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Una negociación (geo)política, en últimas

La cumbre sobre el cambio climático de París plantea varios frentes de debate; en el centro de la discusión está la reducción de los gases de efecto invernadero y la cooperación entre todos los países.

Info calentamiento global.

Info calentamiento global.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:08 / 07 de diciembre de 2015

El día de la inauguración (lunes 30 de noviembre) de la vigésima primera reunión de la Conferencia de Estados Parte de la Convención sobre Cambio Climático en París, más conocida como COP21, era inocultable la desazón del presidente Evo Morales en la sede de la cita mundial: “Después de escuchar las distintas intervenciones, hasta esta parte de la COP21, quiero decirles que no escuché un cuestionamiento profundo a las causas del calentamiento global; ésta es nuestra profunda diferencia con gobiernos y con organismos internacionales y especialmente (con) los representantes a las transnacionales”.

En la idea de fondo y forma, el Mandatario afirma que podremos hablar del calentamiento de más o menos 1 o 2 grados centígrados, de las responsabilidades compartidas, del financiamiento o de la forestación, en fin, “pero si no atacamos las causas del calentamiento global, nunca lo habremos resuelto”.

Las causas: el capitalismo y la forma de vida que éste reproduce, da a entender: “La visión antropocéntrica y mercadocéntrica convierten a la naturaleza en un simple objeto de explotación y lucro; que el individualismo, el egoísmo y el consumismo son una plaga que destruye a la comunidad. Si continuamos en el camino trazado por el capitalismo, estamos condenados a desaparecer”, concluyó su discurso en la COP21 en París el presidente Morales.

Los dos grados como límite del calentamiento global, coincide Carlos Aguilar, director en Bolivia de la organización no gubernamental internacional Oxfam, ciertamente no es una discusión solo técnica, sino que sobre todo es una “negociación política”, “y es eso lo que efectivamente complica más los acuerdos”. Ahora, en última instancia, pero especialmente en el tema medioambiental, esas decisiones políticas sí o sí tendrían que estar basadas en la investigación científica, porque solo esto garantizaría una efectiva respuesta a esta adversidad global, acota la ecologista y analista ambiental Teresa Flores Bedregal.

DESIGUALDAD. Ya en el diagnóstico de la ‘crisis ambiental’, para Oxfam, según su directora a nivel internacional, Winnie Byanyima (ver la página 10 de la presente entrega), la actual crisis no es otra que “una crisis de desigualdad”. En el informe de Oxfam La desigualdad extrema de las emisiones de carbono, esta institución afirma que “el cambio climático está indisolublemente unido a la desigualdad económica”, a la concentración de la riqueza: “el 10% más rico de la población mundial es responsable de alrededor del 50% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (...) y la mitad más pobre tan solo genera alrededor del 10%” (ver gráfico adjunto).

Quienes más sufren los efectos negativos del cambio climático, añade Aguilar, son los países en desarrollo y más pobres, “los que menos contribuyen (con emisiones), pero además los que menos capacidad de generación de recursos tienen para los planes de adaptación y mitigación”.

Una de las ideas-consigna de la COP21, que también se impulsó desde el G77, ha sido aquélla de la “responsabilidad común pero diferenciada”, el punto es determinar, insiste el representante nacional de Oxfam, las mayores o menores responsabilidades de cada cual. Ante la noción difundida recientemente, de que en el empeoramiento del calentamiento global tienen buena parte culpa los denominados “países emergentes” (Brasil, México, India o hasta la propia Rusia y China, entre otros), “todavía los países más desarrollados son los más contaminadores”, remarca el director de Oxfam Bolivia.  

En el tema, es cada vez más evidente la idea de que “justos pagan por pecadores”; la investigadora Flores Bedregal con relación al punto afirma que el mayor daño ocasionado por el calentamiento precisamente estará en la parte central del planeta, entre los trópicos de Cáncer y Capricornio (donde está Bolivia), lo que de algún modo se verifica en el mapa de vulnerabilidad adjunto, proporcionado por Oxfam.

“Les va a ir peor a los trópicos. Esta parte del planeta es la que va a ser más afectada, porque va a ser más caliente; en algunos lugares la temperatura ya ha subido a más de 50 grados, se han roto montones de récords estos últimos dos años; en cambio, Siberia, Canadá se van a favorecer, porque ya no  van a ser tan fríos”.

FINANCIAMIENTO. La responsabilidad común pero diferenciada implica el financiamiento de todos los emprendimientos que se vayan a hacer para la mitigación y adaptación al cambio climático.  Al respecto, Oxfam demanda principalmente dos acuerdos en la COP21 de París: una, la necesidad de “compromisos claros” en torno al financiamiento para la adaptación, lo que implica definir lo más concretamente posible “cuáles son los desafíos y cuánto se necesita para hacerles frente”; y, dos, que es imperioso separar ese financiamiento del que se destina a la cooperación internacional. “La idea es que si tú tienes la población más rica, que es la más contaminante, tienes que retribuir y sobre todo utilizar fondos para la prevención y adaptación de aquellos que están siendo perjudicados por tus prácticas. Pero esto también para que al final los países en desarrollo adquieran esta capacidad de enfrentar (por sí solos) los efectos del cambio climático global”.

