Animal Político

El periodismo de debate en la prensa escrita, una ‘presencia’ casi ausente

Tras un año de circulación del Animal Político

La Razón / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:03 / 15 de abril de 2012

Bolivia la gente habla de política y se apasiona en el minibús, pasillos,  el estadio, el Carnaval, la plaza pública... En realidad, el espacio es lo de menos; cualquier lugar es bueno para hacer las veces de parlamento. La sociedad boliviana está ricamente ideologizada. No es ninguna sorpresa ir en busca de una libra de azúcar a la tienda del barrio y terminar atestiguando una discusión política en la que la tendera y algún otro cliente se hallan enfrascados. La casera del mercado, el chofer del micro (el pasajero también), el empresario, el adolescente, en fin, personas pertenecientes a todos los estratos económicos y diversas edades, tienen siempre algo qué decir de la coyuntura. Bolivia es tal vez el mejor ejemplo de lo que dijera Aristóteles del ser humano: “El hombre es un animal político”.

“En el país no existe realmente la farándula”, opina concluyentemente el periodista Mario Espinoza.

Una sociedad que privilegia la prensa farandulera es una que subestima a las personas que la componen. Bolivia está prácticamente libre de ese prejuicio, prueba de tal cosa es la proliferación de programas televisivos y radiales de debate político (más allá de su buena calidad o improvisación). En el caso de la prensa escrita, La Razón es el único medio que cuenta con un espacio dedicado exclusivamente a este género del periodismo.

Hace 12 meses salió el “Año 1. Número 1” del Animal Político, dedicado precisamente al debate sobre este aspecto de la realidad social.

Al referirse al periodismo de debate (que admite distintos formatos en televisión, radio, periódico, etc.) y de la necesidad o no del mismo, varios profesionales de este campo y políticos evalúan positivamente la labor de esta publicación dominical como una que llenó la página en blanco dejada por los medios de comunicación escrita. Sin embargo, los comunicadores y políticos más pesimistas advierten, con diversos argumentos, que este género de periodismo, en Bolivia, es de muy baja calidad; mientras que los más optimistas ven que se encuentra en reciente formación.

“El periodismo de debate siempre es necesario. Hay que partir del hecho de que el país se nutre de la política. De algún modo, los que se dedican a ella pagan con creces la inexistencia de la farándula, por eso los medios de comunicación están tan politizados, aunque algunos de ellos lo hacen muy a la “chacota”, pues, no distinguen lo que es serio de lo que no lo es”, juzga Espinoza.

El expresidente Carlos Mesa confirma la ideologización de los bolivianos  a la que se hacía referencia: “Es verdad que en el país se habla de política hasta en el minibús. Este debate —que no quiere decir “tertulia política” (atractiva y posible, sin duda)— es necesario, debe buscar esclarecer y no confundir, desentrañar ideas y no batallas campales para que al final podamos calificar a ganadores y perdedores, sino que sea un debate indispensable en el que los ganadores sean quienes lo siguen”.

Tras afirmar la necesidad del periodismo de debate político, el sociólogo Fernando Mayorga dice que éste debería privilegiar la profundidad en sus temas, aunque también menciona la importancia de ponerlos en agenda y orientar a los lectores.

El exvicepresidente Víctor Hugo Cárdenas, por otro lado, opina que el periodismo de debate es escaso. “Es cierto que se habla mucho de política, se opina y se comenta bastante, pero hay poco análisis bien informado y bien argumentado”, juzga.

De acuerdo con el comunicador Ronald Grebe, el género de periodismo en cuestión es de importancia mayor, aunque “en él debería hacerse más énfasis en la historia política del país para proyectar nuestro futuro”. Su colega Carmen Ruiz piensa que este tipo de labor, en todos sus formatos, ha perdido profundidad debido a un “exceso de opinadores y al miedo a la confrontación de ideas”.

Carlos Romero, ministro de Gobierno, encuentra como una dificultad para esta tarea el “casi monopolio de la influencia política del MAS (Movimiento Al Socialismo) y la ruina de los demás partidos; este vacío redunda en el debate político en el sentido de que la mayoría se ha adscrito a la voz oficial, lo cual ha restado objetividad al periodismo”.

