Animal Político

Las proyecciones electorales

Si las elecciones fuesen este domingo...

La Razón / La Paz

00:00 / 19 de agosto de 2012

Carlos Hugo Molina

Cuando sólo faltan dos años y medio, y la palabra “sólo” está cargada con toda la ironía, se está desarrollando una muy complicada dinámica electoral. ¿Cuál la razón para adelantarse tanto en el entusiasmo que define candidatos y busca los votos ciudadanos desde ahora?

En política, las improvisaciones y los improntus tienen consecuencias previsibles, por lo que no resulta ingenuo analizar las razones para este prematuro adelantamiento. Convengamos que una campaña electoral tiene sus exigencias en organización y recursos, y los músculos de movilizaciones y gastos para sostenerlas suponen una planificación estratégica.

Contrariamente a los acuerdos políticos que encaminaron la aprobación de la Constitución Política y que señalaban expresamente que el periodo presidencial iniciado en enero de 2006 se reconocía como válido para la prohibición constitucional que sólo hay una reelección consecutiva, el Movimiento Al Socialismo (MAS) ha ido preparando el ambiente para la designación del presidente Evo Morales a un tercer periodo. Todo hace suponer que el MAS buscará la habilitación de su candidato más allá de las consecuencias jurídicas, y si la llave se encuentra en una consulta al Tribunal Constitucional, más de uno da por descontado el resultado favorable si se considera la conformación del órgano y las dudas sobre la transparencia de la selección y los resultados de la elección posterior.

La pregunta parece lógica: ¿es Evo la única carta que tiene el MAS para mantener la unidad y la coherencia de su acción política? La respuesta se expresa obvia, como la diferencia de enfoque del posible candidato con Mandela o Lula, por ejemplo, que honraron sus compromisos estando en la cúspide política de popularidad, y se resistieron a la reelección.

En el frente, existen varias veredas más allá del generoso número de candidatos que seguro aparecerán; hay dos espacios ideológicos que buscarán ser llenados: el que corresponde al llamado “reencauce del proceso” (una suerte de cambio sin Evo), y el que plantea la oposición radical ya no a muchos de los cambios que son parte de la democracia boliviana, pero sí al enfoque ideológico, el estilo y la manera de actuar de los actuales gobernantes.

Las encuestas que se conocen hasta ahora y que toman las tendencias de posibles candidatos repiten los nombres de Juan del Granado, Samuel Doria Medina, Carlos Mesa, y el caso de Rubén Costas que aparece en las encuestas cruceñas. Si las elecciones fuesen el domingo, tendríamos una baraja con esos hombres y con algunas definiciones previas.

Del Granado ha definido que su partido irá sólo, lejos de sus anteriores socios y con la misma distancia de la derecha y sus representantes, con la que no se muestra ni aparece en ningún acto. El Movimiento Sin Miedo (MSM) considera la existencia de una segunda vuelta en la que es posible ganarle al MAS aprovechando un descontento creciente de la propia gente del oficialismo y la necesidad democrática de no volver sobre la revisión del modelo neoliberal.

Doria Medina propone primarias, una suerte de solución a la venezolana que permita la reunión de todos los que no comparten con el MAS, para obligar así a una segunda vuelta que facilite definiciones democráticas de continuismo o reforma.

Mesa no se ha pronunciado como candidato, pero su nombre aparece a pesar de ello, y se lo ubica en un centro democrático con capacidad de aglutinar a sectores urbanos y de clase media que ya se expresaron durante su gobierno. Costas, en el ámbito de lo regional, por lo visto hasta ahora parece un actor que se sumaría a una propuesta electoral que recoja su liderazgo. Planteado en esos términos, estaríamos frente a un proceso electoral aburrido y sin cambios significativos.

El MAS apostaría a reeditar sus crecientes triunfos electorales de 2005 y 2009, revirtiendo los errores del gasolinazo, la confrontación con los pueblos indígenas del oriente, el Chaco y la Amazonía, la corrupción, el narcotráfico creciente y la ineficacia de la gestión de las empresas públicas que ha creado. Los éxitos en la macroeconomía y los cambios radicales en favor de los movimientos sociales serían su carta de presentación.

