Animal Político

La oposición en su laberinto

La oposición tiene cuatro tareas: construir un frente único, dotarse de programa alternativo, conseguir un candidato nacional y  quitarse el estigma del pasado. En cada uno de estos puntos tiene deficiencias.

La Razón / Reymi Ferreira justiniano

00:00 / 07 de abril de 2013

Este será un año crucial para la oposición política del país con miras a las elecciones generales. La oposición tiene cuatro grandes problemas que resolver en el poco tiempo que queda: primero, la posibilidad de conformar un frente único; segundo, definir un programa que pueda atraer al electorado; tercero, tiene que definir un candidato que sea conocido en el ámbito nacional, y, finalmente, quitarse el estigma de todo lo que la une al pasado inmediato, que será, a no dudarlo, el periodo que se compare para evaluar a la actual gestión de gobierno.

En el primer punto, referido a la construcción de un frente único, todo apunta a que se va a repetir lo sucedido en las elecciones para la Gobernación del Beni, en la que el bloque más conservador, compuesto por Unidad Nacional (UN), Verdad Democrática y Social (Verdes), Primero el Beni, Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), y Acción Democrática Nacionalista (ADN), conformó un bloque mayoritario, mientras el Movimiento Sin Miedo (MSM), aliado a organizaciones indígenas, presentó otra fórmula. Todo parece indicar que el perfil del MSM se vería profundamente afectado con una alianza con fuerzas de la derecha que en el inmediato pasado fueron parte de gobiernos neoliberales, por lo que ha decidido participar en las elecciones por su propia cuenta y busca acercamientos con organizaciones regionales como las que lidera Germán Antelo.

El bloque opositor mayoritario, liderado por Samuel Doria Medina, está empezando a ocupar el espacio que han dejado vacante Jorge Quiroga y Manfred Reyes Villa, quienes encarnaron las candidaturas conservadoras más importantes en las dos últimas elecciones generales. La experiencia exitosa de las elecciones municipales de Sucre y por la Gobernación del Beni ha despertado cierto optimismo en esta coalición. Sin embargo, las elecciones nacionales son muy diferentes a las locales mencionadas.

El MSM, que ha salido malparado de los procesos electorales en los cuales se presentó solo, puede tener una mayor votación en una elección nacional, especialmente por su presencia política en La Paz y Oruro, aunque no se debe olvidar el fenómeno que se produce en escenarios polarizados en los que alternativas del centro se ven reducidas en su proyección por opciones de izquierda o derecha.

El gran dilema de la oposición es cómo articular una alternativa electoral sin dividirse, que es la única posibilidad de enfrentar al MAS en las elecciones del próximo año, con alguna posibilidad de éxito. Hasta ahora, en eventos como la lucha por el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), el sabotaje a las elecciones judiciales en octubre del año 2011 o la movilización contra el nombre del presidente Evo Morales en el aeropuerto de Oruro han unificado a todos los sectores de oposición, para la que generaron cierta fortaleza.

La situación, sin embargo, cambia al momento en que la oposición debe participar en una elección, en la que empieza la discusión por las candidaturas y las nominaciones. A tal extremo llega la división y las ambiciones particulares que para elegir la directiva de la brigada parlamentaria en Santa Cruz, por ejemplo, tardaron casi dos meses en los que por una dirección, en los hechos casi nominal, llegaron al insulto y casi a acciones de fuerza.

El segundo tema, el dotarse de un programa alternativo es aún más complicado para la oposición, en especial para aquella que tiene líderes reciclados de los últimos gobiernos neoliberales, caracterizados por la corrupción, el saqueo de los recursos naturales, el manejo incompetente de la economía y el olvido de las demandas sociales de la población.

Hasta ahora, lo único que une discursivamente a los diferentes bloques y líderes opositores es el cuestionamiento permanente a la gestión gubernamental, desde hechos insignificantes como condecorar o no al futbolista argentino Lionel Messi hasta el nombramiento de una personalidad intachable como representante de Bolivia ante el Tribunal de La Haya como Eduardo Rodríguez Veltzé.

La oposición hasta ahora no tiene propuestas, tiene un discurso vacío que llena con críticas a veces fundadas, pero la mayoría infundadas, plagadas de exageraciones, sofismas y hasta mentiras. Muchos ciudadanos, cuando ven en la senadora Eva Gonzales el rostro de la oposición, aumentarán sus dudas sobre la calidad ética, intelectual y capacidad de gestión de la oposición. En los hechos, poco, aparte de críticas, ha planteado la oposición como discurso alternativo, y éste es, hay que reconocerlo, su talón de Aquiles.

El tercer factor, la elección de un candidato conocido y con posibilidades de aceptación nacional, es también un reto difícil de alcanzar. Además de los egos y ambiciones personales, ninguno de los que se conoce entre ellos tiene un liderazgo reconocido de forma uniforme en todo el país. Mientras unos pueden sumar votos en algunas regiones, como Rubén Costas o Ernesto Suárez, restan votos en otros departamentos. Juan del Granado, por el MSM, puede tener votos en la ciudad de La Paz y Oruro, pero tiene, por sus actuaciones y declaraciones excesivamente “paceñistas” en el pasado, pocas posibilidades de crecer en ciudades como Santa Cruz o Sucre. Parece poco probable, además, que sume votos de sectores conservadores que no olvidan su larga alianza con el MAS. Doria Medina, por su parte, además de recursos económicos y la perseverancia que es digna de encomio, es un líder que despierta poco entusiasmo electoral. Todos ellos, unidos o separados, poco pueden sumar del voto rural, que es casi el 40% del padrón electoral boliviano y que es un voto partidario y de línea dura del actual régimen.

Finalmente, casi todas las expresiones de la oposición tienen entre sus componentes y posibles candidatos, nombres ligados a los nefastos periodos gubernamentales del pasado, cuyas gestiones, además de sangre, serán recordadas por su entreguismo, insensibilidad social, corrupción y un manejo desastroso de la economía. Es poco creíble que los que fueron ministros o autoridades de gobiernos del pasado puedan tener credibilidad como candidatos de un cambio, que para muchos va a significar un retorno al pasado. En todo caso, un cambio es siempre para adelante, no para atrás. Si cambio es impunidad para los que trajeron a Rózsa Flores y sus mercenarios, si cambio es liberar de responsabilidad a los autores intelectuales de la masacre de Pando o de los innumerables atracos a las arcas del Estado, es muy difícil que la población se crea el cuento del cambio.

Vistas las cosas objetivamente, con la actual oposición, las perspectivas del MAS en las próximas elecciones son auspiciosas, y la única opción que tiene la oposición de aumentar sus posibilidades de ser una alternativa real de sustitución del actual Gobierno es la no reelección de presidente Morales y del vicepresidente Álvaro García Linera, por lo que, conscientes de eso, se jugará el todo por el todo para la inhabilitación como candidatos de los mismos, porque saben que la reelección significa la crónica de una derrota anticipada.

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