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No es así nomás...

La situación de Ronald Ramos (del ‘no te ralles así’) es la realidad de muchos para quienes quedan como opciones engrosar el 22% de la población dedicada a la manufactura, 27% al comercio o el 39% a actividades de cuenta propia, desde conductores de minibús hasta albañiles.

La Razón (Edición Impresa) / Gustavo Adolfo Morales es comunicador y abogado, ‘ciudadano alteño’

00:00 / 19 de marzo de 2017

Como parte del Carnaval y sus consecuencias, en pomposo acto oficial, el Concejo Municipal de El Alto distinguió al joven alteño Ronald  Ramos, quien se hizo famoso en la redes sociales por un reclamo a su estilo sobre la burla de una persona respecto a uno de sus amigos. El acto de condecoración provocó airadas protestas de muchas personas que se sintieron tocadas en su moral, buena conducta y pudor, con reacciones desde “estos concejales se han rallado...” hasta “es una vergüenza que los concejales distingan a un borracho”.

Si la distinción fue buena o mala, dejo para que definan los que tengan valor civil de hacerlo, incluso sobre el accionar de los concejales que ciertamente nos dejan muchas dudas a los alteños sobre su capacidad de ser autoridades.

Me interesa reflexionar sobre la situación de los jóvenes en esta ciudad y sus perspectivas. Según el Plan de Desarrollo Municipal 2006-2011 —no tengo conocimiento de otro PDM— se hace conocer que el 40% de la población alteña es menor de 15 años —en este grupo estaba entonces Ronald—  siendo la más alta del Estado Plurinacional; si a ello incluimos a la población de 15 a 30 años, tendremos fácilmente un 65%. Entonces, ¿cuáles son sus oportunidades? El mismo Ronald en entrevista sostiene que tuvo que dejar el colegio y dedicarse a trabajar y ve muy difícil retornar a las aulas, más cuando quedó como parte de una familia dividida y él es responsable de apoyar a la manutención familiar. La situación de este joven es la realidad de muchos para quienes quedan como opciones engrosar el 22% de la población dedicada a la manufactura, 27% al comercio o el 39% a actividades de cuenta propia, desde conductores de minibús hasta albañiles. 

¿Qué están haciendo las autoridades nacionales, departamentales y municipales por el desarrollo humano en El Alto?

Las nacionales, canchas con césped sintético, centros de salud sin personal necesario y pertinente, enlosetados, aulas sin maestros idóneos y el Teleférico Azul, inaugurado estos días, transporte que costará Bs 3 en un trayecto por el cual los minibuses cobran Bs 1. ¿Dónde quedan las iniciativas productivas? Dirán que no todas son competencias de ese nivel, sí, pero pueden tomar decisiones desde ese nivel ¿o no? ¿Acaso no decidieron utilizar recursos del Fondo de Pensiones para los empresarios agropecuarios orientales?

La gobernación, a más de tener sus oficinas en el campo ferial y una numerosa planta burocrática, no hace nada por El Alto. El municipio continúa con obras de la época de Édgar Patana: la casa consistorial, asfalto, arreglos apresurados de aulas para la foto de propaganda y otras obritas.

Dos discursos unen a los diferentes niveles de gobierno: el permanente lloriqueo por supuestos mutuos entrabamientos en la gestión de obras y, segundo, la falta de recursos económicos para responder a todos los pedidos. Pero solo esperar que el Gobierno nacional entregue fondos es totalmente contrario al espíritu del alteño, que ante la necesidad hace de 1.000 oficios para conseguir mayores ingresos, patrimonializarse y “tener” sus ingresos asegurados; si esperáramos todo de las autoridades, estamos en situación preocupante y lamentable, y Ronald es una muestra de ello: trabaja de albañil, viaja a Cochabamba, está en varias actividades, mientras las autoridades discursean, lloran, se acusan y hacen politiquería.

