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La nación también se construye en sus museos y héroes

Al haber incorporado a las naciones indígenas a su proyecto de nación, el Estado Plurinacional ha logrado,  sin quererlo, asestar un duro golpe al indianismo y al nacionalismo aymara, que resulta ser el gran perdedor. Túpac Katari y la wiphala, al ser elevados al rango de símbolos nacionales, han perdido en buena medida su capacidad de movilización y rebeldía.

La Razón (Edición Impresa) / Vincent Nicolás Pablo Quisbert

00:03 / 30 de marzo de 2014

Benedict Anderson definía a la nación como “comunidad imaginada”; ello supone la existencia de seres que la imaginan, la piensan y se sienten parte de ella, y comparten este sentir y este imaginario con otros. La investigación La construcción de la nación a través de la historiografía y la ritualidad oficiales. Un estudio comparativo del nacionalismo revolucionario y del Estado Plurinacional, ha querido explorar las características del imaginario de nación que produjeron estas dos grandes configuraciones estatales y compararlas. El estudio fue promovido por el Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB), en el marco de la convocatoria “La nación boliviana en tiempos del Estado Plurinacional” desarrollada entre 2013 y 2014.

En el presente artículo se comparten algunos de los hallazgos de la investigación de referencia en relación a los museos y los héroes y su rol en la construcción de la nación.

La imaginación museística. Un museo nacional es un lugar de memoria y también donde se construye la imagen de la nación. De hecho, en su texto Comunidades imaginadas, Benedict Anderson resalta la capacidad de los museos nacionales de crear verdaderas genealogías para los países y las naciones. Algo así tuvo lugar durante el Nacionalismo Revolucionario; de un único Museo Nacional existente hasta entonces, se pasó a la especialización y se crearon y organizaron en La Paz algunos de los museos más importantes que se conocen hasta la fecha, como el Museo Nacional de Arqueología, reorganizado en 1961 y dedicado desde entonces al periodo prehispánico y sobre todo a exaltar a Tiwanaku, presentado por la arqueología nacionalista como la cultura en la que podían hallarse los orígenes de la nación.

El periodo colonial está presente en el Museo Nacional de Arte, escenario que sirvió además para difundir la importancia del estilo mestizo o “barroco mestizo” en el arte colonial. El “barroco mestizo” vino a calzar muy bien con los postulados de la Revolución que veía en el mestizaje uno de los elementos fundadores de la nacionalidad. Finalmente, está el Museo Nacional de Artesanías y Arte Popular, creado en 1962 a iniciativa de Julia Elena Fortún, y que es el actual Museo Nacional de Etnografía y Folklore.

La Revolución del 52 tuvo éxito a la hora de representar los antecedentes históricos de Bolivia, pero falló a la hora de crear una museografía pos 1825; más allá de la Casa de la Libertad en Sucre, dedicada a la épica de la Independencia, no hay hasta ahora un Museo de Historia Nacional. Otro aspecto llamativo es que a pesar de su propio impacto no se creó un museo que exaltara las glorias de la propia revolución; el monumento de la plaza Villarroel cumple otro propósito. Pero sí hubo un intento de exaltar, mediante una exposición temporal, más que los logros de la revolución la personalidad del líder del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) (Víctor Paz Estenssoro). En abril de 1953 se inauguró en el Palacio de Gobierno de La Paz una muestra denominada “Recuerdos de la Revolución Nacional” en la que se exhibieron los regalos que la población había hecho al presidente Paz Estenssoro, entre ellos medallas de oro y plata, así como decenas de ponchos y bastones de mando. Detalle interesante, y que amerita confirmarse, es que años después Paz Estenssoro habría legado su colección de textiles y trajes indígenas al Estado, y con ellos se habría iniciado el Museo Nacional de Artesanías y Arte Popular.

