Animal Político

Un nuevo comienzo?

No se trata del fin del bloqueo a Cuba, pero es un avance: se autoriza viajes de estadounidenses sin ascendencia cubana a La Habana; se liberaliza  las transacciones bancarias y comerciales entre ambos países y, lo más importante, que Cuba será retirada de la lista de países que apoyan al terrorismo.

La Razón (Edición Impresa) / Horst Grebe López

00:00 / 28 de diciembre de 2014

La liberación de presos acusados de espionaje en ambos países y el anuncio simultáneo por parte de Raúl Castro y Barack Obama del inicio de conversaciones para la reanudación de las relaciones diplomáticas entre sus dos países, han sido hechos calificados casi unánimemente como el comienzo de una nueva época en las relaciones entre los gobiernos de Cuba y de Estados Unidos. Se trata, en efecto, del primer cambio relevante desde que se interrumpieron las relaciones hace más de 50 años, cuando se inició el bloqueo y le siguió una serie de intentos de derrocamiento del régimen en Cuba, asesinato de Fidel Castro, sabotaje económico y otras agresiones de la más variada índole.

Las motivaciones para el ensañamiento de los Estados Unidos contra la Revolución Cubana comprenden desde la expropiación de propiedades agrarias y empresas estadounidenses, hasta la amenaza efectiva que significó la instalación de misiles soviéticos en la isla en 1962. Pero además, también hay que recordar el carácter estratégico que se atribuía a la isla de Cuba para la seguridad de los Estados Unidos, cuestión que se remonta hasta comienzos del siglo XIX. En ese entonces se consideraba vital el control de las rutas que llevaban azúcar y algodón desde los puertos del golfo de México hacia Europa, pasando entre Cuba y la Florida.

IMPACTO. Se comprende por tanto el impacto en las élites de Estados Unidos, del anuncio, después del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, de que la Revolución Cubana adoptara una orientación socialista explícita, afianzada luego con el respaldo económico y militar de la Unión Soviética, que duró hasta la caída del Muro de Berlín (1989) y el colapso subsiguiente del campo socialista.

Los anuncios del 17 de diciembre, conducentes a la normalización de las relaciones entre ambos países, han sido recibidos en general con sorpresa por los sectores políticos involucrados en el tema cubano en los Estados Unidos, pero asimismo están siendo interpretados en otros países de diversas maneras, según la perspectiva analítica y la posición política de los diferentes observadores y comentaristas internacionales. No se trata, en todo caso, de la suspensión del bloqueo, que únicamente se puede ejecutar por parte del Congreso estadounidense. Constituye, no obstante, un avance notable que incluye la autorización de viajes de estadounidenses sin ascendencia cubana a La Habana; liberalización de las transacciones bancarias y comerciales entre ambos países y, lo que es lo más importante, Cuba será retirada de la lista de países que apoyan al terrorismo.

La explicación de todo esto apunta hacia una convergencia de factores, en ambos países, que abrió esta oportunidad histórica. Tales factores comprenden, entre otros: el cambio generacional en el exilio cubano de Miami; el momento político que se vive en ambos países; la presión diplomática de los países latinoamericanos en los foros multilaterales; la proximidad de la Cumbre de las Américas a realizarse en Panamá; el interés de Estados Unidos de frenar la presencia de China y Rusia en el Caribe; la caída de los precios del petróleo; y la mediación del papa Francisco.

Lo notable es que aún antes de que se dieran todos estos acontecimientos, a comienzos de 2013, Obama autorizó el inicio de negociaciones entre agentes confidenciales de los gobiernos estadounidense y cubano, con la participación del papa Francisco como mediador, y de Canadá y el Vaticano como anfitriones de las reuniones.

Los acuerdos a los que arribaron dichas negociaciones introducen un viraje de la mayor importancia en el conjunto de las relaciones entre Estados Unidos, Canadá y los países de América Latina y el Caribe. Sin embargo, no se pueden esperar resultados extraordinarios a corto plazo, puesto que existe una oposición recalcitrante en el Congreso americano que se empeñará a fondo para revertir la situación en su totalidad o, al menos, dilatar al máximo la suspensión del bloqueo. También cabe indicar que en torno de la Revolución Cubana se han encendido pasiones de uno y otro lado, que no admitirán tan fácilmente que los cambios emprendidos ahora son necesarios porque han fracasado las estrategias pasadas.

NEGOCIACIÓN. El itinerario exacto de las negociaciones y la entrada en vigencia de los compromisos y acuerdos no se conoce todavía, pero no es probable que se aceleren demasiado por los formidables obstáculos de la más diversa laya que se tienen que vencer en cada ámbito. En todo caso, no debería esperarse que el proceso se ventile en los medios de comunicación, por el riesgo de que se perjudiquen los resultados.

La paulatina normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos dará lugar a corrientes de comercio e inversiones que no se limitarán a ambos países. Con el tiempo, Cuba ocupará una posición destacada en la geopolítica de la cuenca del Caribe y podrá beneficiarse de la elevada calificación de su mano de obra, así como del restablecimiento de lazos e incluso de la reintegración familiar entre las comunidades de cubanos en la isla y en Estados Unidos.

No hay razón alguna para suponer que cambiará el régimen político en Cuba a corto plazo. Y por mi parte no me interesa especular mucho sobre el tema. Hay varios escenarios posibles para las transiciones económicas, sociales y políticas, y son también varios los actores estratégicos que tendrán un papel preponderante en cada uno de ellos. Baste mencionar por el momento el contexto general en el que se enmarcarán las distintas etapas de la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

La crisis hegemónica de los Estados Unidos ha traído consigo un grave debilitamiento del multilateralismo y sus agencias más representativas, tales como la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Pero al mismo tiempo ha surgido una variedad de situaciones, como en China y Vietnam, y en cierta medida Rusia, donde se combinan sistemas económicos de mercado con regímenes fuertemente autoritarios, sean o no de partido único. Por su dimensión económica, sus tradiciones y sus intereses geopolíticos, estos países intentan ampliar sus zonas de influencia.

En el horizonte global no existe ni se perfila a corto plazo la primacía de un modelo económico y político que sirva de ejemplo y paradigma de referencia. La economía internacional se compone, en cambio, de varios tipos de capitalismo, entre los cuales deben incluirse también a los que están siendo ejercitados por parte de los gobiernos progresistas de América Latina.

Tampoco existe un modelo único de democracia política. El sistema internacional se compone, por de pronto, de múltiples tableros donde participan países institucionalmente muy diferentes. Mientras se negocie un nuevo orden político y económico equilibrado, justo y democrático, lo que cabe es una aproximación pragmática a cada uno de los complejos temas de la agenda internacional, respetando los principios de la no injerencia y la autodeterminación de las naciones.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia