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El personaje del año

Con la certeza de que este año Evo Morales no será el personaje, el periodista analiza varios casos de elección de la personalidad del año en el país y el mundo. En su criterio, la evaluación de esta elección siempre es subjetiva y, a veces, no logra establecer la diferencia entre lo popular y lo influyente de los elegidos.

La Razón / Mario Espinoza Osorio

01:00 / 11 de diciembre de 2011

Es fin de año y la tendencia es hacer balances. Elegir personajes. Lo mismo vale, eventualmente, para el fin de la década, el siglo o el milenio. Los resultados son siempre subjetivos y, por ende, discutibles, y lo curioso es que muy a menudo los medios, como en el tango, mezclan la Biblia con el calefón. No otra cosa significa que una vez esté Marx y luego Michael Jackson. Gutenberg y Lady Gaga, y una larga lista de personajes influyentes junto a otros famosos.

El poco conocimiento que tengo de la historia universal me lleva a preguntar cómo es que Gengis Khan haya sido elegido como el “hombre del segundo milenio”. Éste es el resultado de una encuesta realizada entre historiadores, filósofos y otros intelectuales en 1999 por la revista Time.

Temujin, como se lo conoce, tiene su mérito: unificó a las tribus nómadas del norte de Asia y, con base en sus hordas y conquistas, fundó el primer imperio mongol, la potencia antigua más extensa de la historia. Pero de ahí, al personaje del segundo milenio, por lo menos es discutible.

La misma revista, pero sin la influencia de ninguna encuesta, encontró en Albert Einstein al hombre del milenio y junto a él hay personajes como Leonardo da Vinci, Galileo, Cristóbal Colón o Darwin.

Algunos medios de comunicación le han otorgado a Jesús de Nazaret, la figura central del cristianismo, el título de personaje del primer milenio e incluso de toda la historia de la humanidad. No es para menos. Más allá del Cristo divino, si es que existió, hay un Cristo histórico a quien le debemos que esa historia se haya dividido, nada menos en un antes y después de él.

Sin embargo, la pregunta sigue siendo qué hubiese sido de ese Cristo sin la infatigable labor de Saulo de Tarso, San Pablo, quien con su capacidad de organización y liderazgo personal llevó al cristianismo donde hoy está, y sin cuya tarea probablemente el cristianismo se hubiera apagado en silencio.

Tampoco está lejos en la larga lista de personajes influyentes Mahoma: su huida de la Meca en el 622, perseguido por sus enemigos, dio inicio a una cabalgata histórica que todavía no se ha agotado. ¿Qué movimiento religioso-político-cultural, exceptuando el cristianismo, ha sido tan prolongado, prolífico y decisivo como el Islam?

Sin embargo, este tipo de elecciones no deja de ser subjetivo y es parte de la tendencia de los medios de comunicación a derramar tinta en estos temas de famosos e influyentes en los que siempre se hallan justificativos en sentido de que no se trata sólo de famosos, sino que su intervención modificó el rumbo de las cosas, lo que trae otro tipo de discusiones ociosas como, por ejemplo, si el personaje no hubiese hecho lo que hizo, nada habría sido muy distinto porque alguien más lo hubiese hecho. Y, obviamente, están los que aseguran que sin estos personajes quizás parte del mundo no habría sido lo mismo. Algo así como “si mi abuelita no se hubiese muerto…”.

En el análisis se observa que muchos medios de comunicación a la hora de elegir a su personaje confunden lo popular con lo influyente. Que alguien sea influyente no quiere decir en lo más mínimo que uno simpatice, aborrezca, se adhiera o deteste a dicha persona. Simplemente hay que reconocer el significado de la palabra, ya que entre influyente y popular puede existir un abismo. La propia revista Time eligió en distintos años a Albert Einstein o Mahatma Gandhi, pero también en 1938 eligió a Adolfo Hitler porque indudablemente era un personaje, más allá de lo perverso. Pero los tres fueron decididamente influyentes.

Marylin Monroe, Pablo Picasso o la Madre Teresa de Calcuta son de otra categoría: la de los populares, y el mundo habría seguido su curso con o sin ellos. Es decir, la tarea está en diferenciar la popularidad que es sólo que le gustes a la gente y la influencia, que es cuando ésta te escucha.

Entre los medios bolivianos afectos a esta práctica hay una constante: la elección es generalmente de un político (el Presidente) o, por el contrario, de alguien que haya sido noticia en el sector de curiosidades absolutamente circunstanciales y simplemente para diferenciarse de la competencia.

Hay otros que prefieren no entrar en mayores “compromisos”. En 1982, por ejemplo, en un periódico se eligió “al pueblo boliviano” como personaje, por haber reconquistado la democracia. Era la salida fácil en momentos en que pasaba de todo y había que quedar bien con todos.

Cuando dirigíamos PAT, y aún antes, en los medios donde trabajamos con Carlos Mesa, la tarea de fin de año, al margen del anuario, era la de encontrar al personaje y al hecho del año. Pero no sólo ello, nos gustaba meternos en honduras y se elegía al personaje y hecho latinoamericano y al personaje y hechos mundiales. No fallaba: La mayoría de las veces era el Presidente, a veces un alcalde, un ministro con algunas luces, y raras veces un intelectual, un deportista o un artista. En todo caso, la influencia de la política en los medios se refleja aún hoy en la elección de estos personajes.

Este año, el personaje en Bolivia no será el Presidente. ¿Será que sea síntoma de algo?

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