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La propuesta peruana de Charaña doblaba la costa para Bolivia

Solo una vez en la historia se aplicó el artículo primero del Protocolo Complementario del Tratado de Lima, durante las negociaciones de Charaña en los años 70 del siglo pasado. Perú, al ser consultado por Chile, posiblemente excedió sus atribuciones y, en lugar de consentir o negar, presentó otra fórmula de solución.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:06 / 12 de julio de 2015

El Perú se pronunció de manera favorable a Bolivia en relación al enclaustramiento marítimo en la Declaración de Isla Esteves firmada con el país el 23 de junio en Puno. En realidad, Perú expresó que comprende el problema boliviano y que no será un obstáculo en una futura solución definitiva una veintena de veces. Sin embargo, solo una vez en la historia, durante las negociaciones de Charaña en los 70, se aplicó el artículo 1 del Protocolo Complementario del Tratado de Lima de 1929 que estipula que si Chile cedería territorios que fueron peruanos a una tercera potencia, debería consultar con Lima. Aquella vez, el Perú propuso una fórmula distinta a la que Chile puso en su consideración, la cual incluía que la línea costera boliviana, que habría sido de 8 kilómetros se amplíe a 16.

¿Cuál fue en específico la propuesta peruana que pareció a Chile inaceptable y que llevó, entre otras variables, a que Charaña fracase? A continuación se hace una descripción de la contrapropuesta peruana a la fórmula que Bolivia negoció con Chile, todo en base a la Historia diplomática de Bolivia de Jorge Escobari Cusicanqui.

La proposición chilena fue aceptada por Bolivia solo como “base de la negociación”, no más. Algunos acápites de la fórmula chilena eran excesivos. En efecto, fueron tres los puntos objetados: el desvío total del río Lauca hacia Chile, la desmilitarización boliviana en el corredor y la compensación territorial por parte de Bolivia a cambio de las 200 millas de mar frente al corredor. Chile cedería a Bolivia un corredor colindante a la Línea de la Concordia, al norte de Arica, de 8 kilómetros de costa.

En aplicación al Protocolo Complementario del Tratado de Lima, Chile consultó al Perú si aceptaba lo que Bolivia aceptó como “base de la negociación”.

El 31 de diciembre de 1975, Perú respondió a Chile que para pronunciarse debía conocer primero de manera completa los documentos de la negociación entre Bolivia y Chile. Lima constituyó una comisión especial para el estudio del planteamiento encabezada por José Luis Bustamante y Rivero; no obstante, las declaraciones del embajador peruano en Bolivia, Jorge Llosa Pautrat, no eran auspiciosas: “Tacna y Arica constituyen una sola región” y un “corredor crearía un nuevo factor que afectaría la totalidad de la región”. Asimismo, ese momento de la consulta hizo notar que Perú tenía “derechos específicos” sobre la región puesta en la mesa de negociación.

Una vez que Chile facilitó la documentación solicitada, Perú le sugirió la creación de una comisión con delegados de cada país. Los delegados (el secretario general de la Cancillería peruana, Luis Marchand, y el excanciller chileno Julio Philippi) se reunieron de manera secreta dos veces: una, entre el 20 y 23 de abril de 1976 en Lima, y, otra, entre el 5 y 9 de julio de 1976 en Santiago.

Según el autor de la Historia Diplomática de Bolivia, de esas reuniones solo trascendieron comunicados de orden protocolar en que se expresan términos de “franqueza y cordialidad”, es decir que no se sabe nada de relevancia sobre el contenido de lo que se habló en ellas.

La tercera reunión, planeada para el 15 de noviembre en Lima, se suspendió por excusas de la parte chilena, aduciendo problemas de salud de Philippi. Ante este estancamiento unilateral, el peruano Marchand decidió ir a Santiago un mes después y sin aviso, el 18 de diciembre, a presentar al canciller chileno la “posición peruana”; la cual en realidad más que una “posición” era una nueva propuesta que modificaba el plan negociado por Bolivia y Chile.

La propuesta peruana básicamente consistía en una cesión para Bolivia de una zona que vaya de la Línea de la Concordia al sur hasta la carretera panamericana; inmediatamente después del corredor, al sur hasta la costa y desde la Línea de la Concordia hasta el casco norte de la ciudad de Arica, debía establecerse una zona trinacional; la administración del puerto de Arica debía ser trinacional; en el área de soberanía compartida, Bolivia podría construir un puerto de soberanía exclusiva; se reconocería a Bolivia la soberanía absoluta sobre el mar contiguo al litoral bajo soberanía compartida; entre otros puntos.

Chile consideró esto inaceptable porque significaba que el Perú avanzaba al sur más allá de la Línea de la Concordia mediante su propuesta de internacionalizar la zona. “La sugerencia peruana no se ajusta ni a la consulta precisa de Chile, ni a las disposiciones del Tratado de 1929”, dice el informe de los delegados chilenos Philippi y Enrique Bernstein.

El Perú excedió las atribuciones que le da el Protocolo Complementario del Tratado de Lima, empero, lo que en realidad molestó a Chile fue que su planteamiento disponía la modificación de la soberanía de territorios que ya habían sido definidos en 1929 como chilenos. Chile ofreció soberanamente a Bolivia parte de su territorio —consideró Santiago—, pero nunca se habló de que Perú tenga que formar parte de la fórmula más allá del consentimiento que debía dar o negar.

Sin embargo, es interesante que la propuesta chilena de Charaña daba una línea costera a Bolivia de 8 km, mientras que la propuesta peruana (más allá de que a Perú no corresponde hacer propuestas) era de 16, de modo que el corredor llegaba al casco norte de Arica y por tanto al puerto, lo que le hubiese dado al país llegada por territorios soberanos al actual puerto de esa población, el cual habría tenido una administración trinacional.

La propuesta peruana inviabilizó Charaña, eso es claro; no obstante, hay que rescatar que Perú habló de alternativas. Si bien la respuesta peruana fue del todo negativa para el arribo a un acuerdo Bolivia-Chile, no fue tan categóricamente negativa como la del canciller peruano Melitón Porras en 1920. Ahora daba alternativas que no negaban el corredor, sino que —aunque no tenía competencia para ello— modificaban su forma. En 1920, Melitón Porras dijo no de modo terminante: “El Perú está dispuesto a no ceder sus derechos sobre las provincias irredentas en favor de Bolivia o de cualquier otro país ni a escuchar siquiera proposición alguna al respecto”. En 1975-1976 eso cambió. En verdad Perú, al menos en lo declarativo, siempre tuvo una posición abierta y nunca más en la historia sostuvo lo señalado por Porras en 1920.

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