Animal Político

El lío de los espadines y el meollo de Mealla

La Razón / Ernesto Calizaya / La Paz

00:00 / 15 de julio de 2012

De por sí, el título de esta columna puede dar lugar a una sonrisa, más entre quienes vieron de cerca la polémica que surgió tras la publicación de una serie de notas periodísticas sobre la investigación que realiza la Fiscalía en torno a las irregularidades que girarían sobre la contratación de 300 espadines para el Colegio Militar.

Bueno, resulta que esas notas las hizo un colega de este medio de comunicación, Luis Mealla, y más que acentuar el color al apellido del general Félix Rojas, involucrado y ahora imputado en ese caso, terminaron exaltando al abogado defensor del jefe militar. Moisés Ponce de León, el leguleyo, llegó a enterarse de la imputación por medio de La Razón, él mismo lo admitió, y, claro, debió haber recibido la voz de mando para que consiga ese documento sobre el pucho, cuando los juzgados estaban en vacación, jueces y auxiliares en invierno como escolinos, por lo que no tuvo otra que descargar su “imputación” contra Mealla.

“Descargos”, “daño”, “mentiroso”, “campaña de desprestigio”, “intereses personales” y “algo oscuro” son algunas de las palabras que se lanzaron contra el compañero periodista, aunque lo que le debió haber llegado como un sablazo, tal vez espadazo o por lo menos como pinchazo de espadín, fue el anuncio de acciones legales en su contra por el sólo hecho de publicar información que es pública y tiene todo el sustento documental requerido.

Un hombre de leyes, jurisconsulto en lengua de los que tienen la lengua como herramienta de trabajo, además de códigos y papeleos, pudo haber entendido que no se le estaba enjuiciando ni sentenciando a su patrocinado in limine, o sea de entradita, por lo que no correspondía  procesar a Mealla, menos acusarle de tener un meollo dirigido a mellar o a “meallar” la dignidad del señor general Rojas.

Obvio, ipso jure (de pleno derecho) o ipso pucho, Mealla podría defenderse, pero el mismo Rojas tuvo que cuadrar las cosas y suavizar el asunto diciendo que su abogado se iba a retractar, que estaba sorprendido por esas declaraciones. Además, la ultima ratio iudex (último argumento jurídico) sería que no tenía por qué ofenderse Ponce como si le hubieran tocado las nalgas a su hermanita. Pero como él aún no se retractó, mejor me retracto yo por esta columna, pues no vaya a tocarme también el sablazo.

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