Animal Político

12 películas fundamentales del cine boliviano

El cine boliviano seguirá construyendo sus respuestas. Pues nuestro cine no está marcado por un saber hacer, sino por saber qué hacemos con lo que hemos hecho. Las 12 son películas fundamentales que forman nuestra respuesta a la condición colonial que nos sigue constituyendo.  Todas son imágenes de la nación.

La Razón (Edición Impresa) / Guillermo Mariaca Iturri

00:03 / 30 de noviembre de 2014

Según el Banco Mundial existen cuatro formas básicas de capital: el natural, constituido por la dotación de recursos naturales con que cuenta un país; el capital construido —infraestructura, bienes de capital, cualidades financieras, comerciales, etcétera; el capital humano, determinado por el grado de nutrición, salud y educación de su población; y el capital social, “descubrimiento” reciente —treinta años— en los estudios sobre el desarrollo. Algunos estudios atribuyen a estas dos últimas formas de generación de capital una influencia mayor en el desarrollo económico de los países porque encuentran en esas fuerzas las características decisivas del avance tecnológico, la competitividad, el desarrollo sostenible, el buen gobierno y la estabilidad democrática. Como si el trabajo creativo, tanto en sus condiciones como en su realización, fuese la clave del desarrollo.

Economistas destacados han puesto un enorme énfasis en el valor agregado por el capital social a la vida institucional de los países. Por ejemplo, Stiglitz considera que ese valor es estratégico para el desarrollo económico y las capacidades existentes en una sociedad para resolver disputas, impulsar consensos, y alcanzar acuerdos entre el Estado y el sector privado. Hirschman, de forma pionera, indicó que se trata de la única forma de capital que no se agota con su uso sino que, al contrario, crece. Quizá por estas afirmaciones, Alain Touraine, sociólogo francés, lo ha sintetizado de la siguiente manera: “Queda así propuesto el principio central de una nueva política social: en vez de compensar los efectos de la lógica económica, ésta debe ser concebida como condición indispensable del desarrollo económico”. Una vez más, tanto una institución economicista como profesionales obsesionados por la objetividad, ambos fundamentales para la reflexión renovadora en sus disciplinas, le dan un valor casi utópico a eso que llamaron capital social. Es decir, al resultado del trabajo “cultural”.

Las políticas públicas entendidas desde el consenso social, no desde el mandamiento del Estado, reúnen aquellos documentos que nos constituyen como ciudadanos. Esos documentos revelan nuestra convivencia y también nuestros horizontes; de ahí su carácter público, su propiedad pública. Es decir, su lugar como patrimonio. Dentro del patrimonio general, el patrimonio inmaterial no debe seguir siendo el que se atesora en algún museo inaccesible, sino aquel que compartimos y que ocupa un lugar privilegiado en nuestra vida diaria porque nos dota de preguntas nuevas y de certezas colectivas. Y que no es la limitación del adorno ni la reducción al entretenimiento.

De ahí que uno de los ámbitos de intervención de algunos profesores de la Carrera de Literatura de la UMSA sea la reunión de nuestro patrimonio y su reflexión desde la academia. Del patrimonio moderno (15 novelas, 12 películas), del patrimonio cholo (la fiesta en general y el Gran Poder en particular), del patrimonio indígena (25 tomos de tradición oral). No todo este trabajo ha recibido el mismo apoyo ni ha tenido la misma visibilidad. Pero ciertamente todos son compromisos existenciales con lo mejor de nuestra gente.

El viernes 28 de noviembre, el proyecto de investigación y difusión cultural Cine boliviano fundamental presentó sus resultados a la Universidad Mayor de San Andrés y al Ministerio de Culturas. En primer lugar, la lista de doce películas que podrían ser consideradas como indispensables para acompañar y comprender nuestro recorrido por las imágenes de la nación durante todo el siglo XX. En segundo lugar, un libro de 500 páginas que reúne las reflexiones de nuestros pocos historiadores del cine, ensayos de carácter académico sobre la obra de nuestros directores, y una muestra de los modos de ver el cine boliviano desde fuera del país. En tercer lugar, un disco interactivo que es, simultáneamente, un modelo pedagógico y una herramienta didáctica para enseñar a mirar cine en secundaria. En cuarto lugar, un video con entrevistas a nuestros directores que comparten su visión sobre sus obras para que el ciudadano común valore esa dedicación. Y en quinto lugar, la sostenibilidad y proyección de este proyecto: el diseño curricular para ofrecer la carrera de cine y producción audiovisual en la UMSA.

Así, desde hoy, tenemos la posibilidad de institucionalizar y de difundir las obras cinematográficas socialmente relevantes y estéticamente indispensables que nos han ido configurando como territorio social y como ciudadanos que conviven desde las imágenes de sí mismos.

La academia, ahora, pasa la posta al Estado. Hemos recibido el apoyo del Ministerio de Culturas y de la Universidad Mayor de San Andrés, pero lo sustantivo del trabajo estatal en lo referido a la gestión de nuestro patrimonio no consiste sobre todo en promover la investigación, sino en hacer accesibles sus resultados a todos los ciudadanos. Ambas instituciones tienen responsabilidades distintas en la gestión de estos productos.

El Ministerio, honrando un compromiso previo, tendría que copiar por muchos miles las películas agregándoles a todas ellas las entrevistas con los directores. Tendría que ofrecerlas a la venta a todos los ciudadanos, a un precio modesto, junto con la versión digital del libro. Pero, sobre todo, tendría que distribuirlas gratuitamente junto con el disco educativo para su uso en todos nuestros colegios secundarios —y el Ministerio de Educación tendría que aportar con presupuesto y, muy enfáticamente, con una resolución para que todos los maestros de secundaria superior usen este material en los cursos de Lengua, Literatura y Comunicación y Ciencias Sociales. La Universidad, por su parte, tiene que abrir la carrera de cine y producción audiovisual a la brevedad posible sin objeciones burocráticas ni mezquindades institucionales. Es inadmisible que la Universidad boliviana persista en su incomprensión del valor de nuestro patrimonio cultural y, por consiguiente, en su tan reducido apoyo a este mundo académico. (Una sola Carrera de Literatura en el país, ninguna de música, ninguna de cine, demuestran esta indignante vergüenza).

Pero hágase lo que se haga con este patrimonio del siglo XX que ahora está potencialmente disponible para todos, el cine boliviano seguirá construyendo sus respuestas. Porque nuestro cine, como todas nuestras artes, no está marcado básicamente por un saber hacer, sino por saber qué hacemos con lo que hemos hecho. Las 12 son películas que producen disenso, que cambian los modos de producción del sentido social. Las 12 son, también, películas que, desde una perspectiva boliviana, forman nuestra respuesta a la condición colonial que nos sigue constituyendo. Porque todas son, finalmente, imágenes de la nación.

Nuestros creadores hacen su trabajo. Hacen de la ética un punto esencial donde la crítica deviene vínculo entre el arte y la política. Hoy es nuestra responsabilidad redistribuir esos sentidos sociales, ese capital simbólico. Por eso, educar la mirada se convierte en una responsabilidad prioritaria. Para eso las 12 películas.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia