Animal Político

Dos pasos adelante, un paso atrás

El desafío que enfrenta Evo es evitar que las nuevas élites se aprovechen del nuevo crecimiento económico del país para que no resulte en el tipo de caos que surgió en Florencia en los tiempos de Maquiavelo. La corrupción es el enemigo principal de la democracia —y puede desembocar en una dictadura.

La Razón (Edición Impresa) / Diego Von Vacano

00:02 / 19 de abril de 2015

Lenin escribió en mayo de 1904 sobre la crisis del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, crisis que definió la división entre los grupos bolchevique (mayoría) y menchevique (minoría). En Un paso adelante, dos pasos atrás describió su propio papel en esta crisis. Hoy en día, después de un importante revés en las elecciones locales, Evo Morales debe también evaluar su rol dentro del partido más importante del país.

En este caso, sin embargo, el paso hacia atrás que significa la pérdida en las elecciones locales de 2015 contrasta con los dos pasos adelante de las elecciones nacionales de 2005 y de 2014. Evo debe reformular su política para evitar una posible ruptura dentro de su movimiento. Con algunas decisiones acertadas, puede lograrlo.

En los Estados Unidos, al igual que en Bolivia, Evo y el MAS han perdido el apoyo de algunos sectores centristas o de centro-izquierda. Los nuevos críticos de Evo argumentan que el “paso” de 2014 es radicalmente distinto al “paso” de 2005. En 2005, dicen ellos, Evo lideró un movimiento social masivo y democrático basado en la reivindicación indígena popular contra élites y roscas. En contraste, en 2014 el movimiento viró hacia la derecha con una política de extracción de recursos naturales y a favor de las élites económicas, sobre todo en el oriente del país, viraje representado por varias crisis como la del TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure).

A pesar de que Estados Unidos es una plutocracia y mucho menos democrática que Bolivia —si entendemos la democracia como un sistema político por y para las mayorías populares de un país— estos críticos se equivocan al decir que los cambios entre 2005 y 2014 han consistido en alejarse de las raíces radicales de la “revolución” del MAS. Debemos recordar que para el pensador moderno más radical, Carlos Marx, aunque la mayor parte de las revoluciones requieren el uso de la violencia, se dan casos diferentes, como dijo en su discurso del 8 de septiembre de 1872 en Amsterdam. Ello demuestra que Marx creía que las revoluciones sociales de masas pueden ocurrir, bajo ciertas circunstancias, tras procesos democráticos electorales. Esa ha sido la trayectoria del MAS. Pero lo más importante, y que debe subrayarse, es que para Marx la base fundamental del progreso de un Estado es su crecimiento económico e industrial. Esta es la gran diferencia en comparación con otras formas de socialismo. El buscar vías de desarrollo económico mediante la extracción de recursos naturales, la industrialización del gas e inclusive la energía nuclear no es nada más que una política de acumulación de capital necesaria para el crecimiento económico básico de todo el país. No contradice en absoluto los principios económicos del socialismo marxista. YPFB y sobre todo (su filial) Transportes son ejemplos a seguir de la buena gestión de empresas estatales que tienen la eficiencia de empresas privadas.

El problema fundamental que Evo debe enfrentar es la corrupción. Para un país pobre con amplios recursos naturales, Bolivia debería estar en la situación nefasta de un país como Nigeria en términos de corrupción. Pero no lo está. Existen casos serios de corrupción como la crisis del Fondo Indígena, que descarriló la candidatura de Felipa Huanca para la Gobernación de La Paz. Pero debemos recordar que la corrupción es casi un elemento inseparable de la política. Podemos leer los textos del fundador de la modernidad,  (Nicolás) Maquiavelo, que datan de 1513 para ver que la corrupción es el enemigo principal de la política democrática-popular. Para el gran florentino, la política requiere manos sucias. No existe política limpia. Pero también se debe tratar de buscar el bien común de la nación. Maquiavelo nos mostró la ausencia de la ética en la política, pero también la necesidad de luchar por el bien común para lograr estabilidad política (véase Discursos sobre la Primera década de Tito Livio, II 2). Este es el desafío que enfrenta Morales: evitar que las nuevas élites se aprovechen del nuevo crecimiento económico del país para que no resulte en el tipo de caos que surgió en Florencia en los tiempos de Maquiavelo. La corrupción es el enemigo principal de la democracia —y puede desembocar en una dictadura.

Al mismo tiempo, es necesario no olvidar el verdadero sentido de la palabra “dictadura”. Los críticos de Evo lo llaman autoritario, y a veces hasta dictador. Eso es absurdo. Se vive una dictadura cuando te despiertan a las tres de la mañana con golpes en la puerta y de repente tienes a diez soldados en tu living pidiendo a gritos que despiertes a tu padre para que lo lleven a los calabozos de tortura. Eso es una dictadura. La gente que defendía ese tipo de persecuciones en las épocas de (Hugo) Banzer o (Luis) García Meza ahora acusan a Evo de dictador. Sugiero que primero busquen en un diccionario el significado de palabras básicas de la política.

Comparado con los dictadores reales como Banzer y García Meza, Evo es un Abuelito Tino. Es verdad que existen serios desafíos para la democracia popular del MAS para evitar una división interna. Son básicamente tres: la corrupción, el machismo y la educación. Evo necesita promover una política robusta de anti-corrupción y pro-transparencia, y luchar contra el machismo casi natural de la cultura boliviana.

Pero el desafío más importante es la reforma educativa en todos los niveles. Es necesario utilizar los nuevos ingresos del gas, petróleo y litio, por ejemplo, para crear nuevas universidades en todo el país, como lo han hecho (Luiz Inacio) Lula y Dilma Rousseff en Brasil en los últimos años. La educación es el verdadero motor de la prosperidad. Tal vez con esos instrumentos el pueblo boliviano comprenderá por fin la diferencia entre dictadura y democracia.

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