Animal Político

Entre la paciencia de los pacientes e impacientes

La Razón / Ernesto calizaya - periodista

00:00 / 29 de abril de 2012

Manifestaciones, bloqueos, huelgas, petardos y los famosos “paros movilizados”, entre otras medidas de presión, pueden demostrar que el hombre no sólo es un animal político, sino también un animal al que no siempre se logra contentar. No por ello, sin embargo, se puede afirmar que sea un animal descontento, porque muchas veces, tal vez por naturaleza, se muestra ese comportamiento “sin querer queriendo”, y claro, aflora la intolerancia y esa falta de paciencia que tanto reclamaba el Chavo del 8 a Don Ramón, incomprendido tipo sin trabajo ni ganas de trabajar.

Ya desde hace unas buenas semanas, muchas de las palabras del anterior párrafo sonaron en los oídos de la mayoría de la población, por ejemplo, el término “político”, cuando se tiene en las calles, en la tele o la radio el anuncio de movilizaciones que no sólo buscarían la reivindicación de algunos derechos, sino también identificar entre los manifestantes a quien le doble el brazo a los del Gobierno.

A ello se suman las decretadas ocho horas de trabajo para médicos y las pocas ganas de trabajar más tiempo para ganar lo mismo.

Basta pensar en ese detalle para darse cuenta de que a ello se debe el éxito de las medidas que hasta ahora lleva adelante ese sector, y es que todos tenemos un poco de “médicos”, y nuestra parte de “médicos” a la mayoría nos hace entender que aceptar sumarle dos horas extras a nuestra jornada, por el mismo precio, sería una animalada, descartando, por supuesto, el hecho de que a algunos les falte horas en el día para seguir laburando, situación que también genera descontento y demuestra una vez más que el hombre es un animal difícil de contentar.

Entonces, como el médico no acepta las ocho horas, los que estudian para médicos también tienen que protestar, y como el resto de la población tiene su partecita de “médico”, igual tiene que marchar, aunque sea porque al chofer del minibús, con tanta manifestación, no le queda calle para llevar a los pasajeros, que al fin y al cabo son sólo eso: pasajeros. Vienen y van.

Viéndolo de ese lado, la marcha, el paro, el descontento, todo se justifica, salvo un pequeño detalle: la impaciencia del paciente. Por más paciente que uno sea, cierto, hasta una uña rota molesta. Miles de animales descontentos y animales políticos no se pueden equivocar.

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