Todos los demás candidatos tendrían que enfrentarse a un discurso y acción administrados desde el poder, el cual tiene la posibilidad de inhabilitarlos por causas judiciales en curso y otras que pudieran aparecer de la febril y creativa imaginación que tritura a los adversarios.

En este escenario, ¿puede haber alguna variable de ajuste político, diferente a las líneas argumentales que se reiteran hasta ahora? Aparecen tres de dimensiones no evaluables en su total dimensión, todavía, y que pueden influir en la dinámica política electoral.

La primera tiene que ver con el descuido soberbio que el Gobierno ha asumido en sus relaciones internacionales. Ha perdido grandes aliados y ha logrado el dificultoso resultado de encerrar a Bolivia, nuevamente, entre sus montañas y los ríos de la Amazonía, cuando tenía sobre sí el prejuicio positivo de un mundo que necesitaba un presidente indígena para curarse de 500 años, y que le daba a la chompa rayada, la calidad de atuendo para entrevistarse con los reyes.

La segunda está ligada a la vulnerabilidad de las relaciones internas en materia de seguridad jurídica, desarrollo económico y producción de cocaína; la combinación puede tener efectos complicados.

Y la tercera, que no se la asume en su dimensión, es la constitución de una Bolivia territorial que, más allá de las simpatías o desencuentros ideológicos, empezará a interpelar al modelo político de gestión central, con la aprobación de leyes departamentales y municipales. Las bases del Estado federal han sido reconocidas por la nueva Constitución, expresadas en el autogobierno, autodeterminación y autonomías territoriales que se consolidarán poco a poco y para las cuales el modelo de centralismo sindical que administra el Presidente, no son admisibles. El telón de fondo sería una economía que todavía soporta ensayos sin más costo-beneficio que las victorias electorales en sí mismas.

El arduo camino hacia 2014

María Teresa Zegada

A pesar de que faltan más de dos años para las elecciones nacionales, el escenario político ha comenzado a electoralizarse. Para evaluar la situación de las organizaciones políticas hacia 2014, consideraremos algunos criterios que permitan, de alguna manera, proyectar sus posibilidades electorales. Entre ellos están, el afianzamiento del liderazgo, las características de la estructura organizativa, el estado de sus propuestas ideológicas y planteamientos políticos, y, por último, la capacidad de interpelación a la sociedad mediante discursos o acciones estratégicas que se perfilen en una votación favorable. Otra variable importante, pero que es imposible evaluar en este momento, es la capacidad de generar acuerdos políticos preelectorales, dada la incorporación en la nueva Constitución Política del Estado (CPE) de la segunda vuelta electoral.

En el caso del Movimiento Al Socialismo (MAS), ya se realizó el lanzamiento oficial de la candidatura de Evo Morales  —líder indiscutible y con peso propio— a las futuras elecciones en un ampliado nacional del partido realizado a principios de agosto en Sucre y, a pesar de que él mismo consideró una decisión prematura, paralelamente se inició un proceso de reinscripción de militantes y se dio curso a la campaña electoral, como afirmaron las dirigentes de las Bartolinas (mujeres campesinas). Como sabemos, Morales cuenta con un importante respaldo ciudadano reflejado en un voto duro que puede potenciarse hacia 2014 por su ubicación en el poder, incluso, en cierto modo, el Estado reemplaza las falencias organizativas. El problema aún no resuelto en el caso del MAS está en su habilitación constitucional a una segunda reelección, pues, como todos sabemos, si bien desde ahora rige la elección continua por una sola vez, la disposición transitoria I, inciso II, señala con claridad: “Los mandatos anteriores a la vigencia de esta Constitución serán tomados en cuenta a los efectos del cómputo de los nuevos periodos de funciones”.

