Animal Político

La política de la calle

Recuento de las movilizaciones

La Razón / Mario Espinoza Osorio

00:01 / 22 de abril de 2012

Será posible analizar desde un escritorio el fenómeno diverso, complejo y difícil de asir con instrumentos teórico-metodológicos simplistas y constreñidos a disciplinas rígidas lo que significa la política de la calle? La respuesta es tan difícil como la pregunta.

Desde las jornadas de abril de 1952, la embrionaria pero creciente organización de diversos sectores del movimiento social, unificados en la Central Obrera Boliviana (COB), se presentó como el instrumento más importante del campo popular. Desde esos días, la política, que estaba  reservada a un puñado de políticos de profesión, fue recuperada por amplias franjas del pueblo trabajador, que encontró, sobre todo en las calles, el escenario natural para expresar su hartazgo.

Mucha agua ha corrido desde entonces. Pero a la par del agua, miles de trabajadores transformados en políticos de la calle hicieron sentir   su voz, anónima cuando sola, grito desesperado pero invencible cuando unida, que tuvieron la virtud de cambiar por lo menos en cuatro oportunidades y profundamente el escenario político del país. Éstas las más  importantes:

Abril de 1952: El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) tuvo la virtud de movilizar a todo un pueblo. Víctor Paz Estenssoro y Hernán Siles Zuazo, vencedores de la elección de 1951, interpretaron el curso de la historia, y Siles en las calles, junto a Juan Lechín, los mineros y la base del MNR prepararon la llegada del conductor de la revolución, Paz Estenssoro y le mostraron al poder económico y militar de mediados del siglo XX de lo que era capaz el pueblo movilizado.

Noviembre de 1964: Paradójicamente, ese mismo pueblo movilizado de 1952 volvió a involucrarse en política y junto a las Fuerzas Armadas le dijo “basta” al propio conductor de la revolución, quien meses antes había decidido su reelección. No fue sólo un golpe militar; hubo una gran movilización civil detrás de René Barrientos.1971, la Asamblea Popular: ¿Merece la Asamblea Popular estar en la lista de las grandes movilizaciones del pueblo boliviano? Hay quien asegura que no, porque, en su criterio, fue más el ruido que las nueces; porque las dos únicas reuniones que sostuvieron los obreros no sólo no resolvieron nada, sino que ni siquiera convirtieron en planteamientos los pedidos aislados de los grupos más radicalizados identificados con el trotskismo boliviano. Aunque fue, por lo menos en teoría, el momento más radical de la COB a partir del IV Congreso y su tesis socialista.

Diciembre de 1977: La huelga de hambre. Si bien este movimiento fue lo suficientemente grande como para obligar a Hugo Banzer a convocar a elecciones irrestrictas, no fueron las calles el escenario, sino paredes donde se combatió sin violencia. Ayudó el desgaste del Gobierno.

Marzo de 1979: ¡Sí, juramos! Fue otro tipo de concentración y no protestó contra ningún gobierno, pero tuvo el ingrediente de las masas enfervorizadas a los 100 años del enclaustramiento marítimo. A la movilización siguió un momento de cinco minutos de silencio. Conmovedor.

1979: “Las masas en noviembre”, como las llamó René Zabaleta, que se enfrentaron a los tanques del Tarapacá. El resultado fue terrible: casi 100 muertos y más de 300 heridos, pero como pocas veces y a pesar de la represión, Alberto Natush Busch renunció.

Octubre de 1982: Desde 1952, La Paz no había vuelto a vibrar, con semejante intensidad, primero con la concentración de “el hambre no espera”, convocada por el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), y luego con la llegada de Hernán Siles Zuazo, que dos días después juraría como presidente.

Las jornadas de marzo 1985: Paradojas de la historia. El mismo pueblo que recibió a Siles protagonizó las Jornadas de Marzo. 19 días de huelga general indefinida, pero en serio. 15 mil mineros en las calles. Ni un pan,  y un modelo que jamás volvió a repetirse.

La Marcha por la Vida. El 29 de agosto de 1986 terminó la “última cruzada”. Una movilización masiva minera fue detenida en Calamarca por el Ejército. Las imágenes que recogió la televisión fueron espectaculares. Sólo fue un intento y no cambió nada.

La Guerra del Agua. En abril de 2000, Cochabamba fue el escenario de una espectacular movilización contra la privatización del agua. La victoria del pueblo movilizado no sirvió de mucho, porque si bien se fue la operadora del servicio Aguas del Tunari, la población cochabambina, aún hoy, sigue sin encontrar soluciones a su problema por el agua.

Febrero de 2003. Ya en el segundo gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, ese febrero con varios muertos producto de un enfrentamiento entre la Policía y el Ejército, no fue otra cosa que el prolegómeno del octubre que determinó la renuncia del Presidente de la República.

Las consignas de estas movilizaciones tuvieron la enorme ¿virtud? de dejar al desnudo la crisis de legitimidad de la institucionalidad del régimen político en su conjunto. En el sexto año de la presidencia de Evo Morales, el número de las movilizaciones ha superado a las de otros gobiernos, sumado a que las de contra el gasolinazo y del TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure) pusieron en serio aprieto al Gobierno

En todo caso, la sola presencia de las masas en las calles o en acciones de denuncia de las aberraciones del sistema económico y político no resolvió, por sí misma, la construcción de una opción real de poder que pueda revertir la realidad del pueblo movilizado. Pero, en algunos casos, cómo sirvió. Claro que sirvió. 

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