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Es ocioso discutir si la bonanza se debe al Gobierno

Horst Grebe - Grebe López considera que la falla en la inversión del gasto se debe al carácter “apabullante” del Ministro de Economías sobre otros ministerios.

Horst Grebe

Horst Grebe

La Razón / Rubén Atahuichi

00:02 / 22 de enero de 2012

El Ministro de Desarrollo Económico de Carlos Mesa hace un alto en sus actividades académicas e institucionales para referirse a la situación de las cuentas del Estado Plurinacional, regido por Evo Morales. “En 40 años, siempre he estado orientado a la acción pública, pero no en el sentido de la movilización o el activismo. Con ideas, análisis y propuestas para la deliberación”, cuenta. En su lectura inicial, dice que la macroeconomía del país anda bien, aunque falta reconversión productiva.

Cuánto cambió la economía del país en los últimos años y qué incidencia directa tuvo la administración de Evo Morales en ella? Son sólo algunas preguntas para un conocedor de la materia, pero desde el lado de la gente de a pie, de un hombre que por más de 40 años estudia las fluctuaciones económicas del país y de las políticas públicas necesarias.

Una primera conclusión que expresa Horst Grebe López, el ministro de Desarrollo Económico del gobierno de Carlos Mesa y un experto del área, es que el manejo macroeconómico ha sido prudente y responsable, aunque cree que el país y su administración carecen de capacidad de “reconversión productiva”. ¿La mano o no del Gobierno en el auge de la macroeconomía? El hombre de la entrevista prefiere soslayar la discusión; cree que es un debate “ocioso” en el que no quisiera entrar.

— ¿Cómo estaba el país cuando fue autoridad y cómo lo encuentra ahora?

— La situación mía es similar a la de muchas autoridades económicas en las décadas de los 80 y 90, y la primera parte del siglo XXI. Durante 25 años, todos los ministros del área económica han tenido la misma situación, la de enormes restricciones presupuestarias, un déficit fiscal que era una espada de Damocles (teníamos sobre todo por las presiones de los organismos internacionales), una economía con dificultades de financiamiento externo. Para acceder a recursos de los organismos crediticios internacionales uno tenía que pasar por una serie de condicionalidades; eso ha cambiado desde 2006 en adelante.

El Ministro de Economía y las autoridades del área han manejado la holgura en los últimos cinco años y los anteriores 25 años han sido los periodos más dramáticos de escasez. Hubo momentos en que las reservas internacionales netas eran negativas; hoy Bolivia tiene $us 12 mil millones, lo que cambia radicalmente el contexto en el que actúa un ministro.

Ese cambio es el más notorio y se expresa en que los dos déficits clásicos en la economía boliviana, fiscal y externa, en los últimos años se han transformado en superávit, y resulta ociosa la discusión sobre si eso es un mérito del Gobierno o si es la buena suerte que le ha tocado en el contexto internacional.Gabriel Loza (expresidente del Banco Central) se ha referido en sentido de que es una combinación de buenas políticas y buena suerte. Yo estaría dispuesto a admitir eso para soslayar una discusión aburrida.

La situación real es que el país ha vivido en los últimos cinco años con un auge externo como no había tenido el país jamás en el pasado. La pregunta es si esto va a durar y cuáles van a ser las respuestas cuando empiecen a manifestarse las repercusiones de una crisis internacional que se viene incubando en diferentes etapas desde hace aproximadamente cuatro años.

— ¿Y la conducta macroeconómica?

— La conducta ha sido sensata, y en los últimos cinco años no hubo ningún tipo de actitudes aventureras irresponsables. Las finanzas públicas y la política monetaria se han manejado, en general, de una manera prudente, lo que implicó que aumenten los ingresos y se conserven los ingresos sin soltar el gasto de una manera irresponsable.

Se ha invertido más que en el pasado, es evidente, pero la capacidad de ejecución del gasto público en todos los niveles (nacional, departamental, municipal y sectorial) deja mucho que desear. Eso probablemente ha beneficiado a la austeridad prudente que ha tenido el Ministro de Economía y Finanzas: no ha tenido que preocuparse de contener a los voraces gastadores de los recursos públicos, porque éstos han sido ineficientes.

Considero que la gestión macroeconómica ha sido conforme a lo que podrían denominarse “expectativas convencionales”. Lo que faltó fueron políticas sectoriales que aprovechen la bonanza para generar una enorme capacidad de transformar la holgura en una reconversión productiva. Se ha distribuido gasto a las personas, con lo que se han mejorado los indicadores sociales, se ha mejorado (la lucha contra) la pobreza y el acceso de la niñez a la escuela con el Bono Juancito Pinto. Pero pudo haberse hecho más.

— ¿A qué atribuye esa incapacidad de ejecución de los gobiernos? Hasta noviembre de 2011, había Bs 20 mil millones de saldos en caja…

— Ese ejemplo muestra que una cosa es tener dinero y otra, tener la capacidad de transformar ese dinero en nuevas fuentes de producción, de empleo y de mejora del bienestar. Eso requiere instituciones y profesionales capaces, y mecanismos para incentivar la conducta adecuada de los funcionarios. Hoy, en Bolivia, con la persecución judicial a todo el mundo, se paraliza la decisión de los funcionarios en todos los niveles: tienen miedo a que les caigan encima por lesión a la economía del Estado o por mal uso de los recursos, prevaricato o lo que fuere.

— ¿Tendrá incidencia en eso la Ley Marcelo Quiroga Santa Cruz, de Lucha contra la Corrupción?

— Probablemente la ley tiene más perjuicios que beneficios. No creo que sea una buena ley (no creo que deba llamarse Marcelo Quiroga Santa Cruz); es otra vez un gesto simbólico que en su resultado final no produce lo que se estaba esperando; hay una distancia entre el objetivo perseguido y el resultado final, debido a que no se toma en cuenta que las leyes para su instrumentación requieren instituciones y gente.

