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La minería boliviana en vitrina mundial

La minería es cada vez más competitiva y dominada por las empresas y los países más innovadores y tecnologizados y donde las brechas se hacen cada día más pronunciadas contra  los países cerrados, con políticas anacrónicas que ahuyentan las inversiones y que se aíslan de las corrientes modernas.

La Razón (Edición Impresa) / Henry Oporto es sociólogo, coordina el Foro Minero

00:00 / 09 de abril de 2017

Quizá, por vez primera, Bolivia ha participado en la conferencia de la Asociación de Exploradores y Desarrolladores de Canadá (PDAC, por su sigla en inglés), uno de los eventos prominentes y de mayor reputación en el mundo de la minería.

Con una concurrencia estimada entre 25.000 y 30.000 personas, la PDAC congrega anualmente a inversionistas, ejecutivos de compañías mineras y de proveedores, ministros y otros altos cargos gubernamentales, geólogos y exploradores, investigadores y analistas de temas mineros, para interiorizarse sobre la actualidad minera en el mundo, conocer de primera mano los prospectos de las empresas, especialmente de empresas junior especializadas en labores exploratorias, y también para informarse sobre las condiciones de los países para la actividad minera. De ahí el interés de los gobiernos de mostrar el potencial de sus recursos minerales y, en muchos casos también, de presentar sus planes y políticas mineras.

Algunos observadores piensan que la PDAC es el lugar indicado para captar inversiones, sobre todo en proyectos exploratorios y, por lo tanto, para que los países procuren captar la atención de inversionistas y compañías mineras e intenten impulsar oportunidades de negocios.

Por ello, no deja de ser novedoso que Bolivia se haya hecho presente en la reciente edición de la PDAC, celebrada en Toronto, del 4 al 8 de marzo, a través de una delegación compuesta por autoridades del Ministerio de Minería y representantes de empresas mineras que operan en el país. Por cierto, son apenas contadas las ocasiones, al menos durante la última década, en que se haya visto misiones gubernamentales participando en eventos de la dimensión de la PDAC, de la mano de operadores con capital extranjero, hablando un mismo lenguaje, respaldándose mutuamente y convergiendo en un propósito común.

Señales positivas. En efecto, la percepción de quienes estuvieron allí es que la delegación boliviana parece haber dejado una impresión favorable con las conferencias pronunciadas sobre política minera, el potencial geológico del país, las operaciones empresariales en curso, un stand boliviano en el salón de exposiciones, emitiéndose indicaciones de que algo comienza a moverse dentro de Bolivia y de que una nueva actitud, de mayor apertura al capital internacional, podría estar ganando terreno en esferas oficiales y en circunstancias en que la minería boliviana requiere imperiosamente transitar por un nuevo rumbo.   

Desde luego que marcar ese nuevo rumbo hace falta mucho más que solamente una buena estrategia comunicacional o la dispensación de un mejor trato a los inversores extranjeros. Los bolivianos tenemos que estar conscientes de que recuperar el interés y la confianza de las compañías internacionales para invertir en nuestro país es una tarea compleja y de resultados no inmediatos y, ello, siempre y cuando se hagan las rectificaciones necesarias en política minera, lo que además conlleva recomponer el marco normativo a fin de brindar aquello que más importa a los inversionistas (seguridad jurídica, reglas claras, previsibilidad), y de tal forma que la legislación minera deje de ser un chaleco de fuerza para la actividad empresarial. 

En verdad, no hay otra manera de que la imagen que se quiere “vender” sea consistente con las condiciones reales del país.

En la dirección correcta. Con todo, hay que decir que la presencia boliviana en la PDAC es un paso en la dirección correcta. Y lo que cabe esperar es que esta participación deje lecciones valiosas, particularmente para las autoridades que tienen la responsabilidad de promover la reactivación y el potenciamiento de la minería boliviana, después de un largo periodo de estancamiento productivo.

La minería es un mundo cada vez más competitivo y dominado por las empresas y los países más innovadores y tecnologizados y donde las brechas se hacen cada día más pronunciadas en contra de los países cerrados, con políticas anacrónicas que ahuyentan las inversiones y que se aíslan de las corrientes modernas. Esto no siempre ha sido evidente para los decisores de política minera que, a menudo, se han mostrado pertrechados más de ideología que de pragmatismo y de soluciones eficaces. De ahí la importancia de que se abran al conocimiento de las nuevas realidades mundiales y quieran ir al encuentro de los hombres de negocios, de los especialistas y de quienes toman las decisiones de inversiones.  

Lo que es evidente es que cuando se hacen bien las cosas y se trabaja en colaboración, codo a codo, con los actores productivos, se pueden esperar resultados positivos. Y es con este mismo espíritu que habrá que pensar ya nomás en la participación boliviana en la PDAC 2018,  como también en otras misiones, dentro y fuera del país, apuntando a metas más ambiciosas.

Reposicionar a Bolivia como país creíble y atractivo para la inversión minera es un paso necesario e inexcusable para reanimar la alicaída industria minera nacional.

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