Animal Político

Algo más que un líder

Luis Fernando Camacho nos enseñó más de lo que pudo imaginar.

La Razón (Edición Impresa) / Édgar Méndez Justiniano es politólogo

00:00 / 20 de noviembre de 2019

Algunos meses atrás era ilógico e inconcebible pensar que el MAS dejaría de gobernar nuestro país, parecía que los bolivianos estábamos resignados a vivir bajo reglas de juego trazadas por el partido de gobierno, pues ellos manejaban todos los poderes del Estado. Con experiencias similares en países hermanos como Venezuela, esto hacía creer que el destino del país estaba escrito. Pensar en un liderazgo de unidad, de oposición que aglutine a todas las fuerzas disidentes en pro del respeto de las leyes y la democracia era casi imposible. Pero lo que parecía imposible para muchos, un boliviano común lo consiguió, con una sola arma, más poderosa que los fusiles, el dinero y las influencias: la fe en un ser supremo que todo lo ve.

Luis Fernando Camacho nos enseñó más de lo que él mismo imaginó o soñó. El plan de Dios es tan divino que elige a seres imperfectos para hacer sus milagros; nos enseñó a luchar por nuestros ideales, marcó un camino para los jóvenes que eran apáticos a lo que sucedía. Pese a ser de clase media alta, nos enseñó a ser humildes y tratar a todos por igual, nos demostró que siendo claros en nuestros mensajes podemos romper muros de concreto y de corazones.

Tras unas elecciones fraudulentas, los bolivianos decidimos que la lucha no debía ser solo de un partido sino de todos. Ante la ausencia de un liderazgo regional nuevo en Santa Cruz, que no represente caudillos al igual que el tirano, nos alineamos detrás de un gran líder como es Camacho, joven de 40 años, profesional, presidente del Comité Cívico pro Santa Cruz, mística institución cruceña referente de lucha de reivindicaciones sociales, como la del 11% de regalía petrolera, la elección de alcaldes municipales, las autonomías y la elección de prefectos, entre otras.

Luisfer, como se le llama con cariño, predicó con el ejemplo, hizo vibrar a más de 2 millones de corazones con grandes hechos, como el no negociar sus valores ni principios, cuando lo tildaron de loco por pensar en llevar al motor económico de Bolivia a un paro cívico indefinido, cuando habló de alimentar a todas las familias con ollas comunes, cuando no se lo dejó llegar a La Paz, cuando se creyó que todo había terminado al pasar las 48 horas de plazo que se le dio al Presidente para renunciar, cuando su único objetivo fue cumplir con el mandato que le dio el cabildo cruceño, el de no volver sin la carta de renuncia de Evo Morales.

21 días de paro cívico fue muy duro para Santa Cruz, Potosí y el resto del país, que paró porque creyó que era la mejor forma de hacer escuchar su molestia por los constantes abusos que vivimos; sin embargo, estos días fueron tiempos de unidad y hermandad entre los bolivianos, en el que los vecinos nos conocimos en las calles, estrechamos lazos de amistad sincera, donde se trabajó de forma solidaria con ollas comunes en todos los barrios y provincias, buscando colaborarse los unos a los otros y afrontar estos días difíciles. Aguantamos días, que después se convirtieron en semanas, todo por perseguir un sueño, una pequeña luz al final del túnel que nos prometía una Bolivia diferente y unida. Es claro que este gran proyecto no fue fruto de una sola persona, sino de un gran equipo que trabajó arduamente en el comité, empresarios que no dudaron en apoyar con insumos para alimentar a la población, vecinos que echaron mano de sus víveres para compartir con los demás, jóvenes autoconvocados que hacían vigilia en las instituciones, y así todo un pueblo que supo respaldar a su líder.

Nos llevó a un tiempo nuevo, un tiempo de efervescencia, donde ocupamos primero las calles y después las instituciones para devolver la soberanía al pueblo.

No nos contentamos con el “lo intentamos” sino con el “lo logramos”, que lejos de quedarnos inmóviles en nuestras casas, esperando que nuestros representantes resuelvan todo, supimos asumir el protagonismo que nos tocaba y nos hicimos presentes, y cambiaron las cosas porque de repente recuperamos nuestra convicción, nuestra iniciativa, nuestra capacidad de influir en el devenir político, el control en definitiva de nuestras vidas.

Lo mejor está por venir, queda muchísimo por hacer, pero eso lejos de ser un reto abrumador, un peso asfixiante, es un reto maravilloso que nos mantiene con la frente en alto, buscando la mirada de nuestro hermano boliviano, convencidos de que las cosas van a cambiar y no hay quién lo pare. Luisfer no solo demostró que la fe mueve montañas, volvió a mostrar al mundo que se puede derrocar tiranos sin disparar ni una sola bala. Estoy seguro de que Dios tiene un plan para esta gran nación ubicada estratégicamente en el centro de Sudamérica, pues una bendición como esta no es coincidencia, es porque algo grande está por venir.

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