Animal Político

La nueva sección de Internacional

Desde el contexto español, escribe Bastenier: El tsunami digital obliga a pensar estos temas en el periódico impreso con algunas variantes. El concepto tradicional de noticia, sin olvidar el de exclusiva, ha pasado a la historia.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Ángel Bastenier es periodista hispanocolombiano. El País de España

00:00 / 09 de abril de 2017

El tsunami digital no solo constituye una realidad por sí mismo, en la medida en que impone una técnica distinta para la sección de Internacional —videos, entrevistas, recurso extensivo a Internet para recabar información, pistas de trabajo, apoyos internacionales de otras organizaciones, en general— sino que obliga a pensar la sección en el periódico impreso con algunas variantes, lo que, lamentablemente, no quiere decir que hayamos encontrado el vellocino de oro.

Lo primero y más obvio es que todo lo citado como botín de Internet será en muchos casos tan aplicable a la versión digital como a la de papel. Pero veamos qué pasa con el impreso.

La conclusión a partir de la que trabajaremos, aun funcionando con una red de corresponsales razonablemente extensa, sin la cual es mejor dedicarse a otra cosa, es la de que el concepto tradicional de noticia, sin olvidar el de exclusiva  —¿cómo aún hay quien insiste en esa versión matusalénica de las cosas?— ha pasado a la historia. Por sensacional que sea la materia prima con que contemos, en cuanto aparece pasa a ser del dominio público. Ha sido así siempre, podrá decirse, pero la realidad es mucho más ominosa porque el torrente informativo, vía redes, sobre todo, es hoy de tal magnitud que la inmensa mayor parte de lo que publiquemos será ya conocido, por lo menos en filigrana, de nuestros lectores. Eso no nos libera, por supuesto, de tratar de hacerlo mejor que la competencia, de que el discurso de Putin en la Duma, por ejemplo, lo despleguemos con la mayor riqueza y conocimiento posibles, pero sujetos estamos, aun con el material propio de nuestros corresponsales o enviados, a dar una versión que en lo fáctico sea sustancialmente la misma que la del prójimo periodista.

Ante esto se dirá que las secciones de Internacional deben derivar hacia la interpretación, el porqué de las cosas, lo que se llama con inveterado optimismo news analysis. De acuerdo en que hoy eso hace más falta que nunca, pero no es una obligación nueva ni sobrevenida, porque para esa misión han estado siempre los corresponsales. Y lo que es peor, una sección atiborrada de análisis abotarga al lector más avezado. Evidentemente, lo mínimo que habrá que hacer es tratar de tener voces, expertos, personal del interior para ilustrar mejor que nadie esa facticidad narrativa de la que no podemos zafarnos. Pero aún así nos encontramos en un terreno en el que, tsunami o no tsunami, habríamos debido movernos habitualmente; la diferencia es que ahora ampliar esos registros es mucho más imprescindible que en tiempos del Antiguo Régimen. ¿Tiene salida esta trampa mortal? Hasta cierto punto.

El corresponsal tiene que variar el angular de su trabajo. Ya no es el recopilador de lo que ocurre sino el investigador de todo ello, pero que no es del dominio público. El corresponsal convertido, tan básicamente como sea posible por cuestiones de personal, en reportero. Lo que llamamos información estándar, la que tiene todo el mundo, habrá de seguir apareciendo en nuestras páginas, pero si no hay ilustración propia o reportería sobre ese mismo tema, habría que dar solo lo imprescindible y ganar espacio para otros menesteres. Y esos menesteres, puestos a aspirar a lo mejor, serían, y solo es un ejemplo, que el mismo elemento que va a dar la noticia o alguien suficientemente autorizado nos hablara de lo que se anuncia para poder publicar declaración y decoración conjuntamente. Y ya sé que cabe objetar que es como pedir peras al olmo, pero hacer realmente bien internacional en nuestro tiempo es tanto o más que eso.

Todo ello nos remite, finalmente, a los dos términos que me parecen clave para el periodismo impreso y pos-impreso que son Agenda Propia, válidas es cierto que para todo el periódico, pero que en Internacional pueden ser especialmente remuneradoras. Hacer, en definitiva, una sección distinta a la de la competencia, que permita al lector decir que lo que leen en su publicación preferida le explica el mundo como nadie más lo hace.

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