Animal Político

El poder de las redes sociales

La clave es volver a una lectura crítica de nuestra sociedad, recordar que 40% de la población vive en áreas rurales y no tiene el mismo acceso a las redes sociales, que denominamos ‘democráticas’, pero que siguen siendo excluyentes y que continúan presentando una visión limitada de la realidad.

La Razón (Edición Impresa) / Nayra Abal Camargo

00:03 / 28 de marzo de 2016

Entre los años 80 y 90, teóricos latinoamericanos debatieron sobre la importancia de la relación entre medios y audiencias y, como sucede ahora, las líneas de opinión se dividieron entre el desmesurado optimismo y el pesimismo apocalíptico. El debate claramente tiene matices nuevos cuando añadimos otros canales, escenarios y códigos, pero las visiones al respecto no han cambiado mucho.

Entre varios temas a discutir, los pasados comicios electorales (del 21 de febrero) nos dejaron muchas incertidumbres, lo que contribuye al debate ya que tenemos dudas y diversos espacios para resolverlas, compartirlas y analizarlas: punto a favor para las redes sociales.

Sin embargo, en los grupos de discusión o debate a los que podemos estar inscritos (vía Face-book, claro) no encontramos necesariamente un debate racional e informado: nuevamente punto a favor para las redes. ¿Por qué? Porque, como inicialmente pasó con los medios de comunicación masiva, los nuevos canales de difusión, como las redes sociales, son el reflejo de los intereses de la sociedad, salvo que en este caso hablamos también de intereses fragmentados, una persona distinta: un nuevo interés.

Hoy en día no basta con decir “soy activista”, sino que además podemos especificar: “activista del software libre”, “animalista”, “ecologista”, “feminista”, y con ellos dejamos claro cuál es nuestro interés principal, así nuestro nombre figura en una lista (por ejemplo las listas que permite elaborar Twitter) y podemos compartir ideas con personas que piensan de forma similar o podemos discutir libremente con los que piensen diferente, lo que resulte más entretenido o provechoso, y viceversa.    

El poder de las redes. En el pasado milenio —al menos creíamos que— podíamos solucionar gran parte de los problemas que teníamos como sociedad apagando la televisión, que con programas violentos o inapropiados para niños solo contribuía a formar delincuentes.

Hoy en día movemos gente disconforme hacia revoluciones, ayudamos a causas nobles y podemos aniquilar el prestigio de una persona con un solo click. Debemos reconocer que como sociedad, al menos virtualmente, nos hemos vuelto más eficientes.   

En este contexto, el término “ritual” nunca habría sido utilizado más elocuentemente que cuando comenzamos a aplicarlo a nuestro usual procedimiento, al momento de “consumir” las redes sociales. ¿Llegamos al trabajo e inmediatamente revisamos nuestro perfil de Facebook? No, eso es cosa del pasado, nuestro perfil ya lo revisamos en el minibús camino al trabajo, mientras nos quejamos por… cualquier tema sirve; después de todo, para eso tenemos nuestras cuentas, deseosas de ser llenadas de información que a pocos les interesará.

Sin embargo, hay causas que nos unen potencialmente con personas distintas que no conocemos y no, no se trata de las figuras religiosas colocadas por nuestras tías para que alguien diga amén y se haga un milagro en alguna parte del globo terráqueo; se trata de temas que al afectar o interesar a una parte considerable de la comunidad, toman relevancia.

Cuando ocurre esto se activa la inteligencia del enjambre (término perteneciente a una rama de la inteligencia artificial que estudia el comportamiento colectivo de los sistemas descentralizados, autoorganizados) y casos concretos como el de la Primavera Árabe, la ocupación de Wall Street y, sin ir más lejos, manifestaciones como #MachistasFueraDeLasListas se desarrollan más allá de las pantallas que las vieron nacer. Estos hechos se dan cuando lo popular comienza a interpelar al poder desde lo masivo (sin importar mucho el canal). No hay que engañarnos, ocurre poco y cuando la gente está especialmente cabreada, pero ocurre.

Los debates actuales sobre las redes nos recuerdan esto, que la inteligencia colectiva no siempre se activa y que cuando se activa influye el contexto y otras matrices de análisis.  Si nos centramos en las matrices sociales, culturales y políticas, entendemos por qué es común el insulto fácil, los comentarios machistas y los planteamientos políticos desde diferentes posturas (a veces irracionales).

Tal vez la clave es volver a una lectura crítica sobre nuestra sociedad, recordar que 40% de población vive en áreas rurales y no tiene el mismo acceso a estas redes que denominamos ‘democráticas’, pero que siguen siendo excluyentes y que, por lo mismo, continúan presentando una visión limitada de la realidad.

Está claro que en el país viviremos una campaña continua hasta  2018 y esto implica que estaremos más expuestos a lo peor de no-sotros mismos, lo que nos ayuda a volver a mirarnos al espejo. A pesar de algunas afirmaciones casi apocalípticas, esto no indica que vivimos en una sociedad polarizada: existen fragmentaciones normales que de hecho son posibles desde la globalización, ahora estamos entendiendo una situación de crisis desde nuestro lugar de enunciación, desde nuestra propia realidad, lo que queda preguntarse es si podemos ser críticos al respecto o lo resolveremos todo con un meme.

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