Animal Político

Ellos ‘no podían aguantar a un sapo de otro pozo’

Entrevista a Fernando Lugo

Fernando Lugo.

Fernando Lugo.

La Razón / Francisco Peregil

00:00 / 01 de julio de 2012

El exobispo Fernando Lugo, de 61 años, fue destituido hace una semana por el Senado de su país, Paraguay, mediante un juicio político. Varios dirigentes de América Latina calificaron la destitución como golpe de Estado. Otros prefirieron concederse más tiempo para estudiar la situación.

El viernes, los líderes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y los del Mercado Común del Sur (Mercosur) tenían previsto un debate en la ciudad argentina de Mendoza sobre qué tipo de medidas adoptarían frente al nuevo Gobierno de Paraguay. Aunque Lugo había decidido acudir a Mendoza, después optó por quedarse en su país para que los demás presidentes no se sintieran “presionados” a la hora de analizar la situación de Paraguay.

En una entrevista telefónica con El País, el expresidente indica que aunque como ciudadano paraguayo no le gustaría que los pequeños productores se vieran afectados por posibles sanciones, cree que la comunidad internacional es libre de adoptar todas las medidas económicas y políticas ante “los graves hechos de ruptura del proceso democrático” en Paraguay. “¡Cómo me hubiera gustado estar ahí en Mendoza!”, exclamó tras la entrevista.

— ¿Por qué cree que la oposición y sus aliados en el Gobierno decidieron unirse para convocar un juicio político y destituirle, cuando sólo faltaban nueve meses para las próximas presidenciales?

— Muchos califican la política paraguaya de irracional. Desde el punto de vista lógico y racional es imposible entenderla. Es como un chiste. Yo creo que los motivos reales no afloran en el libelo acusatorio. Yo creo que es que nosotros hemos instaurado una manera de hacer política diferente. No una política clientelar, sino de militancia, de participación ciudadana. Eso ha molestado a mucha gente. El éxito que hemos tenido, sobre todo en las políticas sociales, con una popularidad aceptable después de cuatro años… Yo creo que ése fue uno de los motivos troncales para truncar el proceso democrático en nuestro país.

— ¿Qué cree usted que sucedió en la matanza de Curuguaty? ¿Cómo pudo terminar así el desalojo en una finca?

— Yo creo que no está dicha la última palabra sobre la investigación de la masacre. Hay una hipótesis muy aceptable de que hubo elementos extraños a policías y campesinos. Los campesinos no tiran directamente con la puntería a la cabeza, al cuello, al corazón de los policías. Yo creo que la venida de francotiradores es una hipótesis muy factible, que elementos extraños provocaron la violencia y esa masacre. Ojalá la investigación llegue a dilucidar qué pasó allí, para satisfacer a la ciudadanía.

— ¿Por qué cree que la Constitución vigente desde 1992 recoge la figura del juicio político que permite destituir a un presidente en un plazo máximo de tres días?

— Aquí hubo varios antecedentes de juicios políticos. A un presidente lo destituyeron y su juicio duró tres meses, a otro le dieron cinco días, a otro le dieron semanas. Yo, antes de 24 horas, ¿eh? Antes de 24 horas. Por eso le llaman un juicio político exprés. Rápido, rápido, rápido, ¿verdad? Sin argumentos, sin motivos suficientes. A mí me gustaría que cualquier estudio jurídico pueda analizar el libelo acusatorio que partió de (la Cámara de) Diputados a ver si encuentra un argumento que tenga relación con el mal desempeño de funciones por el cual fui separado del cargo.

— ¿Se puede hablar de golpe de Estado aunque la Constitución recoja la figura del juicio político?

— Bueno… Yo creo que aquí los abogados tendrán mucho que aportar. Tuvo toda la fachada legal. Pero se ha violentado, se ha forzado, se ha exagerado esa herramienta legal que está contemplada en la Constitución nacional del Paraguay. Y tampoco se puede afirmar que tuvo todos los visos de legalidad. No se respetó el tiempo del juicio, se hizo un reglamento a la ligera, dejándome dos horas para responder (exponer la defensa).

— Usted ha recomendado que no se adopten sanciones comerciales contra Paraguay para no perjudicar a los 6,4 millones de paraguayos. ¿Qué postura debería adoptar la comunidad internacional ante el nuevo Gobierno de su país?

— La comunidad internacional puede sentirse libre de tomar todas las medidas económicas, comerciales, políticas, sociales inclusive, de condena hacia el grave hecho de la ruptura del orden democrático. Yo simplemente he dado mi opinión de que a mí, como ciudadano paraguayo, no me gustaría perjudicar a los pequeños productores, aquéllos que exportan su ganancia, su mandioca, su banana. Pero que esto no sea una coacción, ni siquiera sea una presión para que los otros presidentes de la región no se sientan libres de decidir, de determinar, definir, dictar las sanciones que el Gobierno se merece.

— El presidente venezolano, Hugo Chávez, ordenó suspender las exportaciones de petróleo a Paraguay. ¿Cree que Chávez debería reconsiderar esa decisión?

— No, como le decía recién, yo he dado una opinión. Pero cada presidente y cada nación se pueden sentir muy libres y soberanos de aplicar la sanción ante el grave hecho de la ruptura del orden democrático.

— La nueva ministra de Defensa, María Liz García, ha declarado que el canciller de Venezuela, Nicolás Maduro, se reunió con altos mandos militares de Paraguay el mismo viernes en que usted fue destituido y les dijo que tenían que obedecerle a usted. Algún medio en Paraguay ha publicado que Maduro pidió al Ejército que se sublevara. ¿Es cierto eso?

— A mí me gustaría conocer las pruebas de esa Ministra de Defensa. Creo que es una opinión traída de los pelos, fuera de la racionalidad. Ojalá pudiera ver las pruebas para que fuese creíble lo que esta señora dice. Mientras no tenga las pruebas suficientes, necesarias, aclaratorias, debe quedar muy mal ante la opinión pública nacional e internacional.

— ¿Le sorprendió que sólo un diputado le apoyara y 76 votasen a favor de juzgarle o que sólo cuatro senadores se pronunciasen en contra de su destitución mientras 39 lo hacían a favor?

— No, porque eso ya respondía a un acto que es debido a los partidos tradicionales del país; ellos no podían aguantar que un sapo de otro pozo pueda estar en la presidencia de la República, alguien que nunca estuvo en la militancia política, alguien que no pertenece a un partido político… Eso es inaceptable para la clase política paraguaya.

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