Continuando con las debilidades del género, Espinoza añade que éste no explota la fuerte ligación existente entre cultura y política, “como por ejemplo las expresiones literarias o del cine del país, tan unidas a ella. A través de un suplemento, la gente podría percibir esta situación”.

La opinión al respecto de Raúl Chato Prada, exconstituyente del MAS y asesor de la Cidob, es la más tajante: “En Bolivia no existe periodismo de debate, sino monopolios con políticas editoriales claramente dirigidas, tanto en el oficialismo como en la oposición”, afirma.

Menos categórica es la evaluación que hace la politóloga Helena Argirakis, para quien este género de periodismo (en cualquier formato) aún se halla en construcción. “La modalidad se está formando. El proceso se incrementó la última década. Al ser nueva, aún se centra en la opinión y hace poco hincapié en la investigación histórica que contextualice las problemáticas”.

Una vez más, se vuelve al lado contrario del péndulo, pues, el diagnóstico del periodista Jimmy Iturri no es nada positivo: “El periodismo de debate es muy pobre en el país, le falta profundidad en sus temas y basamento teórico”.

Sobre el cuestionamiento de si   se debe escribir para la población     o para el político, se observa que al   leerse algunos textos de este género pertenecientes a medios del extranjero (recordando que en el país sólo existe el Animal Político), muchas veces puede percibirse que su “lector ideal” (concepto que refiere a quién va dirigido en primera instancia el mensaje) es el político mismo y no así el público en general. En tal caso, el consumidor no ligado al poder terminaría siendo una suerte de intruso en la comunicación. En Bolivia, como ya se dijo en la introducción, la población respira política de tal modo que hasta puede llegar a interpretarse que la intromisión es en realidad cometida por la mediación del periodista (“el periodista siempre es una mediación”, asegura Espinoza); pues al final de cuentas, ¿qué es “mediar” sino ser un tercero?

“El que más consume periodismo de debate político es, sin duda, el político mismo”, afirma Espinoza. Mientras que Grebe cree que el objetivo primero de esta labor es llegar a la gente para que forme una opinión propia. Llevando la respuesta aún más lejos, Ruiz cree que el debate político debe ser para todos. “Se debe actuar con criterios universales, el producto se tiene que “vender” solo por su interés, sus temas y la forma en que los aborda”.

La diversidad de opiniones, por supuesto, es central para esta modalidad (aunque también lo es para cualquier otra). Romero resalta que este suplemento dominical “hace posible que dialoguen actores que probablemente nunca tendrán la posibilidad de discutir directamente, enriqueciéndose así el debate”.

En este mismo sentido, el Animal Político mostró ser un espacio donde, constantemente, se encontraron opiniones contrarias. Inclusive, el domingo 8 de este mes se dio un amplio espacio a un artículo del historiador chileno Cristian Garay que podría parecer indignante a más de un boliviano, dejando en claro así la amplia apertura a la pluralidad.

Habría que ver si una situación así podría darse en sentido inverso, ¿daría una cobertura de esa magnitud la prensa chilena para que un historiador boliviano diga su versión sobre el problema marítimo? Es poco probable. De todos modos, del perfil de este suplemento que se publicó por primera vez el 17 de abril de 2011 que hablen los lectores, que también son parte de estas páginas.

La televisión vs. prensa escrita en el debate político

El periodismo de debate político, de manera evidente, prolifera en la televisión con una programación que le da un largo espacio los días laborales. Por otro lado, en la prensa escrita sólo existe el Animal Político como ejemplo del género, aunque hubo otros suplementos en el pasado. Hay que establecer que ambos formatos son disímiles y sólo los une, tal vez, la temática.

Para el sociólogo Fernando Mayorga, el periodismo escrito de este tópico es más importante que el de carácter televisivo porque la publicación dominical profundiza los temas —juzga el también doctor en Politología—, realiza un abordaje conceptual y combina con el género de la entrevista; “por eso tiene una mayor calidad comunicacional”.