El otro gran momento de creación de museos es el actual Estado Plurinacional. Son varios los proyectos de museos que están en curso; desde ya está contemplada la creación de un Museo de Historia Nacional en la ciudad de Sucre, el primero de su tipo; aunque el más avanzado por ahora es el Museo de la Revolución Democrática y Cultural que se está edificando en la localidad de Orinoca (municipio de Andamarca en el departamento de Oruro, lugar donde nació el presidente Evo Morales), siguiendo el diseño del arquitecto Freddy Blanco y que se compone de tres bloques, que a nivel local corresponden a los tres ayllus de Orinoca: Sullka, Collana e Inchura, pero que en el proyecto oficial llevan los nombres de Bloque Puma, Bloque Llama y Bloque Quirquincho. Preliminarmente se sabe que la museografía incluirá las luchas de los pueblos indígenas de Bolivia y que el Bloque Llama albergaría los regalos que se han hecho al presidente Evo Morales a lo largo de su mandato, entre ellos su gran colección de ponchos.

Ahora bien, la museografía de un museo nacional no es más que la plasmación en los hechos y en términos de exhibición, de una idea que se tiene de la historia de un país. Detrás de los museos nacionales del 52, hay un proyecto historiográfico que respalda la museografía. Se nota que no sucede lo mismo en el momento actual: hay varios proyectos de museos en curso, pero no existe aún una historiografía que interprete lo que significa lo plurinacional y que sea la base de una nueva museografía; y así, a falta de este guión historiográfico, el modelo de nación que se muestra en los actuales museos nacionales es aún el que construyó la Revolución de 1952, y hay la probabilidad de que lo mismo suceda con los nuevos museos que se han proyectado, incluyendo el de Orinoca.

Los héroes y los símbolos. La investigación se ha detenido también en los héroes y símbolos. Se nota claramente que los últimos años han sido de una intensa labor de nominación de héroes nacionales, fundamentalmente indígenas, que se incorporan al ya amplio panteón nacional. Este proceso, que ha tenido lugar a través de leyes nacionales, se ha replicado también a nivel regional con el nombramiento de héroes departamentales a través de sendas normas emitidas por las asambleas legislativas de cada departamento.

Del conjunto de héroes indígenas que ha sido incorporado oficialmente al panteón boliviano, la investigación se concentra en Túpac Katari que es el héroe por excelencia del Estado Plurinacional, y que junto a Bartolina Sisa, es mostrado en los altares cívicos gubernamentales como padre de la patria, a la par de Simón Bolívar y Antonio José de Sucre. Oficialmente, Túpac Katari y Bartolina Sisa son héroes nacionales desde julio de 2005, por ley firmada por el presidente de entonces, Eduardo Rodríguez; la investigación aborda el proceso, que llevó en el imaginario nacional, de una imagen de líder feroz y sanguinario, como la que mostraban los liberales, a la culminación de un Katari como héroe nacional oficialmente reconocido; y en este proceso, es singular lo que pasó con Katari tanto en el 52, pero también con el movimiento katarista e indianista.

Durante la Revolución de 1952, Túpac Katari tiene ya el rango de héroe, aunque no haya una norma legal que así lo sancione, y es mencionado por el mismo Paz Estenssoro en sus discursos, además de que es representado en el mural de Miguel Alandia Pantoja en el Monumento a la Revolución Nacional y en un proyecto de mural de Wálter Solón Romero, como “precursor” de la independencia nacional. La iconografía clásica del katarismo y del indianismo mostrará más bien a un Katari rebelde y combatiente, con un fusil en la mano; mientras que el Katari del Estado Plurinacional, en la versión de Gastón Ugalde, aparece más bien con un bastón de mando y un aire sereno y majestuoso; el rebelde se ha vuelto autoridad, en definitiva se ha vuelto Estado.

