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Cómo los periódicos construyen la ‘agenda pública’

Los partidos políticos, las organizaciones sociales, los representantes del Estado y los medios de comunicación son los actores de lo que se llama ‘esfera pública’ de la sociedad. ¿Cómo  ‘juega’ cada cuál? La investigación  ‘Medios y elecciones en Bolivia. La mediación’ propone respuestas.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano

00:03 / 05 de abril de 2015

En verdad, ¿qué es eso que llamamos “esfera pública”, “lo público”, y qué rol o responsabilidad tienen los medios de comunicación, específicamente los periódicos, en su formación? El texto Medios y elecciones en Bolivia. La mediación (Universidad Católica Boliviana y Fundación Konrad Adenauer, 2014), escrito por Claudio Rossell Arce, propone elementos para responder aquella interrogante: cómo los medios de comunicación “hacen” a “lo público”, pero en un momento “caliente”, en plena campaña electoral de las seis elecciones generales que hubo en la historia moderna de la democracia en Bolivia.

La investigación, anuncia su autor, “propone una indagación inicial, apenas exploratoria, del fenómeno de la mediación ejercida por los diarios en tiempos preelectorales”; en concreto, se trata del análisis de la producción noticiosa y de opinión de seis periódicos del país: El Diario, Presencia y La Razón, de La Paz; Los Tiempos de Cochabamba, y El Mundo y El Deber, de Santa Cruz, durante las dos semanas anteriores a las elecciones nacionales de 1985, 1989, 1993, 1997, 2002 y 2005. Naturalmente el volumen de “piezas informativas” que se compiló para el efecto era enorme: 6.000, según Rossell; de modo que se tuvo que elaborar una muestra, “no probabilística”, que redujo el objeto de estudio a 1.342 notas periodísticas.

En la “esfera pública” que es producida por los medios de comunicación, acuden cuatro actores, según el estudio: los “agentes de la sociedad política” (los candidatos, los partidos políticos mismos); los “agentes de la sociedad civil” (especialmente los sindicatos y comités cívicos); los “agentes estatales” (el Gobierno y sus portavoces): y los propios medios de comunicación.

Hay que prevenirse, llama la atención el autor, que dicha “esfera pública” es posible pensarla también como un “pseudoentorno” o “pseudoambiente”, un falso entorno, que hoy es creado precisamente por los medios de comunicación en su labor mediadora.

La indagación confirma un hecho más o menos intuido: la preeminencia de los actores políticos en la agenda mediática: “46% de los textos (publicados en los periódicos) tienen como origen del hecho a los candidatos y sus portavoces”, siguiendo en importancia el propio medio de comunicación, con 19%; la “representación del Estado”, con 14%, y la representación social en último lugar, con el 7%.

Ya tratando los textos periodísticos, es interesante la “orientación del contenido” que encuentra en los mismos: el 30% de la información contiene propuestas electorales; el 24%, opinión; el 23% entre críticas y denuncias; el 15%, demandas; y 8%, reacciones de cualquiera de los aludidos.

Ahora, claro, como hace notar el mismo autor, la orientación de contenido “propuesta” es lógica en la medida en que el momento de estudio es el del mayor auge electoral (las dos semanas previas a los comicios).

Más llamativa aún es la clasificación que se hace de las notas según la fuente del hecho. Solo a modo de ejemplo, destaca que de 399 notas donde hay una propuesta, el 57% proviene de los actores políticos (principalmente los partidos), y apenas el 2% de las organizaciones sociales; o que de cada 306 notas de críticas o denuncias, el 50% vino de los partidos políticos y 16% de los medios de comunicación, y solo el 8% de los representantes del Estado.

Por otro lado, la investigación mostró que “quienes más veces aparecen como fuente de los hechos periodísticos son los representantes de las organizaciones políticas, de ahí que en la totalidad de la muestra el retrato de la realidad sea más parecido a las expectativas e intereses de los políticos dotados de notoriedad que al de las organizaciones sociales en toda su heterogeneidad”.

Esto tiene su consecuencia, propone el trabajo, “cuando los contenidos de los medios están dominados por lo que hacen o, mayormente, lo que dicen los agentes de la sociedad política, se cae en el riesgo de orientar la mirada del público hacia asuntos cuya discusión interesa más a aquellos (los políticos) que al bien común”.

En el libro también se analiza la forma en que tienen presencia las organizaciones sociales en la “esfera pública” a través de los medios de comunicación social. Hay que aclarar que en los “representantes sociales” el estudio principalmente ubica a los sindicatos y a los comités cívicos.

Con esta salvedad, el trabajo encuentra que las organizaciones sociales, en las dos semanas anteriores a las elecciones nacionales, sobre todo “aportan al debate público mediado por los medios de comunicación a través del posicionamiento de imágenes, estereotipos y consignas”. Son las notas en que se fijan significantes como “neoliberal”, “voto castigo”, o expresiones, ya con presencia del MAS en las elecciones (2002 y 2005), que tienden a polarizar a este partido frente a los “partidos tradicionales”, identificados como “la derecha”.

En esta línea de análisis, para la “interpretación periodística” —hace notar el estudio— “la promoción del debate público por parte de los agentes de la sociedad civil es escasa”; en rigor, no proponen debate ante los partidos políticos, pues sus críticas sobre todo son “estructurales” y casi siempre tienden a polarizar el voto contra “la derecha”, representada en los denominados partidos tradicionales.

En cuanto al rol de los medios en la generación de la agenda pública, en la formación de esa “esfera pública”, el estudio sobre todo destaca el rol periodístico. “Los medios proveen marcos de referencia para interpretar el debate público: por una parte, ponen en conocimiento del público los hechos generados por esos agentes (políticos, sociales y estatales); por otra, propician el debate entre esos agentes, generando así nuevos hechos”.

El problema es que, hoy como ayer, según se ve la muestra tomada por el texto, cuando el “debate” en el tema electoral sobre todo es un juego de críticas y denuncias, los medios de comunicación —concluye el texto— a menudo están más interesados “en mostrar esos intercambios que a favorecer el debate sobre los temas de fondo”.

“La conclusión general de este breve estudio exploratorio —finaliza su texto Rossell— es que la mediación opera de manera permanente en los contenidos de los medios y que los más beneficiados de esta función son los agentes de la sociedad política, pues reciben cobertura con mayor frecuencia, apareciendo más en las páginas de los medios, por lo general a través de declaraciones de los personajes dotados de notoriedad, pero también porque son objeto de más comentarios de parte de esos medios”.

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