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Ante la negativa de Chile al diálogo por el mar, explorar otras vías

Abandonar la demanda internacional no es una opción para Bolivia. Sin embargo, para retomar el diálogo bilateral aparecen varias posibilidades que son propuestas.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:07 / 23 de marzo de 2014

Bolivia dio el primer paso para un acercamiento con Chile esta vez con Michelle Bachelet otra vez presidenta, pero Santiago inmediatamente respondió, como si ya habría tenido preparada la respuesta, con que acepta el diálogo sobre 12 puntos de la agenda de 13, sin contar con el tema marítimo, por estar, en su criterio, ya en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya.

¿Qué debe hacer Bolivia a partir de la negativa chilena? El presidente Evo Morales ya reiteró que el juicio seguirá su curso. De este modo, además de continuar con el proceso judicial, se abre un abanico de posibilidades para el siguiente paso que debe dar Bolivia.

Las potenciales estrategias van desde el diálogo extraoficial, tomar la iniciativa en la proposición de una fórmula de solución a la deuda chilena, retomar el diálogo del resto de los temas pendientes o suspenderlos todos, a concentrarse en una campaña internacional que busque un compromiso moral chileno.

Son 135 años en que el país perdió  su salida al océano Pacífico. Durante ese tiempo en Chile hubo diferentes momentos en que determinados gobiernos mostraron la intención de solucionar el enclaustramiento boliviano; sin embargo, con los años, la posición de Santiago ha ido radicalizándose. El excanciller Javier Murillo ubica en 1987 el inicio de este comportamiento y subraya que antes “siempre habían dado muestras de una apertura de distintos niveles para buscar una solución”. Sin embargo, a partir de 1987, se fue “restringiendo” su postura hasta que al final de la negociación del Enfoque Fresco “Chile dio un portazo y cerró toda posibilidad de una charla conducente al tema grande”. De ahí en adelante solo se ha retrocedido.

¿Responde a esa actitud tajante la actual negativa chilena? En todo caso, es imposible una afirmación concluyente al respecto. En este contexto problemático, cuatro especialistas relacionados con distintas disciplinas que pueden abarcar las relaciones internacionales proponen posibles acciones que Bolivia debería asumir paralelamente a la demanda. El punto en común entre todos ellos es que aseguran que el juicio en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya no debe levantarse.

En ese sentido, la presidenta de la Comisión de Relaciones Internacionales de la Cámara de Senadores, Gabriela Montaño, dice que la demanda “está corriendo y Bolivia va a cumplir los pasos que ha establecido la Corte para la presentación de la memoria en abril, lo que no se contrapone con escenarios de diálogo directo”.

Franco Gamboa, doctor en Relaciones Internacionales, también indica que Bolivia “debe llevar en alto la demanda”. “Si bien el panorama es complicado y parece desalentador, hay que actuar con serenidad. Chile tiene muchos problemas domésticos y va a tratar de poner en segundo plano el tema marítimo”.

En efecto, Chile tiene varios frentes de conflicto: a dos semanas de la nueva administración, cuatro gobernadores nombrados por Bachelet renunciaron, así como cuatro viceministros que serían posesionados prefirieron no asumir sus puestos antes de ser siquiera nombrados. Estas renuncias se dieron por cuestionamientos de la población. Por otro lado, Bachelet tendrá que enfrentar a los grupos conservadores que se oponen a las reformas constitucionales.

Precisamente, La Moneda podría no dar atención al diferendo con Bolivia a causa de sus prioridades internas, es que el país tiene que “seguir con la demanda y establecer claramente que Bolivia sí o sí quiere resolver el conflicto con este nuevo gobierno, pues el hecho de ser ‘nuevo’, en el ámbito internacional, le obliga a responder a Bolivia”, dice Gamboa, para quien el país debe seguir un plan dual: concentrarse en la CIJ y planificar una campaña internacional para que el gobierno de Bachelet asuma un compromiso moral “en el contexto de la integración sudamericana”, pues no se puede dejar de lado que la nueva mandataria va a “intentar posicionarse” como una presidenta que busca los “equilibrios de integración” para un mejor futuro de la región.

Los bloques de integración de la región responden a dos lógicas encontradas: la de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú), vinculada a los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba, con Antigua y Barbuda, Bolivia, Cuba, Dominica, Ecuador, Nicaragua, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, y Venezuela), que responde a la lógica de integración comercial Sur-Sur. Gamboa parece querer sugerir que Chile podría ser la medida de equilibrio de una integración de mayor profundidad y que para lograr esto tendría que superarse el asunto pendiente con Bolivia.

Murillo propone una campaña distinta, enfocada a informar a la comunidad internacional sobre las características, contenidos y alcances de la demanda boliviana, “para contrarrestar una campaña que ya ha desplegado Chile orientada a desvirtuar los fundamentos que la sustentan”.

El diplomático e historiador Ramiro Prudencio, de igual forma, propone dos estrategias: mantener la demanda y buscar un entendimiento directo “no en forma oficial, sino extraoficial”. “Se puede negociar extraoficialmente, es imposible que Chile se niegue a esto. Para ello hay que mandar un cónsul general que tenga, en reserva, potestades para negociar de forma amistosa”, explica.

Por su parte, el excónsul de Bolivia en Santiago Walker San Miguel toma las declaraciones de Bachelet (no hablar del tema marítimo por estar siendo tratado en la Corte Internacional) como “un evento coyuntural provocado por la proximidad de la presentación de la memoria boliviana en La Haya (17 de abril)”.

A causa de este contexto, “las expresiones en Chile no van a ser muy auspiciosas” para allanar un camino de diálogo. Su expectativa está puesta en el 17 de abril, “pero eso no quiere decir que se haya cancelado la posibilidad de abrir espacios de diálogo que incluyan al mar, lo que estará a cargo del próximo trabajo diplomático entre cancillerías y jefes de Estado”, prevé.

En esa vía propone que Bolivia, en lugar de esperar que Chile presente una propuesta, “tome la iniciativa diplomática cuanto antes, planteando una fórmula de solución al enclaustramiento. Esto no es incompatible con La Haya porque es afín al petitum (pretensión de la parte demandante) boliviano; es decir que Chile negocie de buena fe”. “Esto es adelantarse, porque así ya tendríamos sobre qué base es que queremos negociar como expectativa de solución que tome más o menos a los acuerdos de Charaña”, sugiere.

En cuanto a los 12 puntos restantes de la agenda, Prudencio los califica de “muy importantes” como el del Silala, incluso propone incluir en la agenda los temas del ferrocarril Arica-La Paz y el del desvío del río Lauca (“asuntos que extrañamente no están”, cuestiona Prudencio).

La agenda de los 13 puntos se inició en las primeras gestiones de Morales y Bachelet. Incluyó los siguientes temas: 1) desarrollo de la confianza mutua, 2) integración fronteriza, 3) libre tránsito, 4) integración física, 5) complementación económica, 6) tema marítimo, 7) Silala y recursos hídricos, 8) instrumentos de lucha contra la pobreza, 9) seguridad y defensa, 10) cooperación para control del tráfico ilícito de drogas y de productos químicos esenciales y precursores, 11) educación, ciencia y tecnología, 12) culturas, y 13) otros.

Como se ve, el ferrocarril Arica-La Paz está ausente y el Lauca no es enunciado con “nombre y apellido”, sino que puede interpretarse como parte del séptimo inciso. Ahora bien, sobre retomar una agenda de 12 puntos (excluyendo al mar), como propone Chile, hay posiciones disímiles. Prudencio afirma que los 12 puntos restantes, como ya resaltó, son importantes y que se deberían incluir otros más.

Murillo considera que el tratamiento de los puntos restantes “continuará dentro de una dinámica natural entre países limítrofes. Tales asuntos no tienen por qué verse afectados o paralizados”. La demanda ante La Haya “no tiene por qué anular”, por ejemplo, los esfuerzos conjuntos en la lucha contra el narcotráfico o el contrabando. “Lo mismo puede decirse respecto del cumplimiento del libre tránsito”, señala.

Sobre los manantiales del Silala, el excanciller estima que podrá seguir siendo tratado bilateralmente “siempre y cuando Chile no insista en que se trata de un recurso compartido”, pues la totalidad de dichos manantiales se encuentra en territorio boliviano y el flujo de dichas aguas artificialmente canalizado hacia el Pacífico “no puede considerarse un río internacional de curso sucesivo”.

Gamboa, en cambio, cree que esa agenda fue importante como “acercamiento protocolar y no corresponde retomarla actualmente”, pues en lo concreto no había especificidad, cuestiona. “El diálogo se va a generar en la medida en que Chile tenga que responder a la demanda internacional, habrá que esperar la réplica institucional”, dice.

Una visión que se contrapone a todas las anteriores es la de la internacionalista Karen Longaric, pues si bien afirma que el juicio iniciado debe ser continuado, no ve con optimismo que otras estrategias vayan a tener resultado por una sencilla razón: la falta de voluntad chilena.

