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¿Dónde están las mujeres de Obama?

Antes de su juramento, este lunes, el reelecto presidente Barack Obama recibe una serie de cuestionamientos por su decisión de no apoyarse de mujeres en cargos importantes, cuyo grupo de género fue el que precisamente le dio un fuerte respaldo en los comicios que ganó.

La Razón / Cristina F. Pereda

00:00 / 20 de enero de 2013

The New York Times decidió ilustrarlo con esta fotografía de una reunión de Obama en el Despacho Oval con diez miembros de su gabinete. Todos hombres, todos blancos excepto uno. El Presidente acaba de renovar los puestos al frente del Departamento de Estado, el Director de la CIA, el Secretario de Defensa y el del Tesoro, y ninguno de ellos lo ocupará una mujer. Para encontrar nuevas candidatas, parece que Obama tuviera que buscar tanto como los lectores del Times este miércoles, que sólo después de mirar un buen rato la imagen en portada adivinaron la pierna de la asesora más cercana del presidente, Valerie Jarrett, escondida detrás de otro empleado (en el centro de la imagen, junto a la mesa).

Varias organizaciones han pedido a la Casa Blanca que justifique la ausencia de profesionales femeninas al frente de las principales carteras de Gobierno. Según revelaba el Times, el porcentaje de mujeres en la Administración Obama es ligeramente mejor que el de su predecesor, George W. Bush, pero muy similar al de Bill Clinton, que llegó al poder hace 20 años. Desde entonces, las mujeres ocupan cada vez más puestos de importancia al frente de organismos públicos y privados, constituyen un grupo mayor en el electorado y, especialmente para Obama, se convirtieron en uno de los pilares de su victoria en las últimas elecciones.

“No habría sido reelegido sin el 55% del voto femenino, algo que se ganó gracias a que representaba el punto de vista de la mayoría de las mujeres, pero ahora parece ignorar la capacidad de éstas para ser no sólo votantes, sino también líderes”, defienden en una carta la actriz Jane Fonda, la escritora Robin Morgan y la activista Gloria Steinem.

“El Presidente cree que la diversidad es importante porque incrementa la excelencia de los asesores de los que te rodeas, de tus empleados, y creo que seguirá siendo cierto durante este segundo mandato”, afirmó Jay Carney, portavoz de la Casa Blanca, durante una rueda de prensa.

Pero muchos se preguntan dónde está esa diversidad. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, miembro más popular de la administración, abandonará el cargo a finales de mes y será sustituida por el senador de Massachusetts, John Kerry. Obama necesita reemplazo para Hilda Solís, la primera hispana en ocupar el cargo de secretaria de Trabajo, y que acaba de anunciar su marcha. Quedan sólo dos mujeres al frente de los 15 departamentos: Janet Napolitano, responsable del Departamento de Seguridad Nacional, y Kathleen Sebelius, en el de Salud.

Los grandes cargos del Gobierno quedarán lejos de representar a la población estadounidense y aún más de los grupos del electorado que impulsaron la victoria de Obama: afroamericanos, hispanos y mujeres jóvenes. El Presidente puede argumentar que representa a todos los ciudadanos, pero la demografía de Estados Unidos se aleja de esa mayoría de hombres blancos y está cada vez más cerca de un mosaico de razas en el que las minorías empiezan a ser mayoría.

La Casa Blanca alega que son las políticas del Presidente las que hablan de su liderazgo en aquéllas que representan los intereses de las norteamericanas. Los últimos cuatro años podrían haber sido muy diferentes en si John McCain hubiera vencido en las elecciones de 2008, sin la reforma sanitaria, si Obama no hubiera prohibido a las aseguradoras médicas cobrar pólizas más caras a las mujeres por ser mujeres o si estas empresas no estuvieran obligadas a costear los gastos por anticonceptivos y pruebas médicas preventivas  —decisión que desató un conflicto con líderes religiosos de todo el país.

Obama, que también había nombrado a dos mujeres como juezas del Tribunal Supremo, aprovechó un error de su rival, Mitt Romney, en uno de los debates presidenciales del pasado otoño, cuando surgió una pregunta sobre la ley de igualdad salarial. El republicano contestó con un enrevesado argumento sobre su sensibilidad hacia la mujer en el mundo laboral y los “archivadores llenos de mujeres” que consultó al llegar a ser gobernador de Massachusetts. El demócrata, en segunda fila, saboreaba el instante que le permitía enmarcar su campaña como la más favorable para las norteamericanas.

Durante la campaña, Obama se rodeó en numerosos mítines de grupos de mujeres de todas las razas y éstas se preguntan ahora por qué no pueden ver a una de las suyas al frente de un importante departamento. Aunque haya más mujeres que hombres en la administración, el rostro que saldrá en televisión, la persona que seguirá acompañando a Obama en importantes comparecencias de prensa, es el de un hombre blanco.

La Casa Blanca no ha dado más detalles sobre el efecto de estas críticas en las decisiones del presidente de cara al futuro. De momento, desde que el Times eligiera una foto de Obama con diez asesores masculinos, la página oficial de la administración ha publicado dos imágenes en su selección diaria en las que el Presidente está rodeado del mismo número de asesores que de asesoras.

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