Animal Político

Un nuevo periodismo, según Luis Espinal

Esta nota acaso debía llevar el nombre de Luis Espinal, porque lo que hizo el periodista que firma fue seleccionar y transcribir fragmentos de los escritos periodísticos del cura mártir, publicados en su libro   Callar es lo mismo que mentir, editorial Temas de Nuestro Tiempo, segunda edición, La Paz, 2005.

La Razón (Edición Impresa) / Remberto Cárdenas Morales

00:00 / 22 de marzo de 2015

A 35 años de la inmolación del sacerdote Luis Espinal Camps, creemos necesario entregar a los lectores fragmentos de su pensamiento a propósito del periodismo del pueblo y respecto de los cristianos y la revolución: Nuevo periodismo. “Un nuevo periodismo —dice Espinal— supone también una visión nueva de la historia. A la historia oficial protagonizada por líderes corresponde un periodismo oficial de personajes. Esta historia individualista y aristocrática supone que los protagonistas de la historia son los genios, y no el pueblo mayoritario. Por esto, también existe el periodismo que se ocupa de los personajes, las estrellas y los genios.

Así, en vez de hacer un periodismo que busca los actos de los grandes, hay que hacer un periodismo que sea la memoria popular”.  Habla de un nuevo periódico situado en “una sociedad de clases y de explotación”, en la que “nada se libra de la lucha de clases”, porque “aun los elementos culturales están teñidos de características clasistas”.

Periodista: ojos y oídos del pueblo. Espinal opina que “El periodista, ante todo ha de ser los ojos y los oídos del pueblo. Él investiga y comunica al pueblo las informaciones que éste necesita para la vida democrática, para ser soberano; ya que en una democracia real se gobierna en nombre del pueblo, para el pueblo, y lógicamente ante los ojos del pueblo”.

Para él la noticia, la información “no es un producto matemático, neutro o fríamente objetivo, sino que tiene necesariamente una dimensión de opinión e ideología”. Cuando el periodista selecciona la noticia, al valorarla y al interpretarla aplica criterios ideológicos. Asegura que cuando estos criterios ideológicos corresponden al bien del pueblo (no al bien de la empresa periodística) “la función del periodista será acertada, porque el periodista es el vigía de este pueblo”.¿Periodismo apolítico? Sostiene que la función del periodista es necesariamente política, porque trabajar por el bien de la comunidad es algo estrictamente político. Pensar en un periodismo apolítico sería como pedir al vigía que sea ciego, comenta.

“Todo esto supone que el periodista asalariado vende su trabajo, pero no su conciencia (nos lo piden con frecuencia). Su trabajo se lo debe a la empresa periodística, pero su honestidad y veracidad se la debe a su pueblo. Esta separación entre lo que se debe a la empresa y lo que se debe al pueblo pone al periodista en esta situación conflictiva, tan frecuente en la historia del periodismo y tan presente en nuestro próximo pasado nacional”. Recordemos, añade, “que cuando se quiere dominar a un pueblo se necesita amordazar a sus periodistas”.

Sobre la libertad de prensa, el cura mártir sostiene que “... se quiere oponer a la libertad de prensa el simple hecho de la libertad de empresa...”, lo que considera incorrecto “porque no se puede confundir un negocio privado con una función social. La noticia no es una mercancía cualquiera, y no se puede comerciar con la verdad que ha de orientar el camino que sigue un pueblo.

Por esto, no se puede considerar la información y la noticia simplemente como mercancía que se vende dentro de una sociedad de consumo; así llegaríamos solamente al decadente periodismo sensacionalista”. Cuán diferente y opuesta es la posición de Espinal sobre la función social de los periodistas, respecto de otros que pregonan “apoliticismo” entre los trabajadores de los medios.

Con el pueblo. Quizá por eso mismo Espinal, al proponer un balance sobre la actividad desplegada desde el semanario Aquí, que fundó y dirigió, dice: “Hemos establecido con claridad nuestra posición, apasionada y parcializada por los intereses del pueblo y por lo que consideramos su respuesta correcta, pero sin asumir un partidismo. Hemos roto con los convencionalismos que la censura y la autocensura han moldeado en el periodismo rutinario de nuestro medio. Hemos, en fin, mantenido nuestra presencia en los momentos en que el pueblo realmente nos necesitaba”. Censura. Escribe sobre la censura en un tono reflexivo. Leamos:

“Si censuramos a los que piensan diversamente, podremos llegar a creer que todos piensan como nosotros; y así llegaremos a la unanimidad aunque sea una unanimidad raquítica y oscurantista. Creíamos que las ideas se imponían por su valor intrínseco, chocando con ideas de sentido contrario, para que la verdad mayor triunfe sobre las verdades pequeñas. Cree muy poco en la verdad el que no deja circular las ideas libremente. O tal vez, cree plenamente en la verdad, y realmente teme que la verdad se imponga, la verdad de los otros.

La verdad no se suprime con una prohibición; el sol seguirá existiendo aunque se lo suprimiera por un decreto. Si es cierto aquello de que ‘la vedad les hará libres’, el miedo a la verdad es también miedo a la libertad”.  Cristianos en la revolución. En el texto: El cristiano y la revolución, cual una declaración de principios, Espinal deja afirmaciones como las que siguen:

— “La revolución en América Latina no se puede hacer sin los cristianos...”

— “...la iglesia defiende fácilmente el sistema, que por su parte le concede ciertos privilegios”.

— “La iglesia oficial e instalada es contrarrevolucionaria”.

— “...el cristiano participa en la revolución a título personal y como imperativo impuesto por su fidelidad al evangelio...”

— “Hay que recordar que la revolución no va a ser en favor de todos; sino solamente en favor de las mayorías”.

— “La iglesia tiene dos fachadas. Una es la iglesia de la conciliación, la que pone parches para suavizar las asperezas de esta sociedad de clases, es la iglesia institucional y burocrática. Y está también la iglesia de la ruptura, la que predica que esta sociedad es injusta, y sobre la injusticia sería un sarcasmo predicar el amor. Por esto, la iglesia tiene dos fachadas; la iglesia instalada y la iglesia revolucionaria, la iglesia-institución y la iglesia-pueblo; o si queremos, la iglesia de los diplomáticos y la de los profetas. Por esto, dentro de la iglesia se refleja también el eco de la lucha de clases; porque cada cara de la iglesia tiene sus partidarios; está la iglesia del poder y la iglesia de los pobres”.

— “Sería inadecuado aplicar el clericalismo en la revolución”.

— “... la revolución y los cambios profundos en la sociedad los lideriza el pueblo, y no ningún grupo elitista o intelectual”.

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