Animal Político

La problemática de las drogas

La nueva política boliviana de lucha contras las drogas también permitió recuperar la soberanía. Con la salida de la DEA y la NAS, Estados Unidos ha retirado totalmente su apoyo a la lucha contra las drogas. Bolivia, en cambio, asumió ese reto e invirtió, con recursos propios, Bs 1.334 millones de 2009 a 2015.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Romero Bonifaz

00:01 / 25 de abril de 2016

Uno de los resabios más perniciosos del modelo neoliberal es la manipulación de la opinión pública a través de tergiversaciones y sesgos que impiden a la población conocer la realidad para luego utilizarla a su antojo. Como ya no pueden enajenar los recursos naturales, ahora se dedican a escamotear la verdad.

Eso explica en parte la reciente arremetida en contra de los logros alcanzados por el país en materia de lucha contra las drogas, en contraste al reconocimiento explícito y reiterado de la comunidad internacional.  La evidencia científica de la lucha contra las drogas nos muestra una realidad diferente de lo que imaginan esos detractores políticos.

Convengamos en que, si bien existe el problema de la producción y tráfico de drogas es porque preexiste una demanda para el consumo de drogas ilícitas, principalmente cannabis, opiáceos (heroína y opio), Estimulantes de Tipo Anfetamínico (ETA) (anfetaminas, metanfetaminas) y sustancias cocaínicas (pasta base, clorhidrato y “crack”).

A escala mundial, el fenómeno de las drogas, como parte de la delincuencia organizada transnacional, representa un negocio ilícito que en 2009 generó 870.000 millones, lo que equivale al 1,5% del PIB mundial, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

En cuanto a la demanda, la tasa de consumo estadounidense es de 1,6% y la europea de 1%, mientras que la media mundial es de 0,4%. La ONU ha detectado un aumento de la demanda de cocaína en los últimos tres años en Asia, donde los países han unifor-mado su consumo.

Además, el consumo de cannabis (marihuana) subió en los últimos años; es la droga más popular del mundo, con casi 182 millones de consumidores. Es posible estimar que el consumo de marihuana da cuenta de aproximadamente el 73% de los usuarios/consumidores de drogas ilícitas, según cifras internacionales oficiales.

Otro dato de la realidad que se pretende ignorar es que según el Informe Internacional Estratégico de Control de Narcóticos del Departamento de Estado, “aproximadamente 1% de la cocaína decomisada y probada en Estados Unidos se origina en Bolivia”.

En contraste, Bolivia, tiene una de las prevalencias de consumo más bajas gracias a la nacionalización de la lucha contra las drogas, que por un lado aplica con severidad las acciones de interdicción y, por otro, ejecuta con responsabilidad las labores de erradicación y prevención con participación de la sociedad.

El “II Estudio Nacional de Prevalencia y Características del Consumo de Drogas en Hogares Bolivianos de Nueve Ciudades Capitales de Departamento, Más la Ciudad de El Alto, 2014” publicado el 18 de marzo de 2015, estableció científicamente que “en relación a las drogas ilícitas, las sustancias con mayores prevalencias anuales son la marihuana (1,27%), seguida de la cocaína (0,32%) y los inhalables (0,30%)”. Es decir, en Bolivia el nivel de consumo de cocaína es un tercio del 1% del total de la población, porcentaje muy alejado de las advertencias alarmistas de la oposición.

En cuanto a las labores de interdicción, desde 2006 hasta diciembre de 2015 se han realizado 121.025 operativos, lo que representa un incremento del 163% con relación a los 45.979 operativos del periodo 1996-2005. Asimismo, el secuestro de droga de 2006 a 2015 fue de 253 toneladas de cocaína, es decir, un 175% más que las 92 toneladas secuestradas entre 1996 y 2005.

Tanto los operativos como las incautaciones de sustancias controladas tienen un peso específico en el abordaje del fenómeno mundial de las drogas. En el cumplimiento del principio de responsabilidad compartida, en cuanto al número de operativos que ha realizado Bolivia, se puede constatar que se han incrementado de 3.500 operativos realizados en 2000 a 11.000 en 2009 y a casi 13.000 operativos en 2015. Esto representa un incremento desde 50% hasta aproximadamente 95%, en el último año.

El número de aprehendidos en los últimos 15 años ha tenido un promedio de 4.000 por año, con un cambio notorio desde 2006, que no incluye a dirigentes ni a los productores de hoja de coca, sino principalmente a involucrados en la producción y tráfico de drogas. Durante los últimos tres años, Bolivia ha erradicado en promedio 11.000 hectáreas con diálogo y participación social y sin muertes.

Con una extensión de 20.400 hectáreas, Bolivia es el menor productor de hoja de coca en la región andina, frente a Perú, que tiene 42.900 hectáreas, y Colombia, que produce 69.000 hectáreas. Quienes pretenden desvirtuar esta verdad, insisten en decir que las 20.400 hectáreas son ilegales porque exceden a las 12.000 reconocidas por la Ley 1008. Pero ignoran deliberadamente que el “Estudio Integral de la Hoja de Coca en Bolivia”, financiado por el Estado Plurinacional de Bolivia y la Unión Europea, estableció que la cantidad aproximada de hectáreas necesarias para el consumo tradicional de coca es de 14.705 hectáreas.

La nueva política de lucha contra las drogas también nos ha permitido recuperar la soberanía. Con la salida de la DEA y la NAS, Estados Unidos ha retirado totalmente su apoyo a la lucha contra las drogas. Bolivia, en cambio, asumió ese reto e invirtió con sus recursos propios Bs 1.334 millones de 2009 a 2015.

El modelo de nacionalización de lucha contra las drogas ha reducido no solo la incidencia de consumo, como quedó demostrado anteriormente, sino que ha devuelto al país la dignidad que en anteriores gobiernos se traducía en un intervencionismo nefasto que provocó la violación de derechos humanos con el lamentable saldo de al menos 60 muertes, más de 700 heridos y decenas de desaparecidos, sin mencionar el daño al medio ambiente.

La estrategia represiva de “guerra” contra las drogas ha fracasado, mientras el modelo boliviano de lucha conjunta contra las drogas ha conseguido logros hasta ahora insuperados. Este contexto abre la posibilidad de un nuevo debate en cuanto a las alternativas para enfrentar ese flagelo y el modelo boliviano puede constituirse en un referente. Es hora de unir esfuerzos para consolidar lo avanzado.

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