Según dice, “el abordaje en televisión tiene consecuencias muy negativas para una percepción crítica de los eventos políticos. (Estos programas) generalmente están pensados con un enfoque dicotómico que busca exacerbar las diferencias de posición, mientras que el reportaje escrito tiene la ventaja de poder empezar con los antecedentes, el contexto histórico y luego, ya con una argumentación previa, poner las opiniones contrapuestas”.

Para la politóloga Helena Argiriakis, “esos programas de debate tienen una agenda oculta porque comienzan con una verdad preconstruida;  los invitados ya van sólo a defenderse”.

José Pomacusi, productor de No mentirás, en PAT, dice que su programa responde a un nuevo tipo de humanidad que ve simultáneamente un celular, una Tv y una computadora: “Seguramente puede haber un debate más rico en el ámbito académico; sin embargo, el nuevo tipo de ser humano tiene menos capacidad de concentración. Es por esto que el soporte del programa tiene que ser ágil”.

‘Su virtud es juntar lo que estaba disperso’: Teresa Zegada, politóloga

Animal Político ha llenado un vacío producido por el proceso acelerado de cambios políticos. Si bien habían artículos de intelectuales, éstos se encontraban dispersos. La gran virtud de este suplemento ha sido aglutinar temáticamente estas preocupaciones antes aisladas. El lector, cuando se encuentra con el Animal Político, sabe que hallará el eje que está buscando.

‘Animal Político es una referencia’: Mario Espinoza, periodista   

En el año que está trabajando, Animal Político se ha convertido en una referencia. Tiene nombre y apellido, al margen del periódico en el que sale. Me dijeron que ya no se puede concebir La Razón del domingo sin este suplemento. Su aporte no sólo es periodístico, sino creíble y diverso. Es un hito importante del periodismo que va a ser recordado.

‘Recoge bien trabajos previos de los 80 y 90’: Fernando Mayorga, sociólogo

Animal Político recoge muy bien la experiencia previa de importantes suplementos de la década de los 80 y 90 como Ventana, Tiempo Político y Momento Político. Tiene la virtud de mantener la calidad en cada entrega. Sus entrevistas cumplen una función que profundiza los temas. El debate político debe ocupar un lugar central en la comunicación y en la cotidianidad.

‘Suplementos de este tipo son necesarios’: Carmen Ruiz, comunicadora

Es un esfuerzo interesante. En general, este tipo de periodismo debe ampliar sus temáticas y profundizar en aspectos de la construcción democrática. Programas, suplementos y otros espacios de debate político son muy necesarios. Ojalá hubieran más, siempre y cuando tengan la cualidad imprescindible de pluralismo y verdadera confrontación de ideas y posiciones.

‘Cubre el vacío que había en los medios’: Luis Revilla, es alcalde de La Paz

Creo que Animal Político llena una ausencia que tienen los  medios de comunicación impresos desde hace varios años; no existía un espacio público de debate político, democrático y de ideas sobre la coyuntura. Saludamos su aniversario, esperamos que siga cumpliendo más años y continúe contribuyendo al fortalecimiento de la democracia.

‘Mantuvo el pluralismo y el equilibrio’: Reymi Ferreira,  rector de la Universidad G. R. Moreno

El trabajo de Animal Político es importante, pues, la discusión de las ideas y el debate son fundamentales para la democracia. Su trabajo ha mantenido el pluralismo y también el equilibrio. Algo interesante de esta separata es que siempre han existido dos alternativas: tanto del oficialismo como de algunas de las oposiciones, lo que le da crédito.

‘Sus páginas no defienden una línea’: Carlos Mesa, expresidente de Bolivia

Animal Político reflexiona mediante la entrevista, el debate  coyuntural y la recuperación de elementos del análisis del pasado. Es un tránsito necesario que tiene la virtud de la pluralidad y la elegancia de no convertir sus páginas en una trinchera ideológica para defender determinada línea; en los días que corren, teñidos de polarización, es de agradecer y digno de destacar.

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