El Alto, que en 1960 tenía 30.000 habitantes y hoy, más de 1 millón, siendo la segunda de Bolivia, genera 500 millones de dólares de PIB anual: 25% del departamento de La Paz y 6% del país. Según el INE, cuenta en el sector informal con emprendimientos personales y familiares y semiempresariales  como sus principales potencialidades económicas; sin embargo, tiene 15% de desempleo abierto cuando en el ámbito nacional es de 12%, en esta ciudad donde incluso la obtención de la educación superior no es garantía de empleo seguro, pues el 20% de quienes cuentan con estudios superiores están desempleados, muchos de los cuales subsisten en el comercio y el transporte.

¿Cómo se explica que teniendo datos económicos tan preocupantes no se haya generado violencia? Quizás por factores sociales, culturales, políticos y religiosos que hacen a las condiciones económicas de sus familias.

En lo social, no debe haber otro colectivo ciudadano en Bolivia con la capacidad organizativa de El Alto. Se organizan para todo y con todo motivo: para la ejecución del empedrado está el “comité de empedrado” hasta el “comité de inauguración del empedrado”, de forma tal que todos los propietarios de casa participen con alguna responsabilidad. Esos niveles básicos hasta la gloriosa Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) son la muestra de esa capacidad organizativa. Pero como no todo podía ser bueno, los dirigentes son... personas que han hecho del ejercicio de la dirigencia su forma de ingreso económico, convirtiendo un servicio en un negocio lucrativo, y las autoridades se han dado cuenta de esas aspiraciones, provocando la división de la Fejuve, debilitando su capacidad de exigencia y organización.

No hay zona, organización, club, asociación u otra forma de agrupación que no tenga su fiesta patronal; fiesteros somos y pocos nos ganan en esas actividades culturales, mostrando capacidad organizativa.  

El Alto desde que fue municipio pasó por la manipulación proveniente de La Paz: desde allí decidieron nombramientos de alcaldes, concejales, funcionarios y hasta secretarias; por mucho tiempo se dijo: “Si vienen de la hoyada, aunque roben, si hacen obras no importa”;  poco o nada cambió desde 1988 hasta la actualidad.

Existe una marcada ignorancia sobre esta ciudad, que pudiera ser subsanada por el rol de los medios de comunicación; sin embargo, el estudio realizado en enero de 2012 por el Observatorio Nacional de Medios (Onadem), ¿El Alto, una ciudad peligrosa, pobre y de poco interés periodístico?, muestra que El Alto es reflejado en la prensa escrita como una ciudad violenta, criminal y delincuencial; 25% de los contenidos están relacionados con la inseguridad ciudadana, 20% a temas delincuenciales con asesinatos y robos; si a través de los medios escritos tuviéramos una idea de El Alto, ésta sería lapidaria. Lo curioso de estas notas, según el estudio, es que 71% de las breves y secundarias no llevan firma.

Es llamativo que el 44% de las notas referidas a El Alto en la prensa escrita tiene enfoque negativo; 34%, positivo y 22%, neutral, teniendo como principal fuente de información, con 27%, a la FELCC. El Alto es mostrada como una ciudad en problemas y de violencia extrema.

Los jóvenes como Ronald Ramos expresan el proceso histórico de construcción de una nueva identidad de El Alto, en la disputa permanente entre globalización y procesos locales, asumiendo una fuerte corriente andina (aymara y quechua); toman en cuenta la presencia peruana, colombiana y mexicana a través de las telenovelas, y el retorno de miles de alteños que, después de trabajar en talleres de Buenos Aires y Río de Janeiro y San Pablo, vuelven con sus modismos y forma de expresarse: una muestra es que varios minibuses de servicio público llevan refranes en portugués.

Que existen muchos jóvenes talentosos, virtuosos, estudiosos, emprendedores en El Alto, merecedores de reconocimientos y distinciones, claro que sí; como los primeros estudiantes de Bolivia que lograron medallas de plata y bronce en el ámbito iberoamericano en Ciencias Químicas; como la estudiante que propuso una nueva técnica de tratamiento de aguas residuales habiendo obtenido un premio internacional; o los jóvenes que vencieron en el exterior con su modelo de auto ecológico, y los miles de jóvenes que llenan el CBA, para aprender inglés, o los centros de aprendizaje de chino mandarín, los miles de jóvenes que estudian en la UPEA y trabajan para su autosostenimiento y otros miles que tienen sus propios emprendimientos económicos en esta ciudad, porque vivir en El Alto, no es así nomás…

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