Animal Político

La minería boliviana en 2015

Debilidades de la minería: i) mínimos niveles de inversión; ii) ausencia de nuevos emprendimientos en exploración y explotación; iii) bajas leyes de cabeza; iv) una estructura tributaria demasiado rígida; v) elevados costos de operación; y, vi) escasa infraes-tructura.

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Paredes Zárate

00:06 / 25 de abril de 2016

En la línea de análisis que venimos imprimiendo a través de artículos sobre los recursos naturales no renovables, hoy corresponde referirnos al comportamiento de la minería en nuestro medio durante 2015. Previo a ello, señalar que este año no fue como muchos esperábamos: la economía global decreció en 0,2 puntos porcentuales (situándose en 2,4%) con alusión al 2,6% de 2014. Consiguientemente, esta gestión cerró con una coyuntura global más complicada que la gestión anterior, derivada principalmente del endurecimiento de la política monetaria estadounidense (alza de las tasas de interés y apreciación del dólar), de la desaceleración de los principales países emergentes, especialmente el gigante asiático, y de la sobreoferta de los commodities [bienes o mercancías primarias], solo para citar algunos elementos de ese contexto.

En este marco general, si bien es cierto que Estados Unidos mostró una variación positiva de 2,4% (tasa similar a 2014) al igual que la eurozona, que alcanzó un PIB de 1,6% con relación al 0,9% de la temporada previa, no pasó lo mismo con China (primer importador de materias primas), toda vez que en 2015 se ralentizó, obteniendo un 6,7% ante el 7,3% precedente, circunstancia que contagió a otras economías a través de los canales de comercialización y del hundimiento del mercado de materias primas, en general, y de minerales, en particular.

Esa conducta, que tiende a replicarse este 2016, es preocupante porque es conocido que en una etapa de ascenso del Producto Interno Bruto, los metales muestran su fortaleza ante el devenir de mejores perspectivas de consumo (tal como sucedió en tiempos remotos, cuando el PIB chino residía en dos dígitos), mientras que en una fase de desaceleración o crisis exhiben sus flaquezas; lo que aconteció en 2015.Ante ese influjo, gran parte de los países de Latinoamérica, exportadores de commodities, sucumbieron en cuanto a sus indicadores, por ejemplo, el Producto Interno Bruto declinó, el valor de las ventas externas se desmoronó (principalmente de bienes primarios) afectando la balanza comercial, las monedas se depreciaron, los flujos de capital se revirtieron y la inflación se posesionó en muchos de esos mercados.

Consecuentemente, el entorno era precario, pero pese a esos vientos perjudiciales, Bolivia fue uno de los países de América Latina con una sólida estructura macroeconómica. Aun así no pudo escapar a la anquilosada realidad externa, particularmente en su componente minero, lo que dejó al descubierto las debilidades competitivas de este sector, agobiado internamente por: i) mínimos niveles de inversión en reposición o ampliación; ii) ausencia de nuevos emprendimientos mineros en exploración y explotación (especialmente en el primer componente, que denota la imposibilidad de ampliar la frontera minera); iii) bajas leyes de cabeza; iv) una estructura tributaria demasiado rígida; v) elevados costos de operación; y, vi) escasa infraestructura; solo para apuntar algunos factores del negocio minero. Todos estos elementos, indefectiblemente, exponen la vulnerabilidad de esta actividad ante cualquier descenso de precios.

En efecto, en el transcurso de 2015 la producción física de zinc, estaño, oro, plata, antimonio y plomo (que en conjunto representan el 94% de la familia de los metálicos, y el 70% del total) se deslizó alrededor de -10%, con relación a 2014. En cambio, las cotizaciones de este agregado de minerales, en términos medios, descendieron en 17,60%.

Esto hace prever que la extracción minera es relativamente inelástica con relación a los precios, vale decir, reacciona con lentitud a un cambio en esa variable; pero no escapa a otros fundamentos complementarios que condicionan el éxito o fracaso de este rubro.

Aun así, el proceder de esos dos indicadores dio lugar a que el valor nominal de la producción a nivel macro caiga en -25,33% frente a lo acontecido en 2014. Si recurrimos al tipo de mineral, vemos que el zinc en cuanto a cantidad cayó en -1,52%; el oro en -48,35%; la plata en -2,90%; el antimonio en     -8,19%; el plomo en -0,40%; solo el estaño presentó un alza de 1,74%.

Lo llamativo de este movimiento es la reducción de mineral aurífero. En 2015, en términos absolutos, se produjo 13 toneladas finas (TF), cantidad menor en comparación al año precedente cuando se obtuvo 24 TF. Esta diferencia induce a una hipótesis: probablemente el pasado año se contabilizó como producción nacional oro proveniente de otro país. 

La presunción anterior da lugar a sostener que tal vez el PIB minero 2014 haya sido influenciado inapropiadamente por oro no generado en territorio nacional. Efectuamos esta lectura ya que los principales productores de este metal precioso son las cooperativas, en el orden del 95%, y el 5% restante los privados. Precisamente, esas unidades autogestionarias a lo largo de los meses precedentes incrementaron sus operaciones y ampliaron su frontera de explotación; por lo tanto, el 48,35% de descenso productivo no se explica a través de la dinámica de este subsector minero, sino, aparentemente, por el menor flujo de mineral proveniente de otro país.  

Independientemente de lo anterior, si reflexionamos sobre los precios, vemos que del zinc se desmoronó en -11,23%; del oro en -8,76%; de la plata en -18,72%; del antimonio en -23,75%; del plomo en -15,62% y del estaño en -27,50%.

Ese desempeño dio lugar a que los valores nominales de producción ensayen una conducta diferente, pero en todo caso negativa. Así, el zinc generó -11,56% de valor; el oro -52,58% (más que por precio por volumen); la plata -20%; el antimonio -26,59%; el plomo -15,39% y el estaño -25,76%. Sacudida que con seguridad perturbó al PIB minero. 

A raíz de esos retrocesos, las exportaciones bolivianas también sufrieron un prolapso [“caída, descenso o salida de un órgano o de una estructura anatómica, DRAE] de aproximadamente 32% (menores ingresos por hidrocarburos y minerales), este último sector gravitó en -23%, todo con referencia a 2014.

Como si lo anterior fuera poco, las regiones también sintieron en carne propia ese achicamiento, la correa de transmisión fue la regalía minera. Evidentemente, en 2015 se cobró por este concepto -17%. La Paz fue el departamento que recibió menos 52% de ese importe (principalmente por el descenso de los volúmenes de oro); Potosí, por su lado, recaudó -3% y Oruro cerca de -12%; los demás departamentos también decayeron en términos de ingresos regalitarios. Algunos actores mineros experimentaron pérdidas y otros bajaron sus utilidades o, en el mejor de los casos, se mantuvieron cerca de su punto de equilibrio. He ahí el desenvolvimiento del sector minero en 2015, en un ambiente externo caracterizado por la debilidad en cuanto a crecimiento económico y decadencia de los precios de las materias primas, situación que aún no fue revertida y que probablemente se mantenga o profundice en los siguientes meses. Por ello y con la finalidad de prevenir un colapso de la minería nacional, es urgente la adopción de políticas públicas en consenso con los actores productivos reconocidos constitucionalmente, sin exclusión alguna, con la finalidad de preservar esta actividad económica social.

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