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El movimiento sindical atraviesa por un quiebre

Los tiempos han cambiado y el movimiento sindical ha experimentado cambios. Estas transformaciones son vistas como un retroceso, por unos, y como un avance, por otros.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:07 / 27 de abril de 2014

Cambia la coyuntura y cambia también el movimiento sindical. Con 32 años de democracia ininterrumpida, la emblemática caída del muro de Berlín en 1989 y hoy, con un partido fuerte en el poder, que nació arraigado en el movimiento indígena, campesino y laboral, la naturaleza del sindicalismo obrero y su eje articulador (la Central Obrera Boliviana, COB) lógicamente que han variado.

Positivo para unos, negativo para otros, el cambio de la histórica entidad matriz de los trabajadores sin duda llega con problemas a este jueves 1 de mayo de 2014, año de las elecciones presidenciales. 

En este sentido, Juan Carlos Bernal, secretario de Prensa de la central obrera, admite: “los tiempos han cambiado, por eso la COB antes era diferente a la de ahora. Unos dirán que se ha avanzado y otros que se ha retrocedido, pero la lucha es diferente”.

Queda claro que los tiempos no son los mismos, como también es visible que la COB de antes no es la de hoy. Sin embargo, se puede asegurar, el movimiento sindical está en un momento de transformaciones que no necesariamente son consecuencia del nuevo contexto constitucional impulsado por el actual Gobierno, sino que son producto del contexto de la democracia, del fin de la polarización de la Guerra Fría y su influencia en el ámbito local, y del surgimiento de movimientos sindicales campesinos e indígenas.

Si antes la COB —a la que estaba subordinado todo el movimiento obrero— enlazaba las demandas sectoriales inmediatas con su meta final de un gobierno obrero, “hoy se limita a procurar mejores condiciones de trabajo de sus afiliados”, observa el sociólogo Jorge Komadina.

El movimiento obrero está jugando un rol muy diferente al que tuvo en el pasado, apunta el investigador. Desde 1952 hasta mediados de los 80, la COB era la organización “más importante” de la sociedad boliviana. “Más que un sindicato convencional dedicado a la reivindicación salarial, era un factor de poder”. Entonces, hoy “la COB ha perdido su capacidad de proposición política y su visión ideológica, y se ha concentrado en la negociación salarial como referencia de sus luchas”.

Para Komadina, el actual pacto entre la COB (por lo menos de su dirigencia) y el Gobierno se explica por ese proceder más bien pragmático: “así puede lograr mejores salarios para su sector”.

La COB tenía como núcleo dirigencial a la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), aunque en los años 70 supo aglutinar a otros sectores como el de los maestros, universitarios, fabriles y campesinos. “Supo establecer una red sindical en todo el país que respondía a su mando central. Esta estructura ha sido fundamental para la recuperación de la democracia”, indica.

La influencia de lo que se puede llamar la “lógica sindical cobista” ha sido tan importante que hoy “es la (forma de organización) predominante de la sociedad en Bolivia, aunque la COB haya perdido la centralidad en esa red”.

“Lo que veo ahora es que el movimiento obrero y la propia COB han perdido esa colocación estructural que tenían” —dice Komadina— pues hoy existen otros actores; “los más importante son los campesinos e indígenas”, que prácticamente han desplazado a los obreros de su lugar de vanguardia de las luchas sociales.

El viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, Alfredo Rada, tiene un punto de vista contrario al de Komadina en el tema específico de la aparición de nuevos actores que habrían desplazado a la COB.

Con la tradición de la Tesis de Pulacayo (1946) y la Tesis de Colquiri (1970), la COB giró alrededor de principios “insuficientes para la realidad nacional —señala Rada. Por ejemplo, los dirigentes de esa antigua COB desconocían el Manifiesto de Tiwanaku, documento en el que se habla de la reivindicación de los indígenas”.

El punto de quiebre se da en 1984, en el Congreso por la Tierra y el Territorio. “Este es el momento clave en el que la COB se acerca a los campesinos y se da cuenta de que la lucha de clases se debe combinar con la lucha de las comunidades indígena campesino originarias”, interpreta la autoridad de gobierno. Desde esta óptica, la percepción de la tranformación del movimiento sindical nacional tiene un signo positivo.

En cambio, el experto en temas laborales Rodolfo Eróstegui habla de un proceso de “desideologización” del movimiento obrero; no a causa del proceso impulsado por el actual Gobierno, sino gracias a los cambios en el contexto internacional. Al no haber sabido “asimilar” esas grandes transformaciones — indica el laboralista— el movimiento sindical boliviano se encuentra en un momento en el que los principios con los que se fundó (aquellos de la Tesis de Pulacayo) “ya no tienen mucho valor para ellos”; sin embargo, y esta es acaso su mayor debilidad, todavía no se ha sabido crear una nueva propuesta.

“Desde hace muchos años que se intenta refundar la COB y el movimiento sindical para asumir nuevos retos. Lamentablemente, estos intentos no se han logrado”, concluye Eróstegui.

El economista e investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla), Carlos Arze, interpreta que el actual proceso de transformación se limita a la cooptación gubernamental de la dirigencia sindical en los “más altos niveles, es decir la COB y las confederaciones”, y contradice a Eróstegui al afirmar que de todos modos ha existido una recuperación de los principios de la Tesis de Pulacayo en los sectores minero asalariado y fabril.

La identificación con los principios de la histórica tesis es “oscilante”. “Por ejemplo, en la época de Lechín, en que la COB también estaba cooptada, tampoco se dio importancia a la Tesis de Pulacayo, pues Lechín la repudiaba; sin embargo, en momentos álgidos vuelve, aunque en tiempo de auge económico (como ahora) es difícil que haya una radicalización”.

