otro capítulo examina “las lecciones dejadas por las negociaciones” y aunque no lo dice, creo que Guzmán Escobari piensa que en política externa Bolivia debe pasar de la tendencia nefasta de las “buenas gestiones” a una diplomacia de resultados. Es costumbre que los negociadores, ante los primeros avances positivos de una gestión, hipertrofien su tarea y antes de culminar el trámite ofrezcan ufanos sus pechos para las condecoraciones, por la gestión de un trámite inconcluso. Por ello, se recomienda “la continuidad y la idoneidad de los negociadores”. Se aconseja guardar reserva en la información, prudencia de que carecen nuestros gobernantes, cuya incontinencia verbal acarrea repetidos tropiezos en los senderos diplomáticos.

Termina Guzmán Escobari con una nota de optimismo; invocando la voluntad política de Chile, añade: “Con inteligencia y creatividad es perfectamente posible asegurar un porvenir más armonioso y pacífico para las futuras generaciones, en el que este mar de promesas incumplidas sea solo el recuerdo de un problema” que también representa “la mejor prueba de que todo se puede lograr con voluntad y buena fe”.

SALAZAR. El mar dentro de nosotros. Tanto por la forma cuanto por sus aportes, seguramente es para Fernando Salazar Paredes su opus magna sobre el tema. Se trata de una edición empastada de tapa dura y mayúsculo formato que aprieta 669 páginas de “ensayos, lecturas y precisiones sobre política marítima boliviana”. El autor, cual revela, siguió de cerca como actor u observador esta temática por más de 30 años, así explica en su proemio. Ese introito de ocho folios, sería —en realidad— la parte sustancial de la obra, por cuanto el resto es la colección de sus escritos que, en gran parte, ya los leímos en la prensa local. Es en efecto “una hoja de ruta” del espinoso camino recorrido por la diplomacia nacional por un interminable trillo cuya meta todavía no se vislumbra. Salazar lo confirma: “Más de un siglo ha pasado desde la pérdida de nuestro litoral y, en términos reales, no hemos avanzado nada”, aunque luego me cuesta entender esta reflexión: “El proceso de acumulación de soluciones imperfectas o aparentemente incompletas puede, a la larga, desembocar en la solución perfecta”.

Con referencia al diferendo que actualmente se ventila en la CIJ, el narrador se preocupa que “esta vía contenciosa podría cerrar definitivamente la posibilidad de negociar a posteriori un acceso libre al Pacífico, en caso de que no tengamos éxito”. Por lo tanto, Salazar privilegia más la vía política que la jurídica.

También critica al actual Canciller por aferrarse a un pensamiento colonial, “siempre dependiente y reactivo” cuando aquél afirma: “Estamos esperando propuestas” de Chile, denotando ser “dependiente de lo que Chile proponga para un asunto que es de nuestro interés”. Idéntica postura dice que se asume sobre las frías relaciones con Estados Unidos.

Más adelante, bajo el logo “hay que usar la imaginación”, esboza tres propuestas concretas como solución al problema marítimo: a) “un enclave soberano en territorio de Perú, cuya premisa es necesariamente el canje territorial ; b) La instauración de “un área macrorregional trinacional integrada”, que comprendería los intereses convergentes de Perú, Chile y Bolivia; c) La cesión por parte de Chile de “una costa marítima libre, útil con supremacía territorial conectada al territorio boliviano”. Salazar expone ampliamente las razones y proyecciones para cada ponencia.

Es recomendable detenerse en el prólogo redactado por Jorge Gumucio Granier y en la relectura de los demás artículos insertos, donde su afilada pluma hiere letalmente a varios servidores públicos que no son de su predilección, pero que los critica con precisión quirúrgica. Resalta también una carta del expresidente Hernán Siles Zuazo, en la que pondera la habilidad diplomática de Salazar como representante en la OEA, defendiendo los intereses nacionales.

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