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Una mirada al ajedrez geopolítico en Asia Oriental

Lo insólito en esta atmósfera hostil es que tanto la Unión Europea como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) parecen no existir, lo que demuestra que dejaron de tener importancia en las disputas geopolíticas internacionales, al menos en el campo militar.

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Paredes Zárate es economista

00:00 / 14 de mayo de 2017

Los recientes acontecimientos en Asia Oriental están convirtiendo a esa región en un verdadero tablero de ajedrez mundial, donde concurren jugadores como Estados Unidos, China, Rusia, Japón, Corea del Norte y Corea del Sur, los tres primeros con intereses geopolíticos, pero delimitados esencialmente por réditos de carácter económico.

En este escenario se hallan China, Rusia y Corea del Norte como uno de los participantes del juego, con la característica que el primero cubre aproximadamente el 80% de las importaciones norcoreanas y el segundo un tímido 3%; pero independientemente de ello, el coloso chino, más que la Federación Rusa, le otorga un valor estratégico a esa península coreana por constituir una ruta esencial para el tránsito marítimo del comercio internacional, por lo que resulta ventajoso mantener lazos estrechos con dicha nación, aunque ambos también sostienen vínculos con Corea del Sur.

Aun así, China aplicó sanciones al régimen del presidente Kim Jong-un, líder norcoreano, restringiendo las importaciones de carbón (no olvidemos que es el único adquiriente de ese mineral y que compra cerca del 79% de su producción exportable) y recientemente amenazó con profundizar las medidas si continúa sus ensayos nucleares. Ante esa actitud la parte afectada exteriorizó una posición contraria, debido a que su desarrollo se basaría en sus propios medios sin el concurso de las grandes potencias, por lo tanto las advertencias no tendrían el efecto esperado, por el contrario previno sobre las consecuencias de alinearse a las arremetidas de Estados Unidos; resta por saber el pronunciamiento final chino, el mismo que debe ser bien meditado, puesto que sería desastroso para los herederos de Mao, una Corea unificada alineada y armada por los norteamericanos.

Por su lado, Rusia, a partir de los ensayos norcoreanos, inició un despliegue de armamento para cuidar su frontera, al igual que China, en la perspectiva de proteger sus privilegios e idilios comerciales con Pyongyang. En suma, esos dos Estados ya han colocado sus piezas en el tablero de ajedrez geopolítico.

En el otro frente se encuentran Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, que andan en apronte, colocando su maquinaria destructiva. Así, el primero —según la publicación de Infobae del 20 de abril— ya inició el despliegue de 28.500 soldados, 450 tubos lanzamisiles, drones, escuadrones de aviones, sistema de defensa antimisiles, portaaviones, tres barcos lanzamisiles y submarinos. Paralelamente, el segundo, de acuerdo con la prensa internacional, ha tomado sus previsiones defensivas ante un eventual ataque de Corea del Norte, que habría montado dos misiles de medio alcance sobre rampas de lanzamiento ubicadas en la costa del Mar Oriental, con un alcance de 3.000 a 4.000 kilómetros, apareciendo el país del sol naciente como eventual objetivo.

En el caso de Corea del Sur, al ser una fortaleza económica y tecnológica, pero con capacidad armamentística muy limitada, se alineará sin condicionamiento alguno a la acción guerrerista estadounidense; sin embargo y en caso de darse una confrontación, con seguridad que será blanco de su vecino norcoreano.Ahora bien, instalado el tablero, cabe preguntarse si definitivamente se producirá este gran lance.

En este marco interrogatorio, señalar que Pekín (capital china) no se jugará incondicionalmente por Corea del Norte debido a que, en términos estrictamente ideológicos, hace varios años ha soslayado la línea política para dar paso al pragmatismo material, sobre la base del legado de Deng Xiaping, padre de la modernidad, lo que motiva su postura de acercamiento hacia Estados Unidos, aunque sabemos que tampoco incondicional. A los chinos les interesa una Corea dividida puesto que la reunificación supondría la posibilidad de tener muy cerca un emergente y poderoso aliado de Estados Unidos. Pero asimismo están conscientes que apoyar a Pyongyang no es un buen negocio, porque le aleja de esos tres mercados, lo cual atentaría contra su crecimiento económico. 

Contrariamente, Rusia no cuenta en este conflicto con una influencia capaz de dirimir la cuestión coreana, por lo que se limita a desplegar fuerzas castrenses hacia sus límites territoriales, en el intento de asumir un rol disuasivo en términos diplomáticos antes que armamentísticos; perdió influencia sobre Corea del Norte, luego de la caída de la entonces Unión Soviética, pero aún conserva un sitial en el contexto militar.

Si bien Estados Unidos es la primera potencia bélica mundial, con alta capacidad para enfrentar a Norcorea, esto no implica que no requerirá del apoyo directo de China, ya que una acción unilateral, por más que sus autoridades así lo hayan manifestado, sería demasiado riesgosa, principalmente para sus aliados directos, Corea del Sur y Japón.

Por último, Corea del Norte, ubicada entre los 10 países más pobres y considerado el más reservado del mundo, es paradójicamente, catalogado por algunos especialistas, el quinto poder en el terreno castrense y por otros, como la trigésima sexta. El personal activo de sus Fuerzas Armadas se cifra en 1,2 millones de soldados (hombres y mujeres) al margen de los reservistas, sobre una población de 25 millones; su flota de submarinos sería una de las más grandes del globo terráqueo. Gran cantidad de esa máquina destructora fue provista por la entonces URSS (prácticamente toda su flota de combate aéreo es soviética, obsoleta pero letal) y por China. No obstante todo ese equipo se hace cada vez más viejo por falta de modernización, lo que explica que la mayor parte de su estructura productiva esté destinada a esa área.

Adicionalmente, en los últimos años, ha desarrollado un complejo programa nuclear sobre la base del uranio y el plutonio que proceden de sus propias minas, y que pese a sus innumerables fracasos —producto de su tecnología atrasada— y a las advertencias de la Organización de Naciones Unidas (ONU), ha demostrado al concierto internacional la decisión irreversible de ingresar al círculo del arsenal atómico y está resuelta a llegar hasta las últimas consecuencias en este ejercicio, puesto que, al final no tiene nada que perder, es decir, de todos los posibles actores, Corea del Norte es el único que está decido a jugar en esa tablilla.

Lo insólito en esta atmósfera hostil es que tanto la Unión Europea como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) parecen no existir, lo que demuestra que dejaron de tener importancia en las disputas geopolíticas internacionales, al menos en el campo militar, a lo que se añade el silencioso papel de la ONU en este tema.

Aun así, habrá que ver si realmente se producirá ese vaivén geopolítico o solo quedarán colocadas las fichas. En una partida de ajedrez existen tres posibilidades: ganar, perder o hacer tablas. En cambio, en el tablero y en los trebejos que se están instalando en Asia Oriental, a diferencia de ese deporte, el resultado ya se sabe de antemano: nadie gana y todos pierden.

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