Animal Político

De la primavera minera a la travesía en el desierto

Una mirada desde la minería privada: el renacimiento de la minería boliviana no ha pasado de ser un episodio efímero dentro de una larga historia de frustraciones. A esa corta primavera de inversiones le ha sobrevenido un  período de sequía de inversiones, en un contexto distinto marcado por malas políticas.

La Razón (Edición Impresa) / Henry Oporto es sociólogo

21:21 / 08 de febrero de 2016

El nuevo libro de Mariano Baptista Gumucio San Cristóbal. Una mina sin par en la historia de Bolivia (2015) nos recuerda que Bolivia puede ser una tierra de oportunidades y grandes emprendimientos mineros, aunque, infelizmente, ello ocurra muy  rara vez. En efecto, la mina San Cristóbal es el proyecto minero más grande realizado en Bolivia, desde los tiempos de Patiño, y el único de clase mundial; es catalogada como la tercera mina mayor de plata en el mundo y la quinta de zinc (a cielo abierto). Receptora de la mayor inversión en la minería del país, como nunca antes, San Cristóbal representó en 2009 casi la mitad de la producción minera nacional.

Lo más increíble es que un proyecto de tales dimensiones se hubiera podido desarrollar en un lugar remoto e inhóspito del sur de Potosí, con una de las tasas más altas de extrema pobreza y con carencias dramáticas de caminos, agua potable, energía eléctrica, sanidad, educación y otros servicios básicos. Actualmente, emplea a 1.500 trabajadores, mayormente gentes de la misma comunidad y pueblos vecinos, muchos de ellos desempeñándose como técnicos y personal calificado en modernos laboratorios y centros de avanzada tecnología, incluso algunos con altos cargos de dirección en la empresa Minera San Cristóbal S. A.

A propósito de esta singular historia, tuve la ocasión de conversar con el ingeniero Johnny Delgado, seguramente el principal artífice del proyecto minero San Cristóbal, residente actualmente en España. Como fundador y líder de la consultoría Mintec, Delgado consiguió interesar al joven inversionista estadounidense Thomas Kaplan en desarrollar ese emprendimiento, para luego ponerse al frente del mismo, desde la presidencia Andean Silver Corporation —la compañía creada en asociación con Kaplan— y posteriormente como el primer presidente de Minera San Cristóbal. Johnny Delgado fue socio y alto ejecutivo Estalsa S. A., y su nombre también está vinculado a otros importantes proyectos como San Vicente, Bolívar, Mallku Khota, Pulacayo, Tatasi y otros. Entre los años 80 y 90, la consultora Mintec logró atraer a Bolivia más de 50 inversores extranjeros, que movilizaron $us 100 millones en exploración, sobre todo de empresas junior que trabajan en exploración de alto riesgo, como son los proyectos mineros en Bolivia. 

Efímero resurgimiento de la minería nacional: escuchando a Delgado, queda claro que después de décadas de estancamiento, y tras la debacle de la minería estatal del estaño, en 1985, la minería boliviana vivió en las postrimerías del siglo pasado una suerte de renacimiento, de la mano de una inédita corriente de inversiones extranjeras en proyectos polimetálicos y auríferos; proyectos que no solo han sostenido el crecimiento minero que ha acompañado la gestión de Evo Morales, sino que han permitido que el país pueda beneficiarse del boom de los precios de los minerales. También resulta evidente que esa primavera de inversiones no habría sido posible de no mediar el contexto de recuperación económica y de estabilidad política y consolidación de instituciones democráticas y Estado de derecho, que siguió a los convulsos años de la hiperinflación y la transición a la democracia.

Si Johnny Delgado y su socio Charles Bruce (de origen escocés) pudieron desplegar en el exterior una intensa y fructífera promoción de la minería boliviana —como casi nunca lo ha hecho el Estado boliviano—, contactando a inversionistas, presentando portafolios de proyectos, organizando reuniones y congresos mineros, fue porque había un Código Minero que ofrecía seguridad jurídica, reglas de juego claras, protección a los derechos y propiedades mineras, impuestos definidos que podían competir con los vigentes en otros países. El “milagro” de la mina San Cristóbal y del progreso inducido en la comunidad campesina que la rodea no se explica sin referencia a las condiciones políticas y económicas de la Bolivia de entonces, y en particular a la política minera enfocada en captar inversión privada, factores estos que abonaron un terreno fértil para que iniciativas visionarias de personas como Delgado, Bruce y Thomas Kaplan se hicieran viables.      

Lo lamentable es constatar que el renacimiento de la minería boliviana no ha pasado de ser un episodio efímero y en alguna medida ilusorio, dentro de una larga historia de frustraciones y fracasos. A esa corta primavera de inversiones le ha sobrevenido un nuevo período de sequía de inversiones, en un contexto distinto marcado por malas políticas, inseguridad generalizada, impuestos asfixiantes, un clima adverso para los negocios mineros. 

“El peor momento de la minería boliviana”. Con toda su experiencia en la mochila, Delgado es un minero curtido en cien batallas, habituado a las tormentas de los cambios en los ciclos de la minería y a quien una crisis de precios, como la actual, no lo arredra. Así y todo, él no puede ocultar su pesadumbre frente al decaimiento de la actividad minera en Bolivia y viendo cómo los esfuerzos extraordinarios que se dieron en su día, y de los que fue protagonista personal, se han diluido y extraviado. Éste es el peor momento de la minería en el país, nos dice, pero no tanto por el derrumbe de precios, como por los muchos  problemas que agobian a las pocas empresas privadas que están en pie, y que provienen de decisiones políticas equivocadas como sobrecargar a las empresas con aumentos salariales, dobles aguinaldos y otros costos excesivos.

Los costos laborales han crecido tanto en el sector minero que difícilmente las empresas mineras, y menos aún las empresas de Comibol y las cooperativas, pueden soportar y seguir operando con los precios actuales; forzosamente, muchas operaciones tendrán que cerrar, si es que no lo han hecho ya, comenta nuestro interlocutor. Delgado prevé un ajuste severo en la planilla de trabajadores, en gastos administrativos y otros costos de producción, que acarrean reducción de personal. “No veo de qué otra manera las empresas puedan afrontar sus dificultades actuales y salir adelante”. También se requiere —añade— de mejoras de productividad, que probablemente ya se estén haciendo, aunque no todas las empresas puedan hacerlo porque para ello se necesita de más capital, en un momento en que éste se ha vuelto escaso y los inversores se comportan de forma más cautelosa y conservadora. “El problema mayor es que Bolivia no es atractiva para las inversiones. Los inversores prefieren tomar riesgos en Perú, Chile, Colombia, que son países mucho más confiables”, subraya Delgado.

El libro de Baptista retrata a un emprendedor nato como Thomas Kaplan —el inversionista que hizo posible San Cristóbal— narrando su decisión de comprar acciones en el mercado de la plata cuando en 1993 se precipitó el precio del metal a sus niveles más bajos, pero intuyendo que ganaría mucho dinero cuando el precio volviera a escalar, lo cual sucedió en efecto. Kaplan es de esos que en las dificultades ven las oportunidades: una lección tanto para los empresarios como para los países. Si aprendiéramos de ello, tendríamos que prepararnos para cuando remonten los precios. La cuestión es que no tenemos ningún nuevo proyecto como San Cristóbal y ni siquiera proyectos medianos. Peor aún: no hacemos nada para captar inversiones en exploración y tampoco para que las empresas puedan recuperarse. Si continua así seguiremos viendo pasar las oportunidades.

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