Animal Político

De lo nacional a lo municipal

Cuando aceptó unirse a las filas del MAS, ofreció tender puentes entre el partido en función de gobierno y los cruceños que se resistían al proceso de cambio. Hoy, alejada del oficialismo, aporta al desarrollo municipal.

Betty Tejada Soruco

Betty Tejada Soruco Foto: Marco Curi

La Razón (Edición Impresa) / Marco curi es periodista

00:00 / 30 de abril de 2017

Carismática, defensora del medio ambiente, experta en políticas públicas y proyectista de diversas leyes nacionales de interés social. Se trata de la expresidenta de la Cámara de Diputados en la gestión de 2013, Betty Tejada Soruco.

Fruto de decepciones político-partidarias, la exasambleísta del Movimiento Al Socialismo (MAS) decidió regresar a su natal Santa Cruz y ahora se desempeña como asesora externa en desarrollo legislativo del Concejo Municipal cruceño. Cambió de trabajo, pero mantiene el principio de laborar en pos del desarrollo integral de la sociedad.

Cuenta que su alejamiento de la política en el ámbito nacional se debió a dos factores: al concluir su gestión como presidenta de la Cámara Baja sufrió un primer desencanto cuando el Tribunal Supremo Electoral (TSE) impidió que más de 80 exparlamentarios candidatearan en los comicios subnacionales con el argumento de que no habían vivido en su región. “La segunda decepción se dio al detectar en Santa Cruz a un MAS de caciques, feudos, de ministros que se apropiaban de territorios y una dirigencia sometida a ese juego de valores, a la prebenda y al cuoteo”, por lo que decidió ponerle fin a un ciclo.

Aunque quedó mucho por hacer, siente que cumplió con su labor, pues durante su paso por la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) aportó significativamente en la proyección y aprobación de normas que marcaron un hito en la historia del Estado. Uno de los aspectos que recuerda con mayor orgullo es el haber sido parte de la primera ALP en el marco de la nueva Constitución Política del Estado (CPE).

Fue parte activa en la elaboración de la Ley Marco de Autonomía y Descentralización (LMAD) y como titular de la Cámara de Diputados le tocó gestionar la aprobación de los llamados Códigos Morales: el Código de Procedimiento Civil, el Código Niño, Niña y Adolescente (CNNA) y otras normas como el Código Penal, que la actual legislatura aún debate.

Otra normativa que la marcó fue la Ley Integral Contra Todo Tipo de Violencia, que trabajó junto con un grupo de legisladores. También propuso la Ley de Regularización del Derecho Propietario y la Ley contra Avasallamientos. Producto de la muerte de su madre y aunque decidió no iniciar un proceso penal a los médicos que la atendieron, proyectó una ley para castigar la negligencia médica, propuesta que no prosperó.

Su interés por el desarrollo igualitario e integral de la sociedad es fruto de una larga trayectoria que la llevó a la política. “Fui activista, primero de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y después de un grupo de mujeres políticas y empresarias denominado Nuevo Poder”. Fue en 1993 cuando se incorporó en la política como tal; Nueva Fuerza Republicana (NFR) la invitó a candidatear para un cargo legislativo y lo obtuvo, pero más tarde se desligó de dicho partido por una serie de promesas incumplidas.

Cuando el MAS le ofreció unirse a sus filas, Tejada —recuerda— le dijo al presidente Evo Morales que al pertenecer a una familia de clase media conservadora su aporte sería tender un puente entre los cruceños que se resistían al proceso de cambio y el MAS. Ella considera que hizo su mayor esfuerzo para alcanzar ese fin.

Perfil

Nombre: Betty Asunta Tejada Soruco

Profesión: Abogada

Cargo: Asesora externa del Concejo Municipal de Santa Cruz de la Sierra

Carrera

La exdiputada cruceña es proyectista de una serie de normas, entre las que se destaca la Ley Integral Contra Todo Tipo de Violencia, la Ley Marco de Autonomías, la Ley de Protección del Río Piraí y el proyecto contra la Ley de Negligencia Médica, que quedó en la congeladora.

Los japoneses están mal, muy mal, de la cabeza

Erick Ortega, es periodista

Los japoneses son unos loquillos. Sí, cierto es. La última noticia que se escuchó de ellos es que limitaron las horas extras de los trabajadores a 100 por mes. A ver, vayamos de retro... ¿100 horas en un mes? sí, pero de las extras; es decir, de aquellas que se encuentran por fuera de la jornada laboral.

¿Cómo así?, trabajan más de las ocho horas diarias y se dan tiempo para sus horas extras... sí de aquellas que están al margen de la jornada laboral, repetiremos para comprender mejor esta locura. Y, obviamente, acostumbraban trabajar más de 100 horas, por eso el Gobierno les ha puesto un alto a los autoexplotados nipones.

Son tan originales que le han puesto nombre a las muertes por exceso de trabajo: karoshi. ¿Allí es común morir trabajando?, pues sí.

Están tan zafados que el mismo Gobierno ha creado una jornada libre para los fabriles del sol naciente. Se llama el Premium friday (viernes premium, traducido del idioma colonialista).

Con ellos sí funciona aquello de que el futuro se forja trabajando ¿quién dijo esta frase?, no se sabe y no hay respuesta. Pero la neta es que ellos han hecho de su nación una superpotencia.

Es un país que ha sobrevivido a dos bombas atómicas. Sí, dos. Un par de esos artefactos hechos para matar a todo ser vivo. Y, si Japón fuera un tipo facebookero, pues de seguro que no andaría publicando lo sufrido que es y lo duro que le trata la vida. Nosotros sí. Las venas abiertas de América Latina nos las seguimos abriendo. Somos un mar de llanto. O, quizás, usamos ese pretexto para excusarnos por nuestras incapacidades pasadas, presentes y futuras.

Claro que a esto hay que sumarle el honor de los japoneses. Honor, aunque la palabra empieza con la letra H, no es un término vacío y no es una palabra hueca; sinos que es un hecho concreto.

El harakiri es un ejemplo que nos han enseñado las películas de allá. No se tolera la corrupción. No se tolera la flojera. Bueno, al menos eso dicen. Eso dice el Gobierno que ha puesto un límite a las horas extras en el trabajo.

Cuando los tambores de la guerra se escuchan con más fuerza, no hay noticias de japoneses bélicos. Ellos andan en su mundo. Trabajando para que otros, quizás nosotros, los miremos como unos loquillos porque les gusta trabajar.

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