En el caso del Movimiento Sin Miedo (MSM), este partido realizó recientemente el lanzamiento de su tesis política señalando que constituye un frente que “sustituirá” al MAS. De hecho, se adscribe a la defensa del proceso de cambio, pero critica radicalmente la conducción política y económica del Gobierno, y demanda su reconducción. El MSM, al parecer, tiene resueltos algunos temas estratégicos, por ejemplo, un liderazgo consolidado, una estructura organizativa que fue sometida a un proceso de institucionalización, así como sus planeamientos ideológicos, identidad y propuesta al país. Su gran debilidad reside en su expansión a nivel nacional, ya que su voto duro se concentra básicamente en La Paz, y de manera muy puntual en otras zonas del occidente; aún está pendiente su incursión al oriente del país. Tampoco están claros los sectores sociales que lo respaldan. Por último, por lo que se ha percibido hasta el momento, este partido no considera posibles acuerdos o alianzas con otros partidos de oposición por las distancias ideológicas que los separan. En la misma línea de apoyo al proceso de cambio, pero de crítica contundente al Gobierno, se perfila un nuevo partido: Integración para el Cambio, liderado por el exministro de educación Félix Patzi, quien propone el denominado “tercer sistema” —ni capitalismo ni socialismo, sino una opción comunitarista—, aunque su presencia es aún germinal. Asimismo, un importante grupo de disidentes del MAS, el líder indígena Felipe Quispe (el Mallku) y el propio René Joaquino pretenden organizar alternativas políticas para las elecciones que le disputen el voto al MAS, basándose en fuertes cuestionamientos  a la gestión actual, que sobre todo provienen del incumplimiento a las expectativas de cambio.

Por su parte, Unidad Nacional (UN), que está cerca de cumplir diez años de vida, mantiene un liderazgo consolidado y una estructura partidaria pequeña, pero sostenible en el tiempo. Cuenta con un programa de gobierno y una propuesta al país, pero su principal y reiterada debilidad reside en la escasa interpelación al electorado. Ha participado en distintos comicios, pero su votación nacional ha sido menor al 10%. Ha manifestado en varias ocasiones su voluntad de conformar alianzas para enfrentar al MAS y unificar a lo oposición, incluso renunciando a su propia candidatura para 2014. Probablemente respondiendo a esa lógica, ha iniciado una política de acercamiento a líderes externos al partido, perfilando posibles alianzas, por ejemplo, con el actual alcalde de Sucre, el exgobernador del Beni Ernesto Suárez, el gobernador Rubén Costas y otros, para así romper con su propia frontera electoral.

La agrupación política Poder Democrático y Social (Podemos), principal fuerza de oposición en la primera gestión de Morales, dio lugar a varias tendencias y organizaciones como la alianza Plan Progreso para Bolivia-Convergencia Nacional (PPB-CN), con que llegaron al parlamento en 2009; Consenso Popular (CP), liderada por Óscar Ortiz, y otras como Nuevo Poder Ciudadano, liderizado por Germán Antelo y Centa Rek, entre otros. Actualmente, este conjunto de fuerzas políticas derivadas tiene muchas debilidades: su alta fragmentación y dispersión, la ausencia de liderazgos cohesionadores, una posición política reactiva y descalificadora, pero poco propositiva.

Una tendencia parecida, pero sostenida sobre una identidad fuertemente regionalista y autonómica, se expresa en la agrupación Verdad y Democracia Social (Verdes), liderada por Rubén Costas, con intenciones de convertirse en un partido nacional. Su debilidad es que están fuertemente limitados a las fronteras departamentales. En un horizonte descentralizador parecido, ha surgido la iniciativa Fuerza Republicana Federal, conformada por seguidores de Manfred Reyes Villa. En ambos casos, su principal fortaleza está en el liderazgo, aunque al menos por ahora, carecen completamente de los otros factores.

A pesar de lo prematuro que en realidad es este momento político para hablar del tema, resulta relevante evaluar el estado de la cuestión y las posibilidades de los partidos, y las orientaciones del sistema representativo.

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