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Una mirada desde Perú

Chile sigue siendo un actor clave en la relación entre Perú y Bolivia. No es casual que los acuerdos de Ilo de 1992 se hayan dado en un contexto de competencia con Chile, en tanto este país se encontraba realizando cambios legislativos para favorecer la dinámica económica entre su norte y Bolivia.

La Razón (Edición Impresa) / Óscar Vidarte Arévalo

00:02 / 16 de noviembre de 2015

En términos generales, la población peruana tiene una percepción bastante positiva acerca de Bolivia. Una reciente investigación sobre opinión pública y política exterior que hemos realizado en la Pontificia Universidad Católica de Perú demuestra que, luego de Brasil, la sociedad peruana considera a la relación con Bolivia como la mejor.

Es más, al preguntarle a los encuestados acerca de la relación con nuestros otros vecinos, sea como amigos, socios, rivales o amenaza, Bolivia se consolida como el segundo amigo de Perú luego de Brasil y el segundo socio después de Colombia. En cuanto a las categorías de rival o amenaza, solo un porcentaje muy pequeño de la opinión pública peruana (2%) considera a Bolivia de esa forma, habiendo mejorado sustancialmente en comparación con una encuesta similar realizada en 2008.

No obstante, a pesar del aparente buen escenario interno existente para el fortalecimiento del vínculo bilateral, en vista de lo desarrollado con los países vecinos, con Bolivia aún falta mucho por trabajar. Mientras que con Brasil avanzamos apoyados en una alianza estratégica que data de 2003, con países como Ecuador y Chile también hemos conseguido logros importantes. Ni la Guerra del Cenepa de 1995, ni el diferendo marítimo ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya han impedido que podamos seguir construyendo la relación bilateral, de forma tal que con Ecuador llevamos a cabo gabinetes binacionales desde 2007  y con Chile hemos estrechado nuestra relación económica en forma considerable. Por último, con Colombia igualmente se ha avanzado en ámbitos como el comercio, las inversiones y la seguridad, habiéndose realizado ya dos Gabinetes Binacionales.

Una probable respuesta a esta supuesta apatía en la relación peruano-boliviana podría encontrarse en la ausencia de intereses, pero esto no es cierto. Si bien desde una perspectiva económica Bolivia no constituye nuestro principal mercado en la región, el 90% de lo exportado por parte del Perú resulta valor agregado, siendo este dato muy relevante si se tiene como objetivo dejar de ser un país primario-exportador en algún momento. Además, teniendo en cuenta el poco apoyo del Estado, las inversiones peruanas se vienen consolidando como una de las principales en Bolivia en el ámbito regional, lo cual demuestra las posibilidades que presenta una economía como la boliviana con una de las mejores tasas de crecimiento del continente.

Por otro lado, en materia de seguridad, Perú y Bolivia tienen desafíos de gran relevancia que no pueden ser afrontados en forma unilateral, sino que requieren un trabajo conjunto. No solo la frontera peruano-boliviana es por donde ingresa la mayor parte de los productos de contrabando al país, sino también el narcotráfico —siendo ambos países, dos de los más importantes productores de cocaína del mundo—, la minería ilegal, la trata de personas, la tala indiscriminada y su afectación sobre el medio ambiente, se consolidan como amenazas a la seguridad en Perú y Bolivia.

Ciertamente, las dos últimas décadas ambas naciones han sufrido procesos internos de crisis políticas que han imposibilitado una mejor relación, pero esto no afectó el desarrollo del vínculo por parte del Perú con otros países. Asimismo, contar con gobiernos opuestos en términos ideológicos, como se dio cuando coincidieron las administraciones de los presidentes Alan García y Evo Morales (2006-2011), tampoco constituye un impedimento, de lo contrario no se hubieran dado avances en la relación peruano-ecuatoriana bajo el mandato de Rafael Correa en ese mismo periodo. 

A pesar de lo señalado, se han dado pasos importantes entre Perú y Bolivia para un mayor acercamiento, pero éstos no se han consolidado como debería haber sucedido. Los convenios de Ilo de 1992 podrían haber resultado fundamentales para la integración entre nuestros países, pero han requerido ser actualizados en 2010, aunque increíblemente este último acuerdo aún se encuentra por ser ratificado en el Congreso peruano. Lo mismo podría decirse del Tratado General de Integración y Cooperación Económica y Social para la Conformación de un Mercado Común firmado en 2004, siendo mínimos los avances acerca de este tema.

Lamentablemente, Chile sigue siendo un actor clave para comprender la relación entre Perú y Bolivia. No resulta casualidad que los acuerdos de 1992 se hayan dado en un contexto de competencia con Chile, en tanto este país se encontraba realizando cambios legislativos para favorecer la dinámica económica entre el norte de Chile y Bolivia. Igualmente, el intento de construcción de un mercado común se inserta dentro de la llamada “guerra del gas”, así como el acuerdo de 2010 puede comprenderse como una política de Perú por alejar a Bolivia de cualquier tipo de injerencia en el diferendo marítimo que Perú tenía con Chile ante La Haya.

Esto no significa que Chile no sea importante para los intereses peruanos y bolivianos. De cierta forma, existen temas que pueden ser tratados en forma trilateral, como la integración fronteriza, el comercio, el medio ambiente, lo energético, entre otros. Un caso especial constituye el problema de la mediterraneidad de Bolivia, pues siendo un asunto estrictamente bilateral entre Bolivia y Chile, llegado el momento podría implicar la participación peruana en caso de que Chile decida entregar a Bolivia un corredor terrestre soberano en la frontera con nuestro país (solución que no es la única, pero que, a la luz de la experiencia de décadas pasadas, parece ser la más probable para satisfacer las exigencias bolivianas). Si bien el Protocolo Complementario del Tratado de Lima de 1929 entre Perú y Chile señala que ninguno de los dos países podrá ceder a un tercer Estado los territorios de Tacna o Arica sin el consentimiento del otro, la participación peruana no se daría solo por una cuestión meramente legal, sino básicamente en virtud de intereses existentes, como por ejemplo, en materia de libre tránsito de personas y bienes, integración entre las ciudades de Tacna y Arica, etc.

El ascenso de Ollanta Humala al poder en 2011 pareció ser un punto de quiebre en la relación entre Perú y Bolivia. Siendo aún presidente electo, Humala visitó La Paz y llegó a manifestar que soñaba con la reunificación de ambos países, obviamente haciendo referencia a momentos del pasado común, sea durante el periodo colonial o en el intento de creación de una confederación allá en la primera mitad del siglo XIX. Sin embargo, lo desarrollado en materia bilateral en los primeros años de su gobierno fue muy pobre, habiéndose privilegiado otros países, sobre todo aquellos que conforman la Alianza del Pacífico. Tuvimos que esperar hasta casi culminar su mandato para ver concretarse el primer gabinete binacional en junio del presente año. Esperemos que este importante paso sea un nuevo inicio, que pueda materializar en forma conjunta todos aquellos intereses que ambas naciones tenemos en favor de nuestros pueblos.

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