Animal Político

‘Les puse mi cabeza para morir de una vez’

Testimonio de cautivos de las FARC

La Razón / Andrea Peña

00:00 / 08 de abril de 2012

Lo que contaron los seis policías y cuatro militares que estuvieron secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) por más de una década era como el infierno de Dante en la selva colombiana. “Estuvimos encadenados por largos ocho años y yo creo que, es más, encadenados por parejas las 24 horas al día. En ocasiones estuvimos encadenados de los pies y en ocasiones de las manos. Las FARC siempre mantuvieron la idea de que en caso de un rescate, el lema era que ‘vivos no se los llevan’”.

Así recuerda los momentos más dolorosos de su cautiverio el sargento del Ejército Luis Arturo Arcia, secuestrado desde el 1 de marzo de 1998 y liberado el lunes. Él y sus otros tres compañeros del Ejército ofrecieron el martes por la tarde una rueda de prensa en Bogotá, en la que sus familias y decenas de periodistas nacionales y extranjeros escucharon, casi en absoluto silencio, los dramáticos relatos.

Colombia ha oído decenas de veces hitorias impresionantes de los que regresan de la selva, pero cada vez que hay un liberado es imposible no conmoverse con lo que han vivido en cautiverio. Por ejemplo, el sargento de la Policía José Libardo Forero, quien permaneció secuestrado durante 13 años, habló en otra conferencia de prensa de su intento fallido de fugarse con el intendente Jorge Trujillo hace unos años. Dice que en un descuido de los custodios de las FARC, lograron huir. Recordaron sus tiempos en el Ejército e intentaron hacer una brújula con una aguja, una cuchara y agua para ubicar el río Guaviare, pues no tenían idea de dónde estaban parados.

Caminaban durante el día, pero por la noche se desubicaban fácilmente, pues, en la selva, los árboles son muy altos y frondosos, y tapan la luz de la luna. Da lo mismo abrir o cerrar los ojos. “Metimos una luciérnaga en un vaso con agua para que nos alumbrara el camino por las noches... y la agitábamos cuando se apagaba”, cuenta con cierto aire de ingenio el policía.

La suerte los había acompañado durante varios días, pero el día 25 el mundo se vino abajo. “Unos campesinitos nos dieron comida y ahí llegó la guerrilla, yo la verdad esperaba un tiro. Les puse mi cabeza para que me mataran de una vez. Gracias  a mi Dios no pasó, pero yo les dije que no nos humillaran”, contó Forero.

En el tiempo horrible que pasaron presos, de todos modos, encontraron curiosas vías de evasión, como la compañía de un pequeño marrano selvático. En las imágenes de televisión, cuando se bajó del helicóptero en Villavicencio, el sargento Forero apareció con un animal que caminaba a su lado. Era el mencionado cerdo silvestre. “Un saíno”, le dicen los secuestrados. Se lo regaló con instrucciones para cuidarlo a Alan Jara, actual gobernador del departamento del Meta, exsecuestrado por las FARC con el que compartió cautiverio, pero libre desde 2009. “En la cautividad y en esa situación, hay muchas cosas que lo ayudan a uno a quitar el estrés, y a llevar el tiempo sin contar los días, ni las horas. El animal se llama Josefo, es un marrano salvaje, veníamos en una marcha y encontramos varios de esos... una guerrillera me dijo que si quería llevármelo, y yo dije que sí”. Relató que al principio el animal le mordió la frente por intentar acariciarlo.

Varios coinciden en que el día más doloroso fue el 26 de noviembre de 2011, cuando en un intento de acercamiento del Ejército a un campamento guerrillero, donde había cuatro secuestrados (los militares José Libio Martínez, Álvaro Moreno, Edgar Duarte y Elkin Hernández), la guerrilla los mató a todos. “Ese día estuvo jugando mi Santa Fe (equipo de fútbol), prendí el radio cuando dieron la noticia de que en la mañana habían asesinado a nuestros hermanos. Para nosotros fue muy duro, sobre todo porque llevaban 12, 13 o 14 años esperando la tan anhelada  libertad”, dijo Arcia.

Pero el paso del tiempo no sólo dejó huellas imborrables en los cautivos. También en las FARC. Según los recién liberados, ya no es la guerrilla fuerte y numerosa de antes. El sargento de la Policía César Augusto Lasso dice: “En el comienzo del cautiverio había una guerrilla fuerte que mostraba resultado, por eso estábamos en cautiverio. Pero ahora ellos no pueden escuchar un avión (del Ejército), porque ese es el pánico total. Está debilitada, aunque no está derrotada”.

Liberación insuficiente

La liberación, tras más de una década de cautiverio, de los últimos diez policías y militares secuestrados por las FARC constituye un paso en la buena dirección, como ha señalado el presidente Juan Manuel Santos, quien, sin embargo, la consideró “insuficiente” para iniciar el proceso de paz que pide el grupo narcoguerrillero. Y efectivamente, lo es cuando todavía varios centenares de civiles permanecen en manos de las FARC. El grupo armado debe liberar a todos sus rehenes y renunciar a otras formas de violencia.

En febrero, el dirigente de las FARC Rodrigo Londoño, alias Timochenko, anunció que su grupo dejaría de secuestrar a miembros de las fuerzas de seguridad para pedir rescates, lo que no significa abandonar los objetivos políticos y económicos en la toma de rehenes civiles. La demanda de apertura de negociaciones de paz, el compromiso de no secuestrar a miembros de las fuerzas de seguridad y la puesta en libertad de estos últimos prisionesros reflejan una cierta debilidad de las FARC, que, sin embargo, conservan una gran capacidad de hacer daño. Sus operaciones se han vuelto más puntuales que de ocupación de territorio.

En parte, esta situación responde también al éxito de la nueva estrategia del Gobierno de no intentar grandes y espectaculares operaciones para detener o matar a los líderes, sino acosar a los mandos intermedios para dificultar así las comunicaciones entre las decenas de unidades que componen hoy las FARC, y debilitarlas limitando su capacidad operativa y logística.

Colombia ha hecho grandes progresos en la lucha contra la inseguridad ciudadana, pero necesita dejar atrás de una vez por todas esta violenta insurrección vieja ya de casi medio siglo. Es un país con un gran futuro. Las FARC, en cambio, no tienen ninguno. Editorial de El País del 4 de abril.

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