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El pensamiento telúrico de Roberto Prudencio Romecín

El ensayo que consagró a Roberto Prudencio como el filósofo de ideas telúricas fue ‘Sentido y proyección del Ko-llasuyo’ (1939). El paisaje andino —escribió— es el factor que modela al hombre boliviano: “Las energías latentes de la tierra se plasman en imágenes, en intui-ciones, en ideas”.

La Razón (Edición Impresa) / Freddy zárate

00:00 / 22 de febrero de 2016

El filósofo boliviano Guillermo Francovich (1901-1990) denominó a la corriente telúrica de los años 30 como una “Mística de la tierra”. También, el escritor Fernando Diez de Medina la llamó “Escuela Vernacular” o “La generación de la fe”. Para ambos escritores, esta corriente filosófica representó el “movimiento por el cual los procesos cósmicos y las influencias telúricas del Ande predestinan al país a una excepcional función histórica (…). La tierra tenía que ser el sustento del nuevo espíritu boliviano, de su auténtica originalidad cultural. Auscultando sus secretos, Bolivia podría conquistar su independencia espiritual como necesario complemento de su independencia política”. Según Francovich, los “místicos de la tierra” fueron Roberto Prudencio Romecín (1908-1975), Fernando Diez de Medina (1908-1990), Humberto Palza Soliz (1900-1975) y Federico Ávila (1904-1973).

El filósofo y político Roberto Prudencio fue una figura descollante de la Escuela Vernacular. Prudencio procedía de una familia tradicional de La Paz (su padre fue el militar y político Fermín Prudencio). Dejó de lado sus estudios universitarios para partir brevemente a Alemania. A su retorno, pasó fugazmente por aulas del Instituto Normal Superior (ambas carreras sin concluir). Influenciado por la cultura alemana participó de un concurso —abierto a escritores de todas las nacionalidades— conmemorativo al centenario del fallecimiento del poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe. Tras los resultados, la Universidad de Berlín le confirió la Medalla de Oro Goethe, por su ensayo La plenitud humana de Goethe o ideas para una filosofía de la vida (1932). Seguidamente, Prudencio fue condecorado con la Orden de las Palmas Académicas del Gobierno Francés, por la difusión de estudios literarios sobre Charles Baudelaire, Stéphane Mallarmé, Arthur Rimbaud y Paul Valéry.       

A poco tiempo de iniciarse la Guerra del Chaco (1932-1935), Roberto Prudencio se alistó en el Ejército; estuvo en los sectores de Arce, Alihuatá, Gondra y Nanawa. Tras la derrota en el Chaco se desencadenó una crisis generacional donde muchos soldados decidieron organizar grupos políticos. Prudencio se integró a la Legión de Excombatientes y más tarde formaron un grupo cerrado llamado Estrella de Hierro. Este grupo estuvo integrado por Roberto Bilbao la Vieja, Víctor Andrade, Eduardo Anze Matienzo, Raúl Espejo, Eduardo del Portillo, Carlos Salamanca, René Calderón Ballivián, Gustavo Adolfo Otero, entre otros. A finales de la década de los años 30, Roberto Prudencio fundó y dirigió la prestigiosa revista de estudios bolivianos Kollasuyo (1939). La revista durante 25 años —con muchas interrupciones— fue la más importante tribuna de ensayistas, críticos, cuentistas, historiadores y poetas de Bolivia.

En la década de los años 40, Roberto Prudencio fue elegido diputado (1941) y posteriormente senador (1945). Simpatizó con la euforia del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR); tras los asesinatos de Chuspipata (1944), se alejó de la cúpula movimientista, aunque Luis Peñaloza afirma que Prudencio fue expulsado del MNR. El mismo año, Prudencio fundó la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) junto al filósofo español Augusto Pescador Sarget. Por muchos años Prudencio fue catedrático universitario y ejerció brevemente cargos en la universidad.

Bajo el régimen del MNR —siendo decano— salió en defensa de la autonomía universitaria, este hecho provocó que “milicianos” movimientistas  asaltaran la casa del filósofo y quemaran su biblioteca. A pocos días del nefasto acontecimiento, Prudencio fue exiliado a Chile (1954); allí fue catedrático en la Universidad de Chile y las universidades Católica de Santiago y Católica de Valparaíso. Tras 13 años de destierro retornó a Bolivia (1967). Bajo el gobierno del Gral. René Barrientos desempeño anodinamente el Ministerio de Cultura e Información y Turismo. Los años siguientes, Roberto Prudencio reanudó su labor docente y continuó con la publicación de la revista Kollasuyo. En el ocaso de su vida, El loco Prudencio —como se lo conocía afectuosamente— recibió el Premio Nacional de Cultura y la Universidad Mayor de San Andrés le otorgó el título Doctor Honoris Causa.    

Roberto Prudencio no publicó un libro que compendiara sus ideas literarias, históricas y filosóficas, sino que su extensa producción ensayística fue escrita en periódicos, revistas y principalmente en la revista Kollasuyo. “Mi obra es trunca y dispersa, dispersa como mi vida, y he ido dejando pensamientos por aquí y por allá, pensamientos siempre inacabados”, rememora lo que dijo su padre Roberto Prudencio Lizón.

El ensayo que consagró a Roberto Prudencio como el filósofo de ideas telúricas fue Sentido y proyección del Kollasuyo (1939). El paisaje andino —según nuestro autor— es el factor que modela al hombre boliviano: “Las energías latentes de la tierra se plasman en imágenes, en intuiciones, en ideas”. La fuerza geográfica determina el modo de concebir la cultura: “Lo telúrico es la síntesis y el secreto de toda creación”, afirma Prudencio. Toda manifestación cultural —según los místicos de la tierra— tendría que percibir los secretos arcanos que están inmersos en la naturaleza.  Los escritores, artistas y políticos, simplemente avivarían el espíritu dormido de la tierra, animándolo y dándole expresión. Prudencio percibió que toda esta fuerza telúrica “simboliza la lucha, lo ilimitado y lo lejano que representa el horizonte”. Se puede apreciar que el tópico indígena fue una preocupación permanente en la faena cultural, pero no gozaba de realce político, prestigio intelectual, ni era concebido como proyecto real de poder por ser el tiempo de los mineros.

El filósofo Prudencio intuyó el rol de los intelectuales en décadas futuras: “El nuevo kolla, que ha de ser el criollo y el mestizo indianizado, tiene que cumplir su sino histórico que es el de forjar un nuevo ciclo cultural. Esta cultura al inspirarse en las formas permanentes de la tierra tendrá sus raíces en el milenario Tiahuanacu, que perdurará así a través de una nueva humanidad, la que sabrá arrancar al paisaje ancestral un nuevo sentido”.

La actual coyuntura denominada “proceso de cambio” es la materialización de la prédica de los místicos de la tierra; asimismo, es la instrumentalización de la temática indígena en la política, tal como lo entrevió el filósofo Roberto Prudencio, quien además acariciaba ideas afines con la derecha.

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