Pero también en este aspecto, sobrevuela la desconfianza. Como destaca la directora internacional de Oxfam, Winnie Byanyima, si en 2009 los países ricos se comprometieron a proporcionar a los países en desarrollo 100.000 millones de dólares al año hasta 2020, el seguimiento que hizo del dinero la ONG internacional dio cuenta que “hasta el momento solo han movilizado 20.000 millones, de los cuales apenas 5.000 millones se han destinado a ayudar a las personas pobres para que hagan frente a los efectos del cambio climático”.

MITIGACIÓN. El financiamiento hace más a los mecanismos de compensación; pero donde muchos ponen más el acento es en la pareja ‘mitigación-adaptación’.  Al efecto, para el investigador ambiental posextractivista Eduardo Gudynas, si algo central hay, o debe haber, en la actual CPO21 de París es tomar medidas concretas para la reducción de los gases de efecto invernadero: “La cuestión principal de la cumbre es la reducción de la emisión de los gases invernadero, mientras que las demás cuestiones son mecanismos sobre cómo alcanzar esas metas, y sobre cómo apoyar a los que serán los más afectados al cambio climático”.

Para la ambientalista Flores Bedregal, tal como proponen muchos países, la exigencia es que haya un “enfoque de conjunto, de mitigación y adaptación”. Aquí, la investigadora llama la atención en que si bien existe mayor responsabilidad de los países desarrollados en el calentamiento global, no se puede dejar de enfatizar, también, la responsabillidad propia. Usa la analogía de una casa (la Tierra) que de pronto empieza a quemarse, y dentro, los hermanos, en vez de intentar apagar el fuego, se enfrascan en una pelea por saber quién tiene mayor o menor responsabilidad en el incendio; “al final, todos los que usamos combustibles fósiles somos culpables”.

En Bolivia, por ejemplo, señala, acaso nuestra mayor tarea sea reducir la deforestación, la quema de los bosques. En los procesos de adaptación, además, insiste, una de las cosas de primera importancia pero que es olvidada es la seguridad alimentaria; “la primera adaptación consiste en reconstruir sólidos sistemas de seguridad alimentaria”. 

Ahora, Flores Bedregal también llama la atención sobre la necesidad de conocer y empezar a usar los varios avances tecnológicos que hubo en las energías renovables: “En los últimos cinco años hubo una revolución energética esperanzadora”.

Frente a construcciones como “deuda histórica” o “justicia climática”, la investigadora prefiere el énfasis en la acción proactiva, de cooperación necesaria: “Primero lograremos reducir las emisiones, y en el camino pides compensación por esto; lo principal es la cooperación”.

VIVIR BIEN. Como parte de un debate propuesto desde el sur, en la COP21 también estará presente la crítica al desarrollismo, al modo de vida “occidental”, al crecimiento que se hace depredador.  Al respecto, el investigador Gudynas recuerda que aquello de abandonar el “mito del crecimiento” es un reclamo de hace 50 años. “El Vivir Bien —en cambio, dice— es una postura más amplia, y que incluye a esa crítica radical al crecimiento económico. Entiendo que es mucho más abarcadora y más ajustada a nuestras realidades que la conversación europea sobre el ‘decrecimiento’”.

Gudynas, sin embargo, no deja de señalar que lo del Vivir Bien no siempre es una posición asumida consecuentemente por los propios gobiernos de América Latina; critica la falta de cohesión de la región en la COP21: “Ni siquiera se han logrado posiciones consensuadas de la región; la Unasur no se comporta como un negociador de bloque, tal como lo hace la Unión Europea. Observamos que Brasil va por un lado, otros países marchan en otro sentido, Venezuela ni siquiera ha presentado un plan de reducciones voluntarias, y por ello todos terminan siendo jugadores secundarios”.

El investigador uruguayo también cuestiona la vigencia del extractivismo en la actual problemática medioambiental:  “Los observadores atentos saben, en el norte y en el sur, que hay países con discursos sobre la Pachamama pero sus medidas internas son promover todavía más la explotación de hidrocarburos, y con ello pierden su legitimidad como voces morales para un cambio frente al capitalismo”.

Piso mínimo para que la cumbre no fracase: Carlos Aguilar, director de Oxfam Bolivia.

Cuatro logros serán necesarios: uno, negociaciones que aborden el tema de los recursos para enfrentar el problema; dos, que países emergentes cobren mayor protagonismo; tres, un mecanismo sólido de revisión de los compromisos que adquieran metas y ambiciones mayores para 2020; y, cuatro, compromisos más claros en cuanto al financiamiento.

Aunque no sea bueno, que haya un acuerdo: Teresa Flores, investigadora ambiental

Lo importante es que salga un acuerdo de la cumbre climática de París, aunque no sea el mejor, pues sin acuerdo será peor. Yo he estado desde hace muchos años siguiendo las cumbres y tengo la certeza de que aunque no sea perfecto, hay que llegar a acuerdos y de ahí ir avanzando. Cuanto más se coopera es mejor, pues solo de este modo hay resultados de largo plazo.

Desengancharse de este tipo de desarrollo: Eduardo Gudynas, académico  ambientalista

Nuestros países no pueden esperar a que ocurra algo así como un acto de arrepentimiento en el capitalismo global, que permita arreglar el drama del cambio climático. Nuestros países deben iniciar sus propias acciones para desengancharse de ese tipo de desarrollo. No pueden esperar por cumbres como la de París, y deben iniciar sus alternativas cuanto antes.

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