Animal Político

Las observaciones de Bolivia sobre el acullico

La readmisión de Bolivia ante la Convención de 1961 es una victoria del gobierno de Evo Morales, que hizo entender al mundo que la coca, en su estado natural, no es nociva. Desde este lunes, en la Comisión de Estupefacientes de la ONU, Bolivia ratificará su posición y su estrategia antidroga. 

La Razón / Horacio Bazoberry

00:02 / 10 de marzo de 2013

La voz del presidente Evo Morales recibió un aplauso efusivo al concluir su intervención dirigida a los miembros de la comunidad internacional, durante la inauguración de la sesión del “Segmento de Alto Nivel” que analizaba el problema de las drogas luego de diez años de la Asamblea Especial (UNGASS) realizada en Viena, Austria, del 11 al 12 de marzo de 2009. Con la mirada profunda y sincera, había generado una especie de silencio mágico en la sala; lo místico de su ser ya se hacía realidad, poco a poco ese coraje indígena rugiría al recordar a los delegados de los países presentes esa visión de marginalización y exclusión a la que había sido condenada la  población indígena campesina y con ella la práctica comunitaria de los pueblos indígenas andinos.

La primera nota de solicitud de enmienda de los incisos 2 e) y 1 c) del artículo 49 de la Convención Única de Estupefacientes de 1961, modificada por el Protocolo de 27 de marzo de 1972, fue transmitida el 12 de marzo de 2009 por el presidente Morales a Ban Ki-moon, secretario de las Naciones Unidas. El argumento de mayor fuerza fue el cultural “el masticado” o “acullico” es parte de las prácticas socioculturales y rituales de los pueblos indígenas andinos, Está íntimamente ligado con nuestra historia e identidad cultural. 

Hoy, la victoria del Presidente consolida su capacidad política para advertir temas internos de alta sensibilidad y luego exponerlos en el escenario internacional, en el cual logra generar un apoyo por las causas justas. Sin duda, son muchos años de lucha y varios los comprometidos que se han identificado permanentemente. Definitivamente, el canciller David Choquehuanca jugó un papel preponderante como conductor de la política exterior, no sólo apaciguando los ánimos inflexibles de la Junta Internacional de Estupefacientes (JIFE), también por sus constantes presentaciones sobre la significación de la hoja de coca y la congruencia con la filosofía del vivir bien. 

Por otro lado, instituciones y servidores públicos de gran trayectoria y conocimiento, como los viceministros de Defensa Social y Sustancias Controladas, Felipe Cáceres, y de la Coca y Desarrollo Integral, Dionicio Núñez, merecen particular reconocimiento por sus tareas en el desarrollo alternativo con sostenibilidad y la reducción neta de cultivos excedentarios. Ellos forjaron el proceso desde los umbrales de los trópicos bolivianos.  Con la hoja de coca están militantemente identificadas organizaciones de base, las cuales tuvieron un papel catalizador en el contexto interno.

Definitivamente, la posición del Estado Plurinacional de Bolivia suscita una atención particular desde los puntos de vista legal y político, y adquiere una trascendencia histórica desde la perspectiva cultural, muy propia en el contexto de la reivindicación de los derechos de los pueblos originarios.

En 2005, la política exterior boliviana apuntaba a la despenalización del arbusto y de las hojas de coca a través de la “Modificación de la Esfera de Aplicación de la Fiscalización”, vale decir, su exclusión de la lista I de Estupefacientes, hoy vigente en el marco de la Convención Única de Estupefacientes de 1961.

Los motivos por los cuales no se efectuó el procedimiento de reclasificación merecen otro análisis, sin embargo, se habían adelantado importantes acciones en Ginebra y Viena, que garantizaban un estudio científico imparcial del arbusto de coca y su valoración en la farmacopea andina. El tema pasó a ser parte de la agenda en Nueva York, estrategia de exclusión que se abandonó por una más realista: la despenalización del masticado de hojas de coca en el Estado Plurinacional.

En el ámbito jurídico existe diferencias apreciables y perceptibles entre una y otra estrategia. La primera proponía la “liberación” de la hoja de coca de una clasificación junto a las drogas más peligrosas (Lista I de Estupefacientes), y la segunda no modifica los términos de la Convención Única de Estupefacientes de 1961, se trata de una clarificación que hace el Estado Plurinacional respecto al masticado de la hoja de coca en territorio nacional, acción advertida permanentemente por la JIFE.

Hoy, la fortaleza del Régimen Internacional de Fiscalización está cuestionado, no sólo en relación a su eficacia en la reducción del crimen organizado transnacional, sino también como referente esencial para con las políticas y estrategias internas de los Estados. Precisamente, las observaciones respecto a la declaración de reserva presentada por Bolivia, en el marco de un proceso inmediato de readmisión a la Convención Única de Estupefacientes de 1961, tenían el propósito de evitar un precedente jurídico que permita abrir un debate analítico sobre el fortalecimiento del sistema.

Será interesante conocer los criterios que emanen de la sesión de la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas que se efectuará entre este 11 y 15 de marzo. Seguramente, el gobierno del presidente Morales estará representado al más alto nivel para informar sobre los programas y estrategias que seguirá luego de reacceder a la Convención. Es de esperar que la intervención de la delegación de Bolivia esté acompañada con presentaciones y propuestas concretas sobre el propósito de mantener un nivel máximo de 20 mil hectáreas como estrategia de contención a través de reducciones “netas” anuales en un marco de “responsabilidad compartida” con el apoyo a programas de alto rendimiento y valor agregado.

En lo que concierne a la extinción del alcance normativo del artículo 49,  incisos 1 (c)  y 2 (e), que penalizaba la hojas de coca  para sus distintos usos tradicionales, como es el masticado, con el argumento de que constituye un tipo de vicio o adicción por su efecto nocivo a un bien jurídicamente protegido como es la salud humana, se juzga que observada la norma ahora se  presenta la nueva dimensión del concepto  de “revalorización” no sólo en lo cultural, sino también en lo legal y científico. ¿Bien constituirá este paso un antecedente hacia la revisión de la presente clasificación de la hoja de coca en la lista I de la Convención Única de Estupefacientes de 1961 y su Protocolo modificatorio de 1972? Lo cierto es que la ambivalencia sobre sus bondades naturales y restricciones legales seguirá interesando en tanto la hoja de coca permanezca en la agenda del gobierno de Morales.

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