Debe haber concordancia entre la norma y la capacidad de ponerla en práctica, y eso es lo que no tenemos en el país, porque hay una desconexión entre la producción legislativa y la realidad estructural de la economía del país.

— ¿Y el desarrollo productivo? Ha sido la deficiencia de la Participación Popular.

— Tampoco la Participación Popular fue una reforma de desarrollo productivo.

— Fue su debilidad, a pesar de haber democratizado la distribución de recursos.

— Una de las características de la sociedad boliviana es hacer reformas a medias, y eso no es un asunto de los últimos cinco años, sino una historia desde las reformas de los años 50. No hay discusión posible sobre que la Reforma Agraria debió ser completada con una serie de medidas que nunca se hicieron. Así, la Reforma Agraria llevó al minifundio y a una situación inadmisible. Tuvo ventajas, pero fue incompleta; lo mismo se puede decir de las reformas de los años 90 y lo mismo de las reformas de los últimos cinco años. Bolivia hace reformas a medias, por restricciones políticas, por falta de consensos estratégicos y una acumulación de normas que vayan perfeccionando una sobre otras para llegar a una modernización completa.

— La CEPAL y otros organismos internacionales reconocen el comportamiento de la macroeconomía y reflexionan sobre la necesidad de inversión productiva.

— Nadie en su sano juicio ha discutido lo que se ha hecho en materia de finanzas. Es mejor que se haya hecho lo que se hizo, pero faltó el complemento: las políticas de los otros ministerios. O sea, el dominio que ha ejercido el Ministerio de Economía y Finanzas, personal e institucional, sobre los otros ministerios los ha apabullado. Eso, en cierta medida, también ocurría en el pasado, cuando el Ministro de Economía tenía la última palabra sobre todo, pero no en la dimensión de ahora de que es un ministro y nada más; a los otros ni se los conoce. Ha faltado una política de transformación productiva y una instrumentación adecuada de estrategias en el área industrial y manufacturera. Prueba de ello, se han limitado las exportaciones a Estados Unidos, fruto de una posición ideológica más que práctica. El sector que más ha perdido en los últimos cinco años es el de la industria manufacturera, que ha perdido oportunidades. La política monetaria va en la dirección equivocada. Esa política de apreciación del boliviano lo que hace es fomentar las importaciones y el consumo en lugar de fomentar las exportaciones y el ahorro interno.

— ¿Es producto de la economía plural del Gobierno?

— Economía plural sería un concepto adecuado siempre que nos pongamos de acuerdo en qué quiere decir. Ha crecido enormemente la economía del Estado; o sea, el sector estatal de la economía ha aumentado en términos cuantitativos, cualitativos y programáticos. Sin embargo, no ha mostrado una eficiencia y una capacidad de ser el sector motriz. La discusión sobre las empresas públicas que se han creado no son las que se han “nacionalizado”. Ninguna de las nuevas empresas, a cinco años de gestión, está funcionando.

Perfil

Nombre: Horst Grebe López

Nació: 11-01-1943

Profesión: Economista

Cargo: Director del Instituto Prisma

Doctor

Es doctor en Economía Política de la Universidad de Economía de Berlín. Ha sido Ministro de Estado en las carteras de Trabajo, así como de Minería y Metalurgia y Desarrollo Económico. Actualmente es director ejecutivo del Instituto Prisma.

Nacionalización incrementó los ingresos, pero es insuficiente

— Con lo que dice, ¿sólo tuvo efecto la situación internacional en esta bonanza económica del país? ¿No atribuye ninguna acción gubernamental?

— Hay indudablemente una situación que el Gobierno creó con su propia decisión y es la modificación del reparto del excedente hidrocarburífero. Si no hubiera existido la modificación de los contratos con Brasil, más el cambio en las alícuotas de los impuestos y las regalías a los hidrocarburos, la situación fiscal de Bolivia hubiera sido diferente.Pero, obviamente, ese cambio de los contratos ocurre sobre una modificación de los precios internacionales que no es mérito del Gobierno. ¿Qué hubiera pasado si es que no se cambiaban los contratos? El excedente petrolero que genera el país se lo hubieran llevado las compañías como utilidades, considerablemente más dinero que el que han recibido en los últimos cinco años y el Gobierno hubiera recibido considerablemente menos recursos.

Hubiera habido una diferencia: hubiera habido inversión, y las reservas hidrocarburíferas del país hubieran sido muchísimo mejores de las que tenemos ahora. Hubiéramos tenido excedentes de exportación mayor de hidrocarburos y no hubiéramos tenido el problema de las importaciones (de gasolina y diésel) y los subsidios. De todas maneras, hay dos circunstancias: la ley que ha cambiado este Gobierno le ha dado acceso a una cuota muchísimo más alta del excedente.

— ¿Se refiere a la nacionalización que llama el Gobierno?

— A eso, que ha cambiado la relación entre el Estado boliviano y las empresas. El Estado, en el corto plazo, ha recibido un incremento muy grande de recursos que se tradujeron en cantidad de obras en el país, que nadie puede negar. Sin embargo, tenemos una insuficiencia preocupante de inversiones en sector de hidrocarburos; nos hemos comido parte de lo que teníamos en la despensa, y ahora hay que llenarla con nuevas inversiones. Y eso es lo que va a complicar el futuro.

— Lo que quiere decir es que para las petroleras es más fácil explotar que explorar…

— No es más fácil. Las empresas petroleras hacen un cálculo sobre cuánto les conviene invertir en función de los mercados a los cuales llegan y en función de las relaciones que establecen con los gobiernos.

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