Parecido proceso ha sucedido con la wiphala multicolor o kurmi wiphala, como la denomina el historiador Germán Choquehuanca. Reconocida como símbolo nacional con rango equivalente a la bandera rojo, amarillo y verde, la wiphala es la enseña distintiva del Estado Plurinacional; aunque sabemos que la Revolución del 52 la usó ampliamente reconociéndole el estatus de “enseña indígena”, siguiendo en ello la influencia del movimiento cultural del Indigenismo. Así, es posible ver wiphalas en los documentales y noticieros del Instituto Cinematográfico Boliviano (ICB), en actos de masas campesinas. Incluso un gran Festival de Escuelas Campesinas, en agosto de 1954, se inició con la iza de la tricolor por parte del presidente Víctor Paz Estenssoro y de la wiphala, “enseña indígena”, dice la voz en off del noticiero, por el vicepresidente Hernán Siles Zuazo. Demás está decir que luego el Indianismo y el Katarismo la usaron como verdadero símbolo de lucha.

Dicen que no se puede obtener nada sin perder algo a cambio. Al haber incorporado a las naciones indígenas a su proyecto de nación, el Estado Plurinacional ha logrado, tal vez sin quererlo, asestar un duro golpe al indianismo y al nacionalismo aymara, que resulta ser el gran perdedor en el proceso. Túpac Katari y la wiphala, al ser elevados al rango de símbolos nacionales, han perdido en buena medida su capacidad de movilización y rebeldía. Y como se comprenderá, el actual no es un Estado aymara, no es el Kollasuyu ni el Tawantinsuyu; es el Estado boliviano. Así, la esperanza de que estos héroes puedan derrocar a los héroes q’aras y la wiphala sustituir a la tricolor parece haber quedado postergada de manera indefinida. Túpac Katari y la wiphala no son ya solamente héroe y símbolo de los indígenas, sino de todos los bolivianos, y ello explicaría por qué las Fuerzas Armadas no sólo que no objetaron su inclusión, sino que el día de hoy son una de las instituciones que con mayor entusiasmo portan la wiphala y difunden el culto a Túpac Katari y Bartolina Sisa, incluso componiendo himnos como el dedicado a la heroína indígena; pues a fin de cuentas este símbolo y estos héroes ahora son tan representantes de la bolivianidad como lo son Bolívar, Sucre y la rojo, amarillo y verde.

Evo Morales y Víctor Paz Estenssoro, una comparación

En la Bolivia contemporánea, destacan dos momentos históricos cruciales en la construcción de la nación: la Revolución Nacional de 1952 y el Estado Plurinacional de 2009.  La investigación La construcción de la nación a través de la historiografía y la ritualidad oficiales. Un estudio comparativo del nacionalismo revolucionario y del Estado Plurinacional se detiene, explora y compara los imaginarios de nación que produjeron ambas construcciones.

El trabajo toma como primer hilo conductor la historiografía producida por el nacionalismo revolucionario, así como los intentos llevados a cabo por el Estado Plurinacional, en tanto ambos proyectos políticos encierran una reinterpretación del pasado de la nación o de la pluri-nación. Se analiza también la representación de la nación que proyectan los censos y los museos nacionales. Esta elección se debe tanto a elementos de la coyuntura como a una reflexión sobre los elementos constitutivos de la nación.

En 2013 surgió una variedad de propuestas de museos destinadas a forjar o consolidar una memoria nacional y, ese mismo año, se conocieron también los resultados del Censo 2012, que volvieron a poner en debate la cuestión de la identidad nacional. El trabajo se detiene, igualmente, en algunos de los héroes y símbolos de la nación, para finalmente abordar el establecimiento de un culto de la personalidad de los líderes de ambos procesos, ya que este elemento parece formar parte también de la construcción nacional.

¿Es el Estado actual el heredero del 52? ¿Es el Estado Plurinacional una versión remozada del nacionalismo? ¿Tienen acaso las medidas económicas y políticas tomadas por Evo Morales la trascendencia histórica que tuvieron las tomadas por Víctor Paz Estenssoro? Éstas son preguntas que no pueden ser soslayadas y  que un estudio comparativo puede ayudar a aclararlas y entender mejor la singularidad del momento histórico que vivimos actualmente.

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