Animal Político

La lógica de promover cupos discriminatorios

Un joven de escasos recursos de un barrio suburbano, que además de no tener medios también tiene miedo a asistir a un examen en la Policía, ¿no se sentirá discriminado? Claro que sí. Y lo peor es que la discriminación la ejerce una institución que está encargada de hacer cumplir la ley.

La Razón / Baldwin Montero

11:40 / 02 de mayo de 2012

Como parte de una campaña contra la discriminación, una cuña radial convoca a vetar expresiones como “día negro” o “viernes negro” y sugiere alternativas para decir que las cosas no salieron bien porque supone que cuando usamos ese tipo de expresiones, en el fondo discriminamos a la gente de piel oscura.

No sé ustedes, pero cuando escucho esas frases o cuando alguna vez las pronuncié jamás pasó por mi mente semejante disparate. Desde que recuerdo relacioné el “negro” de esas expresiones y otras parecidas con la oscuridad y la incertidumbre que conlleva, con la noche, la muerte, la tragedia, quizá con el abismo, pero jamás con el color de la piel de nadie.

Por el contrario, hasta hace unos años el encontrar a una persona de piel oscura era una señal de buen augurio y generalmente el momento estaba acompañado por un pellizco y la expresión “¡suerte, negrito!”. Y es que como no era común ver a un afroboliviano en las calles, su presencia era celebrada como una buena señal.

Según publicaciones especializadas, el término “Black Friday” o “viernes negro” se acuñó en Estados Unidos, en alusión a las avalanchas de consumidores que provocan los descuentos del día posterior al de Acción de Gracias. Entonces, los comercios ven la oportunidad de convertir las pérdidas, marcadas por puntos rojos, en ganancias representadas por puntos negros. Las primeras menciones se dieron en Philadelphia en 1965.

En otros países relacionan la frase,  que incluye un periodo de tiempo y la palabra negro, con hechos negativos, como ocurre en Bolivia con el caso de “octubre negro”, que recuerda a la represión que en 2003 dejó más de 60 muertos. En Venezuela ocurrió con el viernes 18 de febrero de 1983, cuando, en medio de una fuerte recesión económica que condujo a la primera devaluación de la moneda nacional, el presidente Luis Herrera Campins instituyó un control de cambio diferencial y se dejaron de vender los dólares libremente.

Por eso, decir que “viernes negro” es una frase discriminatoria es tan descabellado como pensar que “tiro al blanco” también lo es. ¿El objetivo es el hombre blanco? ¿Hay que apuntar al blanco? ¿Matar al blanco? ¿Tirarse al blanco? Por favor, ni lo uno ni lo otro, simplemente lo que es: tiro al blanco, como lo es viernes negro.

La discriminación no está en esas frases, está en hechos más concretos y relevantes como el programa que promovió el Comando de la Policía para meter por la ventana a 54 postulantes a la universidad de esa institución con el argumento de que merecen un trato especial por ser “interculturales”.

En un comunicado oficial, el general Jorge Santiesteban explicó que se había tomado esta decisión “considerando que algunos reprobaron y el temor de otros postulantes del área rural a los exámenes de admisión”.

O sea que, por el simple hecho de ser “intercultural” uno puede aplazarse y aún así aprobar un examen o pasar por alto la prueba porque le tiene miedo. Entonces, como el resto no es privilegiado, tiene no más que cumplir con todos los requisitos. ¿Esto no es discriminación?

La mejor vacuna contra la discriminación es el trato igualitario. En consecuencia, los cupos privilegiados por alguna condición específica son discriminatorios.

Por eso, nunca estuve de acuerdo con las leyes que otorgan cupos  específicos de representación a mujeres o indígenas. Siguiendo esa lógica, también se deberían aprobar leyes para asignar cupos específicos a otros sectores de la sociedad, como, por ejemplo, la comunidad con diferente orientación sexual. O tal vez si tenemos un Presidente, la Vicepresidencia debería ser para una mujer y viceversa.

En todo caso, es una discusión de nunca acabar y lo cierto es que se impuso el concepto de “discriminación positiva”, el cual seguramente también se aplica en el caso de los 54 aplazados y miedosos que se beneficiaron con el polémico programa de la Policía, ahora paralizado por orden del Gobierno.

El problema está en lo que ocurre con quienes por no ser “interculturales” (y no por ello bolivianos con menos derechos) no son tomados en cuenta en estas decisiones que abren cupos privilegiados.

Un joven de escasos recursos de un barrio suburbano, que además de no tener medios también tiene miedo asistir a un examen en la Policía, ¿no se sentirá discriminado? Claro que sí. Y lo peor es que la discriminación la ejerce una institución que está encargada de hacer cumplir la ley.

La Ley 045 define como discriminación “a toda forma de distinción, exclusión, restricción o preferencia fundada en razón de sexo, color, edad, orientación sexual e identidad de géneros, origen, cultura, nacionalidad, ciudadanía, idioma, credo religioso, ideología, filiación política o filosófica, estado civil, condición económica, social o de salud, profesión, ocupación u oficio, grado de instrucción, capacidades diferentes y/o discapacidad física, intelectual o sensorial, estado de embarazo, procedencia, apariencia física, vestimenta, apellido u otras que tengan por objetivo o resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de derechos humanos y libertades fundamentales reconocidos por la Constitución Política del Estado y el derecho internacional”.

Mi conclusión: el programa de la Policía discrimina a todos los jóvenes que no son “interculturales”.

El cuerpo legal boliviano ha progresado tanto que a estas alturas de la historia ya no podemos decir que hay bolivianos de primera y de segunda clase. Ya no hay restricción para el voto de las mujeres ni de los indígenas, todos tenemos exactamente los mismos derechos y obligaciones.

Por eso, para lograr la igualdad, se debería pensar más en hacer cumplir las leyes y menos en abrir cupos que se justifican como instrumentos inclusivos y que al final son de privilegio.

La lucha contra la discriminación no debería abrir espacios discriminatorios y tampoco creo que se logren los objetivos deseados eliminando la palabra negro de nuestro vocabulario.

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