A partir de las declaraciones de Bachelet de excluir de la agenda el tema del mar, “el Gobierno boliviano debe preguntarse si Chile realmente tiene o no interés en dialogar con Bolivia”, provoca. Entonces, sugiere que Bolivia debe reflexionar si “vale la pena” el tratamiento de los 12 puntos restantes y preguntarse “si es posible hacerlo a través de otras vías...”.

“En mi criterio la agenda ha sido mutilada y ya es inaplicable. El documento ha sido jurídicamente invalidado porque una de las partes ha roto un compromiso acordado formalmente”, dice. Eso “vicia” la agenda a pesar de que en los 12 puntos hay temas de “muchísima importancia” para Bolivia, como el del Silala o el Lauca. No obstante, Chile ha demostrado que “tampoco le interesa tratar esos temas” a través del diálogo como “siempre intentó Bolivia”.

A pesar de este panorama, Longaric ve que el país “tiene mecanismos internacionales para buscar una solución de las divergencias por el desvío de los recursos hídricos bolivianos. Una eventual demanda en ese sentido tiene bases razonables en favor del país”, juzga. El resto de los temas, como la seguridad, defensa, narcotráfico, temas económicos o lucha contra la pobreza “no son de urgencia”.

Como conclusión señala que esa agenda no puede servir de base para diálogos futuros. “Si el Gobierno decide retomar un diálogo deberá rediseñar una nueva agenda, pero no puede ser base la de los 13 puntos por haber sido incumplida por Chile”.

Así, con la visión común de dar continuidad a la demanda, con diferentes propuestas de estrategias a seguir, y desconfianza en que haya una buena respuesta chilena, se cumplen 135 años de la Guerra del Pacífico y por tanto del enclaustramiento boliviano. Queda esperar qué pueda decir hoy el Presidente del Estado Plurinacional para ver cuál será oficialmente el siguiente movimiento de la Cancillería, aunque por la inminencia de la presentación de la memoria boliviana es posible que se aborde el tema con cautela. Pero Morales siempre ha dicho algo importante en los 23 de marzo.

‘La agenda de 13 puntos fue mutilada’: Karen Longaric es docente de Derecho Internacional

Con la declaración de Bachelet de excluir el tema marítimo de la agenda de los 13 puntos, en mi entender, se ha mutilado la agenda. El Gobierno debe preguntarse si vale la pena buscar el diálogo y si Chile tiene o no interés de dialogar con Bolivia. Chile ha incumplido jurídicamente la agenda al mutilarla, la ha invalidado al romper un compromiso acordado formalmente con 13 puntos.

‘Tenemos voluntad de diálogo para todo tema’: Gabriela Montaño es senadora

Tenemos voluntad de abrir escenarios de diálogo en el que se toquen todos los temas inherentes a la relación entre Chile y Bolivia. Eso no puede ser condicionado por Chile con una suspensión de la demanda, porque no lo vamos a hacer. El Presidente mostró voluntad de diálogo y respeto por el pueblo chileno, lo cual debe tener un correlato en la voluntad que muestra Chile.

‘Rodríguez debe tener en alto la demanda’: Franco Gamboa es doctor en Relaciones Internacionales

La serenidad es necesaria para tomar una decisión en un panorama desalentador en cuanto al diálogo directo, por lo que el embajador Eduardo Rodríguez debe tener en alto la demanda y al mismo tiempo establecer que Bolivia quiere resolver el conflicto marítimo con el gobierno de Bachelet. La posibilidad de que Chile haga oídos sordos es poca por ser una nueva administración.

‘Hay que mantener la demanda en la Corte’: Ramiro Prudencio es diplomático e historiador

Por una parte hay que mantener la demanda en la Corte Internacional; por otra, Bolivia debe buscar un entendimiento de manera extraoficial. Es imposible que Chile se niegue a conversar. Habrá que mandar un Cónsul General con potestades reservadas para negociar sobre el tema del mar y llegar a un entendimiento conversando de forma amistosa y extraoficial.

‘Tras la memoria habrá oportunidades’: Walker San Miguel fue cónsul de Bolivia en Santiago

La negativa de Chile de no hablar del mar debe ser tomada como algo coyuntural y se explica por la proximidad del 17 de abril, cuando Bolivia presente su memoria. Después de esto, seguramente se abrirán espacios de diálogo que incluyan el mar. Habrá oportunidades mediante cancillerías y a nivel de jefes de Estado en encuentros multilaterales en que eventualmente coincidirán.

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