Animal Político

Sobre poder y contrapoder

Tras una taxonomía de las oposiciones, se hace una descripción de cada categoría propuesta, aterrizando en el caso de los distintos tipos de oposición en Bolivia.

La Razón (Edición Impresa) / Romano Paz

00:01 / 09 de febrero de 2014

El filósofo español Fernando Savater, en su libro Política para Amador, se cuestiona sobre lo siguiente: ¿es posible una sociedad anárquica, es decir, sin poder? Concluye que los anarquistas tienen razón en una cosa: una sociedad sin poder sería una sociedad sin conflictos. Y una sociedad sin conflictos no sería una sociedad, sino más bien un cementerio o museo de ceras.

De la misma manera que muchos otros pensadores contemporáneos, nos invita a reconocer que el “poder” como tal es una realidad concreta e irrefutable, por lo que está presente en todas las dimensiones de las relaciones humanas, indistintamente de sus connotaciones positivas o negativas, la justificación ideológica en que éste se ampare o la forma que éste adopte; ¡existe!

Somos “animales políticos” porque somos polémicos y competitivos, a ello se debe que tendamos naturalmente a la hostilidad y el conflicto. Por eso es que necesitamos de mucha actividad política, pues ésta es una facultad exclusiva de los seres humanos y apunta a establecer un cierto orden que nos permita vivir conjuntamente en sociedad, por decirlo de esta manera; pretende organizar la coexistencia humana, siempre en condiciones de conflictividad.

Ahora bien, de la misma manera que en todo binomio tiempo-espacio se establece un determinado statu quo legitimado por los principales postulados de un paradigma, también a todo “orden” se le contraponen criterios y acciones concretas que cuestionan la política dominante que se ha instaurado, a este desgaste de energía es lo que hoy conocemos como “oposición” y por su naturaleza subversiva involucra dimensiones y acciones de polémica y conflicto.

De los tipos de oposición y del caso boliviano se puede decir que, hasta la fecha, la única verdad irrefutable es la realidad en permanente cambio y movimiento. Tal vez debido a que tanto nuestro mundo interior como el mundo exterior que nos rodea son realidades inacabadas. Friedrich Nietzsche afirmó lo siguiente: Yo no soy un hombre, soy un campo de batalla.

La resistencia es un tipo de oposición que se ve obligada a refugiarse en la clandestinidad, ya que de manifestarse abiertamente ante la opinión pública sería aplastada brutalmente por regímenes de tipo autocrático, teocrático o totalitario. A pesar de que actualmente tenemos refugiados políticos, es la excepción y no la regla en Bolivia.

La oposición interna se encuentra conformada por fuerzas alternativas, que son externas al oficialismo y se manifiestan abiertamente como adversarias, pero no cuestionan el paradigma vigente, más bien reclaman para sí la reconducción del modelo. Siendo ideológicamente similares al oficialismo, tienden a disputarle el eje discursivo y el apoyo de la sociedad civil. En general, podemos decir que son tan conservadores como el oficialismo, y su alternancia en el poder no significa cambio, más bien es sinónimo de continuidad.

El Movimiento Sin Miedo (MSM) encarna al tipo de oposición interna, pues en una primera instancia, en su afán de acceder al poder, optó por aliarse con el Movimiento Al Socialismo (MAS), pasando a la segunda alternativa, la de reclamar la reconducción del “proceso de cambio” sin cuestionar las bases del paradigma. 

La disidencia es otra forma de oposición, se gesta al interior de una organización, suele confabular y conspirar desde las entrañas mismas de la organización para tomar las riendas de la estructura de poder, manteniendo el modelo o en su defecto reconduciendo el mismo. Puede obrar de manera pragmática o motivada por la ambición y sed de poder, en su defecto también pueden reclamar y reivindicar ciertas reformas que consideran necesarias, por otro lado también puede estar en contra de la cúpula dirigencial.

La disidencia en Bolivia se ha hecho manifiesta en el oficialismo como en la oposición, sin embargo, a pesar de que la fortaleza oficialista da signos de fatiga y desgaste debido a que los grupos de poder interno pugnan por copar distintas esferas de poder, el oficialismo ha sabido mantener la cohesión interna amparado fundamentalmente en el centralismo democrático, esquema poco democrático que silencia o anula a los librepensantes. En el otro lado de la balanza tenemos a la oposición representada fundamentalmente por Convergencia Nacional, coalición que ha sucumbido a presiones externas y no ha podido mantener su cohesión interna; sin embargo, cabe destacar que solo la democracia garantiza el derecho político a disentir de propios y extraños, tal como ha sucedido recientemente con el senador Marcelo Antezana y la diputada Ximena Torres.

La oposición externa es otra tipología. Es adversaria del oficialismo, pero además de pretender hacerse con el gobierno, cuestiona el paradigma vigente y reclama el recambio del mismo hacia un nuevo modelo. Por lo tanto, es ideológicamente antagónica con el oficialismo y también de su oposición interna, por lo que plantea un eje discursivo diferente y tiene su propio apoyo en la oposición civil. El incremento de su base de seguidores y militantes tiende a ser inversamente proporcional con la salud del paradigma vigente, en este caso del denominado proceso de cambio.

La oposición externa en Bolivia está representada fundamentalmente por el Movimiento Demócrata Social (MDS), Unidad Nacional y Convergencia Nacional, sus principales desafíos son los de articular un nuevo paradigma o derrotero para seducir a una amplia base electoral y reemplazar el actual modelo populista, además de mantener la cohesión interna, para evitar sucumbir ante los embates de un oficialismo abiertamente autoritario que busca ponerles el camino estrecho, que dispone de ingentes recursos, que ha copado la mayoría de los poderes y que ha judicializado la política y politizado la justicia.

Finalmente, se puede afirmar que de la calidad de los diferentes tipos de oposición, depende en buena medida la salud de un sistema democrático.

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