Arze también contradice a Komadina cuando éste afirma que la COB ahora se restringe a las reivindicaciones salariales corporativas. “Lo que sucede es que a través de sus demandas más inmediatas, los trabajadores llegan a coincidir y plantearse objetivos que exceden los iniciales”, alega.

Encuentra una burocratización de la dirigencia cobista y que en este año electoral es “evidente” un intento de alguno por lograr un “acomodo” en la próxima Asamblea Legislativa Plurinacional.

Por ello, es un error pensar que el obrero alcance inmediatamente una “conciencia de clase”, en realidad la va adquiriendo en un constante “choque” con sus condiciones inmediatas de vida. “Los obreros siempre van a actuar por sus condiciones inmediatas —mejores salarios—, las revoluciones en el mundo se han dado así. En determinado momento los obreros se proponen objetivos más grandes de los que dan inicio a una lucha”.

Para Arze, las reivindicaciones corporativas son el “núcleo” de la lucha de clases, que luego adquiere “contornos políticos” cuando se generalizan. “Lo que pasa es que alguna izquierda desmerece las demandas corporativas, pero son la lucha inicial que quiere cambiar el tipo de sociedad”, sentencia.

En cambio, otros sectores corporativos, como el cooperativismo minero, hacen una lucha más bien inmediatista, opina Arze: “se acaba cuando sus demandas son satisfechas (...). Una cosa es la conducta dirigencial que busca un lugar en el Gobierno y otra la de quienes protagonizan las demandas de objetivos pequeños”.

Desde el lado de la actual dirigencia de la COB, Bernal justifica la alianza con el Gobierno como algo más bien de necesidad práctica: “La COB es parte del proceso de cambio, pero no es masista”.

Rada a su vez apunta que la COB, al ver que se trata de un gobierno que no es burgués, ha decidido apoyarlo, pues lo contrario sería confrontarse con un gobierno de los trabajadores (el del MAS).  La organización política propia que la COB quiso formar hace menos de un año el Partido de los Trabajadores (PT), al final fracasó, como se sabe. Tal vez ello se deba, discuten nuestros entrevistados, a la relación misma con el MAS.

Eróstegui explica que el intento de un partido de los obreros afiliados a la COB nunca pudo hacerse realidad: “Lechín fracasó. El mismo partido que intentó crear Evo Morales en ese sentido fracasó y por eso tuvieron que prestarse la sigla de una organización que no tenía nada que ver con las organizaciones sindicales (el Movimiento Al Socialismo)”. “Una de las razones que imposibilitó (el desarrollo del) PT es el principio de la pluralidad, que parece seguir pesando en el sindicalismo”, señala Eróstegui.

Este académico explica el hecho con un ejemplo: el magisterio escoge tradicionalmente a la plancha trotskista; sin embargo, los que votan por la fórmula trotskista en sus elecciones internas, también votan en elecciones externas por candidatos de otros partidos, pero no por trotskistas y viceversa.

“Esto siempre ha sido así porque uno de los principios del sindicalismo es la pluralidad. Las preferencias para la representación política no suelen coincidir con aquéllas (organizaciones para la representación sindical”.

Juan Carlos Bernal explica el fracaso: “pese a que el XV Congreso había mandado crear el PT, luego se vio que no era el momento, iba a ser una aventura, por eso en un ampliado se decidió que, al menos en esta coyuntura, no es conveniente un partido”.

En medio de estas dos visiones contrapuestas, de un movimiento en transformación hacia adelante o hacia atrás, el viceministro Alfredo  Rada lanza lo que considera el próximo reto de la COB: aglutinar a la masa de asalariados cooperativistas mineros y a los choferes.

‘Apoyan a un gobierno de los trabajadores’: Alfredo Rada, viceministro de Coordinación

El movimiento sindical y la COB apoyan al proceso de cambio porque no es un proyecto burgués. Es más, éste es un gobierno de los trabajadores; no apoyarlo sería contrarrevolucionario, sería confrontarse con esto. Por ello, la COB ha tomado el camino correcto al querer profundizar el proceso y el socialismo comunitario. Están con un gobierno que no es burgués.

‘El sindicalismo vive una gran transformación’: Rodolfo Eróstegui, especialista en temas laborales

El sindicalismo en el país está en una etapa de grandes transformaciones, y acá no me refiero a los cambios que está proponiendo el MAS, sino a los cambios ideológicos y políticos que se dan a nivel internacional. Esos cambios no han podido ser asimilados y el movimiento sindical se encuentra con que sus principios con que se fundó ya no tienen valor para ellos en estos días.

‘Hay una cooptación  de la dirigencia’: Carlos Arze, economista e investigador del Cedla

Hay una cooptación de la dirigencia sindical por parte del Gobierno, en niveles altos. Esta cooptación, que fue evidente en algunos sectores, fue rechazada en el de los mineros asalariados por su tradición revolucionaria. Sin embargo, se terminó por cooptar a ese sector, gracias a la presión del Gobierno, para que se cambien a los dirigentes contestatarios.

‘Hoy juega un rol muy diferente al del pasado’: Jorge Komadina, sociólogo

El movimiento sindical hoy juega un rol muy diferente al que jugó en el pasado. Durante el ciclo del nacionalismo revolucionario, la COB era un embrión de poder que supo centralizar a todos los sectores del país. Ahora, con la aparición de nuevos actores, como los campesinos y los indígenas, que han desplazado a la COB, se ha concentrado en la reivindicación salarial.

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