Animal Político

Dos puñetazos al liberalismo

El histórico altercado entre Busch y Arguedas en las distintas lecturas de los escritores.

La Razón (Edición Impresa) / Grecia Gonzales es periodista

07:00 / 08 de agosto de 2018

En medio de un gélido invierno de agosto, hace 80 años, el jueves 4, en Palacio Quemado se reunieron dos personajes que encarnaron corrientes ideológicas opuestas: el presidente Germán Busch, que defendió al nacionalismo, y el escritor Alcides Arguedas, que apoyó al liberalismo. Ese encuentro culminó en una golpiza, que aún hoy genera polémica.

Busch (1904-1939), quien fue héroe de la Guerra del Chaco, asumió la presidencia a sus 33 años. La Ley General del Trabajo, el Código de Educación, la primera Constitución Social y el decreto de entrega del 100% de divisas al Banco Central fueron algunas medidas progresistas que inmortalizaron al apodado Camba macho, quien, con una bala en la sien, murió en pleno mandato presidencial.

Arguedas (1879-1946), por su parte, fue uno de los intelectuales más reconocidos de la primera mitad del siglo XX. Pisagua, Wata-Wara, Raza de bronce, Pueblo enfermo, La plebe en acción e Historia de Bolivia —trabajo auspiciado por Simón Iturri Patiño— fueron algunas obras que lo encumbraron como literato e historiador.

Fue elegido jefe del Partido Liberal en 1940. Murió de leucemia en Chulumani.

Hoy, Busch es reconocido como “precursor de la revolución nacional”, mientras que Arguedas es destacado por su pluma.

Bajo el gobierno de Busch (1937-1939) se libró una pugna exacerbada entre nacionalistas y liberales, que fue azuzada por ‘cartas abiertas’ escritas por Arguedas.

En su obra Historia del periodismo, Eduardo Ocampo aclara que el autor de Pueblo enfermo publicó una primera carta el 20 de agosto de 1937, en la que criticó la ruptura política de Busch con el exmandatario David Toro, el fracaso de la Guerra del Chaco “originado por la incapacidad de los técnicos (…) en la conducción de las operaciones bélicas” y la demora en “constitucionalizar” el país.

En la segunda misiva, difundida el 4 de agosto de 1938, se refirió de forma “despectiva” hacia la “casta de excombatientes del Chaco” y denunció la “repartija” de dineros sobrantes entre los ministros. “Posiblemente, esa ingrata reminiscencia alteró los nervios del dictador, quien mediante un edecán hizo comparecer a Arguedas al despacho presidencial —cerca de las cuatro de la tarde de ese mismo día— y sin mayores circunloquios le increpó duramente por esos escritos insertos en El Diario”. Luego de una breve discusión, el Camba macho lo agarró de la solapa y “le ensangrentó el rostro a puñadas”, añade Ocampo.

El periódico La Razón de entonces publicó la versión de Arguedas el 5, 6 y 7 de mayo de 1947, un año después de su muerte: “La indignación me hizo ser brusco.

Tiré de la silla y me senté (…) ¡Es usted un canalla!, me sopló con voz fuerte (…) El insulto bajo y cobarde me sublevó. E irguiéndome sobre la silla, repuse con vehemencia: Y usted es…”

Luego, contó los detalles de la agresión: “Entonces llegó a mí y con gesto rápido me cogió de la solapa, me atrajo hacia él y me dio un golpe violento sobre la ceja derecha con la mano cerrada y armada de un enorme anillo de oro. Repitió el golpe sobre el otro lado de la cara. Brotó la sangre a chorros por la ceja abierta, la nariz y la boca”.

Para evitar un escándalo público, mediante un ucase (mandato tajante, edicto) el Departamento de Propaganda del régimen notificó a los medios evitar “todo género de publicaciones que afecten el prestigio del Gobierno, a la honorabilidad de sus personeros, al orden social y a la tranquilidad del país”.

A pesar de las restricciones impuestas, el 24 de agosto de 1938 el matutino El País expresó su desacuerdo por la falta de respeto al “valor de las ideas” y, entre líneas, respaldó al escritor en el artículo El periodismo y la amenaza.

A su turno, Arguedas comunicó lo ocurrido, mediante una carta, el 10 de agosto de 1938, al entonces presidente de Colombia, Eduardo Santos, con el fin de generar apoyo internacional.

Empero, existen otras versiones sobre lo ocurrido. Augusto Céspedes, en su texto El dictador suicida, aclaró que “Arguedas, confiado en su respetabilidad, se demostró despectivo e insolente ante el cadete, pero éste echó a un lado el sillón presidencial y le dio dos golpes, bañándolo en sangre”. Agregó que Busch manifestó “sincero arrepentimiento” y reconoció la “indignidad de su acto”, pese a la “vaguedad e imprecisión de lo expuesto” en las dos misivas.

A su vez, el intelectual Augusto Guzmán puntualizó que el Presidente convocó a Arguedas, el 4 de agosto, con el único fin de “rectificar” la “apócrifa información” publicada en El Diario. En ese marco, al recibir como respuesta “¡yo no rectifico nada!”, Busch “se enfureció y le dio un moquete”. Ese incidente fue destacado por Mariano Baptista en su obra Mis hazañas son mis libros. Vida y obra de Augusto Guzmán.

Al parecer, los “puñetazos” de Busch contra Arguedas, en el fondo, expresaron la aguda lucha entre nacionalistas y liberales en el periodo de la posguerra.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia